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Opinión |
Viernes, 02 de Septiembre de 2022

Historia est magistra vitae

 

Es algo que me ocurre hace mucho tiempo, desde que mi amigo Juan Frutos y yo visitábamos viviendas por trabajo. Un día le pregunté ¿Cómo es posible que tengas tan buena cabeza para las direcciones? A lo que él me respondió: “porque siempre cuando llego a una calle miro la placa”.


Desde entonces lo hago, pero he dado un paso más. La curiosidad me mueve a buscar en internet quiénes son esas personas que han merecido tan alto honor, aunque sinceramente, algunos creo que no lo hubieran considerado tal a juzgar por las callejuelas dedicadas.


[Img #92681]No hace mucho, paseando por el barrio de La Flota, a la altura del centro local de RTVE en Murcia, alcé la mirada y vi 'calle Navegante Juan Fernández'. ¿Quién es? Me pregunté e irremediablemente, en cuanto tuve oportunidad, lo busqué. Tengo que confesar que, como en esta ocasión, siento bochorno muchas veces comprobando mi incultura. Resulta que Juan Fernández el navegante, al parecer era natural de Cartagena y su vida es digna de inspirar una buena película de aventuras.


Redujo el tiempo de navegación entre Perú y Chile de tres meses a 30 días venciendo los vientos Aliseos y la corriente Humbold, hecho por el cual fue juzgado, (que no condenado), por el Tribunal del Santo Oficio establecido en Lima acusado de brujería. Descubrió Nueva Zelanda (al parecer también Australia), Tahití, y el archipiélago que hoy lleva su nombre (y que inspiró la novela de Daniel Defoe, Robinson Crusoe). 


Obviamente todos estos acontecimientos históricos han sido, una vez más, convenientemente silenciados por la versión inglesa de la historia, apuntándole el mérito del descubrimiento del nuevo continente (el segundo descubierto por España) al holandés Abel Tasman y al explorador británico James Cook quienes arribaron en Nueva Zelanda 66 años después el primero y 193 años después el segundo.


Es curioso comprobar cómo los españoles somos el único pueblo, que yo conozca, que sentimos más admiración por la historia de otros que por la propia y esto es una constante que se repite cíclicamente. Tenemos una tendencia innata a embarrarnos con lo malo y un pudor ilógico a regocijarnos de lo bueno, que como cualquier gran pueblo también tenemos. 


Nos pasamos cincuenta años recordando el desastre del 98 y vamos para 100 recordando nuestra guerra civil, pero hemos olvidado en ese mismo periodo, por ejemplo, a Pagés Miravé (inventor de la anestesia epidural en la guerra del Rif), Ángela Ruiz (inventora del primer libro electrónico) o Herrera Linares (inventor del primer traje espacial). Tampoco nos enorgullecemos de la Transición española, de nuestro ingreso en la UE o de la modernización de España.


Y yo me pregunto: ¿A qué será debido? Será por nuestro propio carácter o será por lo que apunta el poema 22 del Mio Cid: “Qué buen vasallo si tuviera buen señor”. Si es por la primera razón lo tenemos difícil, porque no hay cosa más complicada que cambiar a un pueblo, pero si es por la segunda…. bueno quizá sea más fácil la primera.

 

Sea como fuere lo cierto es que mi afición por mirar el nombre de las calles y estudiar su origen me ha recompensado con innumerables momentos de entretenimiento y erudición así que desde aquí doy las gracias a Juan Fernández, Alejandro Seiquer o Sebastián de Feringan (entre muchos otros) porque su vida inspira la mía.    

 

    Gabriel Vivancos Martínez

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