
“El impuesto debe salir de lo superfluo, no de lo necesario”; Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744).
He utilizado en el título que antecede la conjunción copulativa “y” por entender que, para la efectiva existencia de las libertades individuales de los ciudadanos y la organización adecuada de una sociedad democrática, es precisa la existencia de un Estado moderno; sin cuyas competencias, servicios e instituciones, es quimérica la proclamación de derecho o libertad alguna.
Dicho de otro modo: la existencia de la Ley y su efectivo cumplimiento, interesa más al débil, pobre y vulnerable; que al fuerte, rico y poderosos que, precisamente por eso, tiene otros instrumentos a su alcance. No parece necesario justificar con datos económicos y sociales que unos adecuados servicios públicos en sede de educación, sanidad, justicia y seguridad, son imprescindibles para la calidad de vida y oportunidades de los ciudadanos; y éstos son imposibles sin una adecuada recaudación tributaria.
Es por eso que, a mi juicio, no puede existir libertad sin recursos suficientes aportados por los ciudadanos y empresas vía impuestos al Estado; quien ha de aplicarlos precisamente en todos aquellos cometidos que justifican su existencia, con un exquisito cuidado en el gasto e inversión del dinero recaudado.
Más allá de los expertos suele ser muy limitado, por no decir inexistente o deformado, el conocimiento de los ciudadanos sobre las características reales del Sistema Tributario al que contribuyen y del que esperan (no siempre con confianza) una correcta aplicación del gasto público.
Afortunadamente les puedo traer noticia de un interesante, controvertido y ameno libro (gran cualidad tratándose de un tema tan árido y técnico), titulado: “Impuestos o libertad” (Editorial Gaveta, 2022) de Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer (1956), reconocido experto fiscal, licenciado en económicas, fue Técnico Auditor del Estado, Inspector de Hacienda y Director General de la Agencia Estatal de Administración Tributaria.
![[Img #91578]](https://murciaeconomia.com/upload/images/06_2022/309_1.jpg)
La obra de 382 páginas, nace como reconoce el propio autor (página 21) desde una premisa básica, cual es: “… la disyuntiva existente entre los impuestos y la libertad… el aumento de los primeros constituye una reducción de la segunda y que, recíprocamente, la disminución de aquellos supone una devolución a los individuos de parte de su libertad previamente hurtada”.
Y a lo largo de la exposición hace un repaso pormenorizado, con una gran aportación de datos muy bien explicados, de aspectos como:
1º.- El cumplimiento por nuestro Sistema Tributario de los principios constituciones (artículo 31.1 Constitución Española). Con un balance muy deficiente por diversas razones expuestas por el autor, entre las que me atrevo a destacar: “actual proliferación de los innumerables costes indirectos que recaen sobre el contribuyente español para cumplir sus obligaciones tributarias”. Así como el déficit público sistemático en la ejecución anual del presupuesto (con una media de 4,48% en la serie histórica que va desde 1982 a 2020; y en la cual solo los años 2005 a 2007 cerraron con superávit). Con una circunstancia significativa que nos cita el autor: “nuestros gobiernos de izquierda finalizaron su mandato con un déficit público superior al que recibieron. Por el contrario, los gobiernos de derecha redujeron el déficit durante el suyo”.
2º.- El relato, más bien negativo, de cómo se aplica en la realidad dicho sistema (la “hernia fiscal” en palabras del autor); con una referencia muy destacada de varios casos reales de esa “hernia fiscal”, incluida la experiencia del propio Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer. Con significativos calificativos, entre otros, que el autor considera más que probados de: complejidad, severidad, inferioridad y desigualdad (del contribuyente) o agresividad (por Hacienda).
3º.- El nivel de presión fiscal existente en España y la importancia, como elemento comparativo con los países democráticos, de la figura del “esfuerzo fiscal”. Es decir: “la presión fiscal no es un indicador óptimo para medir el sacrificio que supone el pago de impuestos a un individuo o a un conjunto de individuos porque en su formulación no se tiene en cuenta una variable fundamental: el nivel de renta individual o grupal”.
4º.- Para concluir con el análisis de dos temas de gran actualidad, a saber: a) la propuesta de los partidos que sustentan el Gobierno actual de “armonización fiscal” o el recorte de la autonomía tributaria de las Comunidades Autónomas (excepto País Vasco y Navarra); y, b) el informe del Comité de Expertos para la reforma de nuestro Sistema Tributario, designado por la Ministra de Hacienda (con una propuesta de subida de impuestos hasta 17.740 millones; con incremento de la tributación, entre otras operaciones, a la compra de gasoil, gasolina, gas y vehículos).
