
“Quién es usted, qué piensa, siente y hace, y qué le gusta son producto de la suma de aquello en lo que usted se concentra”; Winifried Gallagher, de su libro: “Rapt: Attention and the Focused Life” (Editorial Penguin, 2009).
No debemos engañarnos por la propaganda pueril que pretende esconder la realidad de la vida y desconocer que el esfuerzo es el motor del conocimiento, la investigación básica o aplicada y el acceso a las innovaciones, sobre los que se ha construido el auténtico progreso.
Como dice Roman Krznaric (“El buen antepasado”, página 13): “somos los herederos de los regalos del pasado”. Y, créanme, como nos recuerda José Antonio Marina: “la biografía de un verdadero científico, es siempre la historia de una gran tenacidad, del esfuerzo de una vocación por imponerse a las circunstancias y aprovechar las oportunidades”.
En el momento actual es prácticamente imposible leer, escuchar o ver, con el detenimiento y concentración necesarios para extraer los datos y formar nuestra opinión con un mínimo de solidez racional, por causa de estar inmersos en un espacio y tiempo de superficiales cometidos y entretenimientos; y, por eso, es de agradecer el testimonio y la metodología ofrecidos por diversos pensadores actuales, para alcanzar un quehacer profundo.
De entre todos ellos, me permito recomendar a Cal Newport (USA 1982), profesor de Ciencia Computacional de la Universidad de Georgetown, colaborador habitual en New Yorker y New York Times; y, en concreto, su interesante libro: “Céntrate (Deep Work)” (Editorial Península, 2022).
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Esta obra fue publicada, inicialmente, en 2016, cuyo título en español no me parece correcto, pues “Deep Work” realmente es “Trabajo Profundo”; que por otro lado es el nombre acuñado por el autor para referirse a su propuesta por un “trabajo a fondo o profundo”.
Forma una trilogía interesante con otros dos posteriores (no traducidos al español) en los que Cal Newport, aborda: a) “The Time-Block Planner” (Planificación de bloques de tiempo), en el cual expone un método diario para planificar el trabajo profundo en un mundo distraído (publicado en inglés en el año 2020 por la Editorial Penguin Business); y, b) “A World Without Email” (Un mundo sin correo electrónico), que nos lleva a prever el trabajo en una era de sobrecarga de comunicación (publicado en inglés por la Editorial Penguin Business, 2021). A los cuales hay que añadir el recientísimo: “Digital Minimalism” (“Minimalismo digital”), sobre como elegir una vida no distraída en un mundo ruidoso (se puede consultar todos los datos e incluso suscribirse a sus artículos en la página web: calnewport.com).
El autor, describe la sociedad actual (dominada por las herramientas de las redes sociales e internet) como un lugar en el que un trabajo en profundidad es cada vez más escaso, pero al mismo tiempo, es más valioso en nuestra economía. Y anticipa que, como resultado de esta dinámica, triunfarán quienes cultiven esta actitud y hagan de ella el pilar de su vida laboral.
De este modo, al autor desarrolla su obra en dos partes bien definidas: la primera, expone su tesis o idea central, cual es: el trabajo profundo es valioso y escaso, pero tiene sentido; y la segunda, propone, unas pautas o reglas para conseguir “trabajar con profundidad”.
Para ello Cal Newport contrapone el trabajo profundo (aquél que se lleva a cabo en un estado de concentración desprovisto de distracciones de manera que las capacidades cognitivas llegan a su límite máximo) al trabajo superficial (constituido por tareas que no son exigentes desde el punto de vista cognitivo); para extraer una conclusión nítida, cual es: el esfuerzo crea valor, mejora las habilidades y no es sencillo de replicar; mientras que la superficialidad no crea gran valor en el mundo y sus tareas son fáciles de replicar; y, una clara advertencia: “si pasamos el tiempo suficiente en un estado de superficialidad frenética, el resultado es una reducción permanente de nuestra capacidad”.
En realidad, su propuesta es clara: no se trata de trabajar con jornadas interminables, en un ambiente de distracción y con superficialidad; sino, de trabajar en una jornada no más allá de las diecisiete horas y treinta minutos (5,30 de la tarde), pero con una adecuada planificación de las tareas, con absoluta concentración, sin distracciones (en particular las derivadas de internet y redes sociales), con pausas adecuadas y un cierre o desconexión al concluir.
En definitiva: “Permitir regularmente al cerebro descansar mejora la calidad del trabajo profundo. Cuando trabajes, trabaja con dedicación. Cuando termines, termina.”
Para sustentar su tesis, recoge los resultados de investigaciones académicas y experimentales, tales como las de: Barbara Fredrickson (profesora de la Universidad de Carolina del Norte): “aquello sobre lo cual decides fijar tu atención influye de manera importante en tu actitud a partir de ese momento”; y Winifried Gallagher: “hay que inyectar porciones significativas y frecuentes de libertad respecto a tus preocupaciones laborales cotidianas, de tal manera que puedas gozar de ausencia de ocupación”.
Con ello, Cal Newport entronca, con una muy estimable aportación práctica, con otros numerosos académicos y pensadores, que desde otras premisas, destacan el peligro de convertirnos en “una sociedad de descodificadores de información sin tiempo para la reflexión que requiere transformar la información en saber” (Peter Burke en “El polímata”, Alianza Editorial, 2020, página 282).
En mi opinión, aunque para aquellos que ya peinamos canas e incluso en número bien escaso, nos suenan muy conocidas las recomendaciones del autor: trabajo profundo, esfuerzo, crear valor y resultado de calidad (cada uno al límite de sus capacidades); es muy interesante la profundidad de su análisis, la implementación en su vida profesional y académica que describe y la exposición precisa de su método.
Se trata de ser solidarios y corresponsables con quienes nos acompañan en la vida, en este tiempo de ansiedades, rupturas, dificultades casi insuperables y pánico creado con carácter preventivo por aquellos a los que, como siempre, nada les afectará en sus privilegiados espacios de poder; y, al mismo tiempo ser los mejores antepasados de las generaciones futuras, a quienes debemos legar un mejor regalo que el recibido de nuestros predecesores.
Es tarea imprescindible e indelegable que depende de cada uno de nosotros; sin olvidar, a mi juicio, que en tiempos de crisis se han construido con el esfuerzo individual y la suma colectiva, que multiplica los personales e insustituibles talentos, los mejores saltos en el progreso de la civilización humana.
Tarea inacabada, como sin duda habrán descubierto. Sobre la que espero poder regresar con ustedes para hablar de cómo: “pensar a largo plazo en el mundo cortoplacista”, “la memoria hizo al hombre” o “es imprescindible que la educación esté basada en la neurociencia”.

