
Caridad la Negra fue, sin duda, la prostituta y madame más conocida de la historia de Cartagena; a la vez que musa de grandes artistas, como el pintor Wssel de Guimbarda y el fotógrafo José Casaú.
La Negra empezó a ejercer la prostitución a una edad temprana. Enseguida comenzaron a frecuentarla hombres de los estratos más elevados de la sociedad, logrando reunir una clientela compuesta por lo más granado de la burguesía local. Cuentan que durante un tiempo fue amante de don José Maestre, el hombre más rico de Cartagena y dos veces ministro en los gobiernos de Alfonso XIII. Pronto, Caridad empezó a contratar chicas que trabajaban para ella, convirtiéndose en la madame más distinguida de la ciudad. Su exclusivo prostíbulo, situado en el barrio de El Molinete, sería muy célebre en toda la costa levantina.
Caridad la Negra supo aprovechar bien sus amistades y estatus social, convirtiéndose en una mujer con una situación económica bastante holgada. Nunca acepto depender en exclusiva de un solo hombre y no dudó en invertir parte de su capital en la adquisición de fincas e inmuebles por toda la comarca.
Lo que contrasta en su historia es, por un lado, su personalidad libertina y, por el otro, su devoción religiosa.
Pero el hecho por el que La Negra ha pasado a las crónicas históricas de Cartagena ocurrió el 25 de julio de 1936. En ese verano, durante los primeros días de la Guerra Civil, la confusión y el miedo se extendieron por la ciudad.
El triunfo del golpe de estado militar en una parte importante del país, fracturó España en dos mitades. En la parte que quedó fiel al gobierno de la República se desató el furor anticlerical. Cientos de edificios eclesiásticos fueron atacados por multitudes, ardiendo muchos de ellos, produciéndose quemas de imágenes y enseres religiosos en las calles, donde se encendieron hogueras. En Cartagena, tras prender fuego a algunos templos, un numeroso grupo de personas se dirigió hacia la Basílica de la Caridad, con la intención de quemar la iglesia y la imagen de la Virgen, patrona de la ciudad. A esas horas, en el pórtico, el concejal comunista Miguel Céspedes apenas podía contener ya a la jauría humana que quería penetrar en el templo y era increpado por la muchedumbre tras exigirle que se disolviese.
Al ser informada Caridad de lo que estaba ocurriendo a las puertas de la iglesia, reclutó a decenas de prostitutas que, enarbolando tijeras y cuchillos de cocina, bajaron prestas desde el Molinete capitaneadas por ella. Ante el asombro de todos, se fueron colocando frente a la multitud, protegiendo las puertas de la Basílica. Fue entonces cuando La Negra se dirigió a los concentrados que portaban antorchas y, con el rostro lleno de rabia, cerrando el puño, dijo aquella corta pero famosa frase: “Y ahora, quien tenga huevos que suba estos escalones”. Tras varios minutos de suma tensión, con las prostitutas del Molinete mirando con rostro guerrero a la multitud, el ambiente se fue relajando. Poco a poco, la gente fue deponiendo su actitud, abandonando el lugar y marchándose a sus casas. Y allí quedaron en lo alto de la escalinata, Caridad la Negra, el concejal Céspedes y un nutrido grupo de mujeres de las que llaman de mala vida.
La Basílica de la Caridad permaneció intacta durante los tres años que duró la Guerra; y durante ese tiempo nadie se atrevió siquiera a encender un cigarro frente a sus puertas. Desde entonces, el imaginario popular reconoce en exclusiva a Caridad la Negra como la salvadora de la patrona de Cartagena, convirtiéndola este episodio en una auténtica heroína.

