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ENTRE TÚ Y YO

Transeúntes fugitivos

Manuel Menárguez Lunes, 18 de Julio de 2022 Tiempo de lectura:

 

Es un momento triste, cuando el abandono de esta revolución 'socialista' se lleva por delante a tantos, un ejecutivo sin función, especializado en argucias, en polémicas y sin ninguna trasparencia, confiados detrás de sus despachos; su refugio. Nunca como ahora se han acostumbrado a la vida de porcelana, sin proyectos, solo la recaudación los anima. ¡Sin escapatoria los ciudadanos! 

 

Reinventando la uniformidad disfrazada de pobreza. Llamaradas que aglutinan, absorben y hacen cenizas todo, es un desencadenante de injusticias. Rápido, se extiende con avaricia desbordada, ignorando el tiempo y la memoria, sin más allá. 

 

 Aislados, nos sentimos defraudados, sin proyectos ni huida. Un espejo nos devuelve nuestra imagen empobrecida, convertidos, sin horizontes ni mañanas, en una contemplación sin espíritu: transeúntes fugitivos sin movilidad. Sin cruzar palabra, en el umbral del olvido de sus señorías “progresistas” que, sin conciencia ni vergüenza, se vuelven “casta” socializante en sus asuntos, jugando a ser burgueses e ignorando al propio pueblo que les ha votado, llenos de corruptelas y miserias, vejando al Estado. Injuriando las instituciones de derecho, con mirada fría y pulso firme, sin vacilación, con desprecio mundano, van negando su propia identidad, sus propios colores de servicio público, devorando en un instante y con estupor observados todos los beneficios de años anteriores obtenidos. Sin compromiso, sin dificultad, ocultados por periodistas en su nómina, siniestros y altivos, protegidos, que, desdeñosamente y con estrépito, quieren acallar otras voces, otros pensamientos.

 

Incompresiblemente cansados, nos dejamos mecer por cantos, rituales de miedo, que nos recuerdan constantemente este siniestro confinamiento, aquel arresto exasperante, envuelto en sanidad.

 

De reojo, vuelvo la vista atrás y siento la presencia inmóvil de ese tránsito arrancado de nuestras vidas, siendo cómplice consentido; un ataque a nuestra esencia social. Desconcertados oímos los aplausos, entonces olemos el miedo volátil que se propaga a nuestro alrededor, que se libera como el éter y lo masticamos con torpeza.

 

Experimentos sociales, vivencias decisivas, somos nosotros o ellos, aunque disfrazados de colores e ideologías, sólo existe la liturgia engañosa de unos privilegiados. 

 

Sin contacto con nuestra realidad, tenemos que esclarecer estas hostilidades, esta lucha sin remordimientos que nos precipita y desemboca en el abandono, pisoteados como guijarros chirriantes en una playa.

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