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ENTRE TÚ Y YO

Antídotos contra el miedo

FRANCISCO LUIS VELASCO Miércoles, 06 de Julio de 2022 Tiempo de lectura:

 

Lo que está ocurriendo en nuestro país parece una escena tomada de una película de terror apocalíptico. No hace tanto tiempo, cuando el Gobierno de turno llevaba a cabo una medida de las que calificábamos como “preocupantes”, la población española en su conjunto cerraba filas, protestaba en la calle, en los bares, en los centros de trabajo y se preparaban manifestaciones multitudinarias en contra de una gestión que se entendía errónea y que solía acabar con los políticos agachando la cabeza y aceptando las quejas y las advertencias de la población sobre cómo esta forma de gobernar creaba malestar, discordia y amenaza con arrasar con la popularidad de su partido. Y entonces… veíamos con satisfacción como regresaba de inmediato la cordura y las cosas a lo que correspondía. 


Es una diferencia notable en comparación con lo que ocurre ahora. En este momento, cuando nos enteramos (si llegamos a hacerlo) de la última fechoría de turno, o cuando vemos que el precio del combustible casi roza los 2 euros con cincuenta, muchos de nosotros nos abstenemos de hacer declaraciones, seguimos con nuestras vidas como si nada hubiera pasado, nos conformamos y solo nos aventuramos a comentar una u otra injusticia en casa y de pasada. Se podría decir sin miedo a equivocarse que la sociedad española se ha acostumbrado a lo malo de forma gradual y lo más preocupante, es que ese proceso puede ser creado de manera artificial, es decir, te pueden acostumbrar a lo malo sin que te des cuenta. Una sociedad de personas que se acostumbran a lo malo, deja de ser lo que son y se convierten en cualquier cosa menos en un ciudadano. El proceso de acondicionamiento en términos operantes funciona a base de refuerzos inconstantes con intervalos variables a razón fija.


Aceptar como algo normal las cosas malas que ocurren a diario, bien sea por imposición de aquellos que nos dirigen o simplemente por cobardía para enfrentar aquello que nos afecta, nos impide poder decir que somos ciudadanos libres. Sin embargo, hoy día muchas personas ya no temen alzar la voz, lo cual implica un cambio de actitud y un sobre esfuerzo de las autoridades que se ven obligadas a mitigar ciertas situaciones intolerables. Todos hemos visto que el precio del combustible sube y sube a cotas intolerables y, después de que has visto diez veces que el precio sube 5 céntimos al día -incluso más-, simplemente ya no te afecta igual que antes. El mismo caso se ha reproducido durante todos los meses que está gobernando Sánchez. Estamos asistiendo a lo que los expertos llaman una catástrofe aburrida.


El flujo aparentemente constante de noticias alarmantes ha adormecido la reacción de temor de la población, que han bajado la guardia, han relajado sus reivindicaciones y hábitos adquiridos de reaccionar frente a las injusticias. ¿Por qué? En esencia, este Gobierno ha tenido la habilidad de hacernos pasar por una de las terapias más efectivas que existen para acabar con nuestra voluntad y que no reaccionemos contra el miedo.


Todo esto tiene una explicación científica, pero para resumir diré que una parte del cerebro, la amígdala, actúa como una sirena de seguridad y te impulsa a tomar medidas inmediatas. Para evitar esto, los psicólogos recomiendan una terapia de exposición. La finalidad es familiarizarte tanto con la fuente de tu miedo o inquietud que ya dejará de parecerte una amenaza. Los terapeutas lo hacen de varias formas: pero me decanto por la desensibilización sistemática, que consiste en introducir la amenaza en pequeñas dosis y aumentarla de forma gradual a lo largo del tiempo. 


Miles de millones de personas están viviendo experiencias dramáticas. De repente, nos damos cuenta que esa realidad invisible y peligrosa afecta a mucha gente a nuestro alrededor. Se han pasado tanto tiempo al lado de un estímulo negativo (dolor), por principio de adecuación y reforzamiento, que te acostumbras. Para salir de ese círculo vicioso el primer paso es darse cuenta que se está en eso. Así rompes el ciclo. También es primordial NUNCA con salidas o soluciones momentáneas (refuerzos por intervalo variable). No sirven los pequeños paliativos. 


Por desgracia, en este país, los medios generalistas han dejado de representar aquel papel importantísimo que llevaban a cabo en este proceso. La desinformación a la que hemos estado sometidos, ha operado como una forma de desensibilización sistemática. La gente ha pasado por tantas alarmas, que muchos se han condicionado para seguir viviendo mientras puedan sin preocuparse de lo que hacen los que nos gobiernan. En este momento, hemos desarrollado anticuerpos contra las injusticias. El estado de ánimo también ha adormecido la reacción de las personas que están languideciendo en una fase de vacío y tedio.


Cuando tienes esa sensación de desánimo o indiferencia, tus reacciones emocionales se contienen. La sensación de reacción inminente que antaño te empujó a salir a la calle a protestar, hoy en día no es más que una molesta pérdida de tiempo. Muchas personas están cansadas. Aún así, debemos reaccionar, pues si estás condicionado a lo malo bajo principios operantes y sigues sin hacer nada, puedes incluso acostumbrarte a las peores condiciones de vida.


Está claro que el problema no es solo la sobresaturación a la que nos tienen sometidos. Las conductas diarias del ciudadano se han controlado tanto que muchas personas se muestran escépticas de que reaccionar sirva de algo, incluso hay quien teme represalias en caso de revelarse o actuar en pro de lo que consideran unos derechos justos. Para que este mensaje se capte y cambien conductas, la gente debe tener la certeza de que hay un peligro claro y presente, no solo en el camino que estamos tomando como país sino en la forma en la que se están requisando al ciudadano las riendas de la situación.


Algo está claro: continuar con el camino emprendido llama a una alerta de emergencia y conlleva muchos riesgos. Lo último que se necesita en este momento es un país con una población demasiado hastiada y aburrida para prestar atención o actuar.

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