
¿Por qué desertamos de la política? ¿Sería momento de hablar de ello? Puede que alguna vez resultase enriquecedor, pero, en estos momentos que nos ha tocado sufrir, para mí es muy necesario.
¿Cómo ha conseguido que exista este gran desinterés esta clase dominante y oligárquica? El por qué de su alejamiento de la realidad, de su olvidada percepción de la sociedad, de la rabia e incredulidad que producen sus acciones y la grandísima frustración que dejan en nosotros; una ira contenida ante actos inexplicables que nos dejan un sabor amargo, lleno de pena y resignación, de deshonor y duda. Nunca llegamos a comprender el por qué de estas acciones de fingida filantropía que nos perjudican a todos y siempre sin procurar el bien de los demás.
Por causa de este gobierno partitocrático, hemos dejado de lado el esfuerzo, la ilusión y la entrega; ya no hay pasión en cada instante, ya no vivimos con ganas, no saboreamos esos momentos: nos han secuestrado parte de nuestras vidas. Las conexiones esenciales de convivencia ahora son un enfrentamiento, una amenaza. Si no piensas como la mayoría, impuesta su opinión por obligación y repetición de los medios de “comunicación”, estas abocado al silencio, al olvido. Un globalismo con múltiples fisuras que ataca directamente el pensamiento crítico, fruto de tantos años de civilización, que nos hacía crecer con una mente libre.
Son cambios difíciles y momentos tóxicos, pandemias impuestas con un objetivo concreto, de diferencias múltiples con amenazante miedo; acontecimientos derivados de una arrogancia sin límites, de un mundo traicionado, inventado de nuevo sin identidad; son sus objetivos, obsesivos, sin eternidad.
Nuestra evolución se desvanece, sin memoria se dispersa. Los alquimistas actuales solo quieren convertir su oro.
Quizás y solo por nuestra voluntad, lucharemos por este mundo viejo, devastado y despertaremos hastiados sin renunciar a él. Sin retroceso, guardando la esencia de nuestra naturaleza eclipsada por ellos en fragmentos. Políticos incapaces de ver lo cotidiano, con una ambición devorada por su avaricia, son de una incompetencia asintomática, que creen que con una sonrisa nos regalan consuelo anónimo; siempre insatisfechos, de privilegios llenos, nos piden renunciar con docilidad a ser libres, con su sospechosa palabrería ardiente, nos regalan magnánimamente los vientos. Mundanos famosos colmados de beneficios, con una clientela dócil y consentida, ansiosa de recibir su premio, conformados en las migajas que despilfarran sus admirados protectores y subordinados a un pago tan doloroso como su inexistencia: “No tendrás nada y serás feliz”.
Tenemos que reivindicar nuestra propia existencia, sin refugio, luchando febrilmente con ruidosa obstinación contra el cambio que nos tienen preparado. Un proyecto de vida de decadencia de ingeniería social, despojados de alma, para convertirnos, con sutil destreza, en una uniformidad silenciosa sin escapatoria, sin blasfemias, reflejándonos unos en los otros, aislados, encerrados en nuestra propia contemplación sumisa, sin un mañana.

