
No tengo nada contra los publicistas pero yo creo sinceramente que algunos nos toman por tontos. De otra manera no se explica que proyecten esas campañas publicitarias que convierten a doncellas en princesas si utilizan determinado detergente, o a aquel señor gordito en seductor al estilo Richard Gere. Así por ejemplo, proponen que al comprar determinada marca de coches se va usted a convertir en el flamante conductor que circula por carreteras de ensueño que yo no sé en qué red de carreteras se encuentran, o en la bellísima señorita que desciende lentamente con un tacón de vértigo de un espectacular automóvil que conduce con un delicado tacón de aguja como si eso fuese lo más habitual del mundo mundial. Bueno y si nos fijamos en el lenguaje, entonces ya (apaga y vámonos) comprobamos que efectivamente está pensado para tontos. Eslóganes como ´ ¿Te gusta conducir? ´ (que se lo pregunten a los trabajadores de volante, que están ansiosos de llegar a su destino, bajar del vehículo y olvidarse del mundo y sus monarquías), o aquella redundancia de ´Cuando conduzcas, conduce´ (comprobado: nos toman por tontos). Pero lo peor de todo son aquellos anuncios que se basan en la magia de convertir los coches en animales, así aparecen máquinas que lo mismo devoran kilómetros que exprimen caballos.
Quizás los publicistas también recurran como yo a la historia para presentar sus campañas de marketing basadas en magia de costumbres ancestrales de rituales y creencias que a veces cuesta creer. Yo hoy me voy a remontar al siglo 525 a. C. y voy a viajar al Bajo Egipto para contarles la guerra que mantuvieron los ejércitos del rey persa Cambises II contra los del faraón Psamético III que supuestamente ganaron los persas ¡lanzando gatos!
Sí, como lo oyen, los gatos fueron los artífices de que los persas ganaran la batalla de Pelusio y dominaran la ciudad, y no, no es que se transformaran los felinos en fieros tigres o leones con dientes afilados devorando a los enemigos (esa magia la dejo para los publicistas), en seguida les digo.
No me atrevería yo a contarles semejante historia si no viniera avalada por Heródoto el gran historiador del mundo clásico (creo que a él se le atribuye aquello de ´palabrita del Niño Jesús´, o no fue a él, no sé, estoy liada), él es quien parece ser que refrenda la veracidad de este increíble episodio.
El caso es que cuentan que para preparar bien el asedio de los persas a la ciudad de Pelusio Cambises estudió bien al enemigo, como hacen los buenos estrategas, y comprobó que su flaqueza provenía más de sus convicciones religiosas que de su fuerza militar, basándose en la debilidad que los egipcios mostraban hacia los gatos al considerarlos animales sagrados. Así que Cambises ni corto ni perezoso cuentan que adornó los escudos de su legión con la imagen de Bastet, una diosa del antiguo Egipto adorada desde la Segunda Dinastía que aparecía ya en El libro de los muertos, representada bajo la forma de una mujer con cabeza de gato a la que los egipcios tendrían reparo en golpear.
Al mismo tiempo proyectó que el ejército persa lanzara gatos a los enemigos egipcios quienes, temerosos de que pudiera caerles una maldición, permanecerían inmóviles y sin defenderse por miedo a atacar al ver que los felinos corrían peligro de muerte. Con esta estratagema, efectivamente ganaron los persas. La contienda finalizó con pocas pérdidas en el ejército persa (cuentan que fueron como unos 7000 soldados) y muchos en las filas egipcias (50000) y no fueron más porque muchos de ellos finalizaron huyendo.
Como ven esta estrategia forma parte de una guerra psicológica contra el enemigo a quien se vence no por la fuerza sino por el miedo cuando se socavan sus creencias religiosas. El valor iconográfico para los egipcios de la representación del gato por su carácter sagrado y protector finalmente paralizó el ataque ¡Ah! Las guerras no se siempre se ganan con las armas (al final vamos a tener que dar la razón a Rosario cuando cantaba aquello de uyuyuy mi gato hace ayayayaya).
Si usted viaja a París ahora que puede que esté de vacaciones, podrá contemplar en el museo del Louvre una imagen de la diosa Bastet, pero para los que no vayan al país galo también el Museo Arqueológico Nacional conserva una figurilla de la diosa que forma parte de la colección real y testimonia el interés por los nuevos hallazgos del Antiguo Egipto. Allí podrá comprobar usted el prototipo egipcio tanto de la dulzura maternal de esta diosa como guardiana del hogar como la fiereza felina que en ocasiones puede mostrar.