De todo ello, destaco una conclusión general del autor: “El resultado acumulado es que los españoles vemos restringida nuestra libertad individual por el conjunto de impuestos que nos detrae el fisco, que el diseño legal de detracción no cumple las directrices exigidas constitucionalmente y que, además, nuestro dinero nos es detraído con normas y prácticas poco edificantes que, en su conjunto, constituyen una auténtica hernia fiscal que sufrimos día a día”.
Mi opinión: discrepo del autor en la dicotomía o contradicción entre “libertad” e “impuestos” (aunque sólo sea didácticamente para generar debate); antes, al contrario, entiendo que sin impuestos es imposible el ejercicio de los derechos y libertades de la persona, dentro de una sociedad ordenada democráticamente que no está dispuesta a degradar la vida humana y condenar a los desfavorecidos y sus descendientes a la pobreza y exclusión.
Por eso creo que la formación pública (enseñanza escolar y opinión publicada en los diversos medios) ha de resaltar que sin un sistema tributario que dote al Estado de ingresos suficientes (por cierto, así lo impone la Constitución en su artículo 31.1, al hablar de “sostenimiento de los gastos públicos”) asistiremos sin paliativos al “fracaso del Estado”; y, cuando esto ocurre no hay libertad ni derecho alguno que prospere. Y para comprobarlo es suficiente con levantar la vista de nuestras diarias rutinas.
Por tanto, a mi juicio, es necesario pero improbable el doble debate: el diseño y aplicación real de un sistema tributario que responda a los principios constitucionales; y, el establecimiento de herramientas que permitan un gasto ordinario y extraordinario eficiente (sin despilfarros ni corrupción).
Y, para ello, me temo que es imprescindible un debate fiscal profundo en el seno de la sociedad española, que a mi juicio ha de implicar a partidos políticos, asociaciones, entidades y expertos, con el claro objetivo de renovar el pacto social necesario para mejorar el presente y proyectar un adecuado futuro; y, entre cuyos pilares ha de estar construir un sistema tributario suficiente y justo (haciendo realidad el diseño constitucional) que erradique impuestos extractivos y confiscatorios, normas tributarias de mala calidad técnica y peor redacción, prácticas y sistemas organizativos de las Administraciones Tributarias injustas y verdaderamente aniquiladoras de personas y empresas (sin reparación o rehabilitación alguna pese a ser absueltas por los Tribunales).
Y, también otro de los pilares ha de ser la aplicación de herramientas jurídicas en gasto público que pongan fin a los desgarros que supone conocer por fuentes oficiales (informe AIREF 2019) que España entrega anualmente 30.000 millones de euros en subvenciones, de los cuales, 14.000 millones sin el más mínimo control; o que los 1.152 millones de euros que anualmente recauda el Impuesto de Patrimonio que España mantiene (como excepción en Europa), supone el cincuenta por ciento (50%) del coste anual de todas las televisiones públicas (página 365).
Se que es una tarea casi utópica por los intereses partidistas e incentivos perversos claramente identificados para no acometer reformas auténticas que eliminarían o reducirían drásticamente la complejidad normativa, la prepotencia y abuso de la Administración, la elusión fiscal, el clientelismo y “amiguismo” del poder y el uso electoral de partidas de gasto.
Queridos lectores: impuestos sí y libertades también; en el seno de una sociedad que ha de revertir el triunfo de las diversas injusticias; como son, entre otras: la elusión de impuestos, la confiscación de rentas, el abuso de la Administración y la no reparación de errores por los servidores públicos.
Como dicen los catedráticos de economía de la Universidad de California, Berkeley, Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman (en su interesante libro “El triunfo de la injusticia” Editorial Penguin, enero de 2021, página 10): “Lo que hace prosperar a las comunidades no es una batalla campal sin restricciones, sino la cooperación y la acción colectiva. Sin impuestos no hay cooperación, ni prosperidad ni destino común; no hay ni tan siquiera una nación que necesite un presidente”.
Nuevamente les agradezco los “fotogramas” que hayan empleado en leerme, de los mil millones de oportunidades de las que disponen para entender el mundo. Y, si me permiten como despedida, les dejo dos retos para que no dejen de leer el libro que hoy les recomiendo:
I.- ¿Qué puesto ocupa España entre los países europeos en “esfuerzo fiscal” y cuál es la comparación con Alemania? Respuesta: páginas 300 y 305 del libro.
II.- ¿Es cierto que cuantas más actuaciones nocivas se realicen contra los contribuyentes, mayor retribución variable perciben los funcionarios de la Agencia Tributaria? Solución: páginas 208 y 209 del libro.

