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ENTRE TÚ Y YO

Sensaciones

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 10 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

           Este es mi artículo número cien. Suficiente para ser consciente de repetirme, de girar sobre los mismos temas, de implicarme dentro de mi interior con demasiada frecuencia. Pero esto no es culpa de la rutina semanal, tampoco de ir a lo fácil y conocido y de no arriesgar más de lo que puedo y debo. Siempre la misma duda cuando me siento delante del ordenador. Cuestiono todo lo que hago y termino poniendo en peligro la forma de gestionar lo que escribo: frases que no se han resuelto, que podrían decir algo y sin embargo las elimino, dando vueltas hasta que considero un trabajo sensato, tan duro como satisfactorio. Un desafío a la soledad, a la paciencia y a la necesidad de querer decir algo.

 

          Pese a todo, he conseguido escribir con disciplina durante dos años sobre temas diarios de la vida, viajes, ficciones, y mucho del mundo interior. Sin producirme cansancio he llegado a exprimir sensaciones que no hubiera imaginado, que estaban ahí como esperando salir; un recorrido por las emociones y sentimientos que pueblan la mente, porque el pensamiento individual, mío, solitario lo he puesto al servicio de mis lectores, en ese intercambio de opiniones, de coincidencias y también de sugerencias que nos mantienen unidos.

 

         He oído que tener sensaciones es propio de las personas sensibles, que piensan todo lo que hacen, llevan muy en cuenta a los demás y perciben como propias sus reacciones. ¿Por qué?, no tiene explicación, es algo que se vive sin buscar una respuesta, que tiene que ver con un carácter participativo, donde los demás cuentan mucho, se les tiene presente y es una forma de hacer lo que te gustaría recibir de los otros: correspondencia, cercanía y, como no, respeto hacia la persona que está ahí, de alguna manera.

 

        Sabéis que soy una enamorada del ser humano. Me gusta mucho hacer comparaciones sobre nuestros comportamientos, cuando nos movemos socialmente, cuando entramos en relaciones diarias que no se trabajan y quedan estancadas, inmovilizadas sin ir más lejos, o cuando simplemente aparece esa llamada de alerta o flechazo, que supera todo lo anterior. Así surgen el compañerismo en el trabajo, la amistad, el amor, pero también un nuevo orden que nos conduce hacia un bienestar que aleja la soledad en la que nos desenvolvemos día a día. Sí, la soledad que se siente aún rodeado de gente, sin motivo y todo en su lugar. No hay que quitar importancia a los estados de ánimo, fácilmente nos cambian el buen ritmo que llevamos en la vida, con sus carencias y sus tonterías. Pero somos así, conflictivos cuando no sabemos manejar una autocrítica sensata que nos quite los humos extraños que nos llegan.

 

       Me viene a la memoria cuando éramos niños y jugábamos en casa de la tía de una amiga, muy vieja (entonces todos nos parecían viejos) y muy rancia que vivía sola. La casa era oscura y lúgubre, destilaba una penumbra mortecina que ayudaba a crear una atmósfera perfecta para nosotros. En la planta baja, en el centro, en un espacio abierto al resto de la casa, había una chimenea muy grande, muy negra por fuera, con el fuego siempre crepitante en invierno que completaba esa sensación de misterio que tanto nos atraía. De ese espacio arrancaban unas escaleras con cuadros horrorosos colgados de las paredes sucias, que nos encogían de miedo. Subíamos y bajábamos con toda libertad, jugando a escondernos por las habitaciones que estaban llenas de muebles destartalados y libros amontonados por todas partes. La señora era amable, y nos daba pan con chocolate para merendar y permiso para correr por el patio con el consiguiente peligro de que alguien cayera a la acequia que formaba parte del espacio exterior. Un sitio perfecto para desarrollar unas sensaciones que estaban al límite entre el morbo que suponía acceder a situaciones de espanto y divertimento juntos.

 

       Y es que infancia es una etapa perfecta para recrear mundos imaginarios y reales que duran a lo largo de la vida. Estímulos que se recogen en la conciencia con ayuda de los sentidos y quedan grabados para siempre, como únicos supervivientes de una memoria que olvida tantas cosas… Un legado que hemos percibido a través de lo que vivimos en una etapa oscura o clara, pero en la que había belleza, porque todo era nuevo.     

 

¡¡Hasta la semana que viene!!

 

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