
Siempre me he preguntado cómo pasa la peña en un pis pas del anonimato al estrellato, de innominados a celebrities, todo ello sin haber dado nunca un palo al agua, sin tener talento y sin ser una destacada eminencia del mundo científico, deportivo, artístico o cultural -supongo, eso sí, que deben ser otro tipo de ´artistas´-, lo digo sobre todo porque es muy sustancioso por la cantidad de ceros que añaden a su cuenta corriente estos nuevos profesionales cool que viven como reyezuelos.
Abundan entre los políticos – menos mal que hay honrosas excepciones- que andan arrogantes, hablan sentando cátedra cada vez que abren la boca, actúan como si fueran verdaderas estrellas de rock, modelito va modelito viene, corbatita tira corbatita afloja, caminan entre una nube de cámaras, flases y pantallas, y muchos de verdad hasta se lo creen.
Por otro lado, con el uso generalizado de las redes sociales aparecen nichos de ´mercado¨ nuevos que antes eran impensables para los influencers, los TikTok o los instagramers. Algunos de ellos, digamos en honor a la justicia, tienen talento y proporcionan información válida de diversa índole, otros, en cambio, son los típicos cuentistas del ´teatro de las maravillas´ vendiendo pócimas mágicas que lo mismo te hacen rejuvenecer que te ponen un cuerpo 10, ahora, eso sí, te venden hasta su alma en el elixir de la seducción con el que conquistarás a quien se ponga por delante. El auténtico ´pasen y vean´ está tras el telón de las redes que es allí donde se encuentra todo lo necesario para ligar y ser felices.
Hombre, cuentistas del pelotazo ha habido toda la vida y sin tener tantos medios, artilugios ni canales de YouTube. Si no que le pregunten a Giacomo Casanova cómo se las arregló allá por el siglo dieciocho para ser el auténtico ´casanova´(como no podía ser de otra manera, claro está) y vivir a cuerpo de rey sin tener además oficio ni beneficio. Miento, Casanova tenía todos los oficios del mundo mundial. Cuentan que fue libertino, historiador, aventurero, escritor, diplomático, filósofo, matemático, jurista, violonchelista, bibliotecario, aventurero y agente secreto -¡uf! me ahogo escribiendo-, y con este currículum es de imaginar que tendría una buena labia capaz de seducir hasta la doncella más puritana a tenor de sus conquistas amorosas que se cuentan por cientos (supongo que lo mismo le hablaba del teorema de Pitágoras que recitaba de memoria la Crítica de la Razón Pura y con estas mimbres, ya se sabe ¿quién se resiste?).
Yo no sé si en verdad le había dado tiempo a aprender tantas cosas (algunos incluso lo sitúan como cronista de las costumbres de la sociedad de la época) pues no sé en qué momento pudo abrir un libro para estudiar y acumular tanta sabiduría, pero en fin, los hay que en una primera lectura ya lo tienen, les confieso que yo no. Bien, pues seguro que están impacientes por conocer el libro manual del buen seductor, pues nada, prepárense, despegamos.
Para empezar, hay que ser como él, hijo de comediantes para llevar de casa algunas lecciones de oficio aprendidas (algo así parecido a aquello de ´no es verdad ángel de amor que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor´ del Tenorio, esto ya prepara el terreno). Después hay que usar el idioma de moda, así que aunque Casanova era italiano nacido en Venecia escribió sus principales obras (alguna de ellas para darse autobombo como su extensísima autobiografía ¡de cuatro mil quinientas páginas! Historie de ma vie) en francés porque estaba de moda y, ya se sabe, es el idioma del amor.
Luego hay que viajar mucho como él lo hizo por Roma, Corfú, Constantinopla, Milán, Lyon, París, Dresde y un largo etcétera de ciudades y lugares de los que siempre puedes contar una aventura, una anécdota, un encuentro o una tradición espectacular de manera que resultes ameno en conversaciones de palacio y todos fijen su mirada en ti. Esto último es muy importante porque es lo que te permite codearte con los poderosos y meterte en el bolsillo a los importantes, miren Casanova se granjeó la admiración del papa Clemente XIII quien le dio hasta una condecoración (¡ah! se me había olvidado comentar que también se enclaustró en una abadía en Zurich, si es que el casanova éste era un máquina) y hasta deja embelesado a Federico II de Prusia.
Acercarse a los poderosos le permitió entrar en contacto con damas importantes a las que sometió a su magnetismo, aunque alguno de sus escarceos amorosos también le costara algún que otro disgusto como cuando fue encarcelado en Barcelona durante 42 días por seducir ¡a la esposa del Capitán General del ejército! Bueno, esto son gajes del oficio que usted tendrá que asumir también si se decide a imitar la vida de Casanova con sus luces y sus sombras.
No puedo hoy recomendarles para que vean nada más que una imagen que parece ser de Casanova en el Museo Estatal de Historia en Moscú. Es lo que pasa con los personajes de leyenda que al final su historia y su imagen no se reproducen con nitidez (claro, tanto ajetreo de vida tiene sus inconvenientes ¿cuándo se queda quieto para que lo pinten?).
Pero es que hasta los músicos sucumbieron a sus aventuras. Parece ser que Mozart conoció a Casanova cuando estaba componiendo la ópera Don Giovanni y tanto le gustaron sus aventuras a su libretista que en ellas se inspiró para escribir el argumento de esa ópera (¡lo que son las cosas! Hasta los músicos lo adoran, si es que es un crack), en verdad de ahí debe venirle a Casanova un ramalazo musical porque alguna vez cuentan que le oyeron tararear aquello de Gabinete Caligari: la culpa fue del Chachachá/ sí fue del Chachachá/que me volvió un caradura/por la más pura casualidad.

