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Opinión | ¡Qué cosas tiene el marketing!
Miércoles, 07 de Septiembre de 2022
José María Donate

La fábrica de Bloody Mary

 

Hace algo más de dos meses que estrenamos la sección ¡Qué cosas tiene el Marketing! y todavía no habíamos hablado sobre una de las piedras angulares de esta disciplina: el producto.


Como especie consumista que somos, este tema creo que nos puede interesar o al menos, no nos dejará indiferentes.

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El mercado es un mecanismo muy complejo de entender y, sobre todo de predecir, pero se puede simplificar mucho si lo visualizamos como el punto de encuentro entre la demanda, -consumidores de todo tipo que disponen de billetes, bitcoins y tarjetas de crédito-, y la oferta, -empresas que ofrecen sus productos o servicios, a cambio de una remuneración o pago-. Evidentemente este es el concepto básico, pero justamente a veces se nos olvida el funcionamiento más simple.


Ante nuestros ojos circulan multitud de mercancías que luchan de forma despiadada por encontrar hogar y pellizcar, nuestro ya mermado, poder adquisitivo.


A todo producto o servicio le acompaña una propuesta de valor, que son los ingredientes que hacen que sea atractivo para el potencial comprador. Para algunos esa propuesta puede parecer deshonesta, como por ejemplo adquirir un bolso o unos zapatos de cuatro cifras, pero sin embargo para otros está plenamente justificada y la califican como una buena inversión. Todo depende de si el producto orbita alrededor nuestro o se encuentra en una galaxia lejana.  


No sería correcto analizar el compartimiento de compra del consumidor, únicamente bajo una perspectiva racional, por la sencilla razón de que no siempre actuamos de esta forma y nos dejamos llevar por los impulsos, el deseo y la irracionalidad a la hora de tomar decisiones.


¡Qué difícil es actuar siempre como consumidor consciente!, manteniendo la calma, aplicando el sentido común y permaneciendo firme ante los chantajes emocionales que tejemos en nuestros cerebros. No se desanimen. Todos caemos en esa red y nadie está libre de esa culpa.


Brindemos por el pecado original que conlleva ser consumidores. No nos castiguemos por ello y asumamos que estamos sometidos a mucha presión por adquirir cosas que hasta hace poco nos parecía impensable, como por ejemplo esa magnífica freidora sin aceite. En esto el marketing tiene mucha culpa.


En pleno brindis recibo un SMS, -sí, todavía existe esta forma de comunicación-, que me informa que las reservas de sangre están bajo mínimos y hace falta urgentemente SANGRE de todos los grupos. En el texto se indica dónde puedo acudir a donar y el horario.


Esta llamada de atención me hace reflexionar sobre todos aquellos productos que no se pueden comercializar ni pagar con dinero, pero que son absolutamente esenciales. ¿Por qué no hacemos más marketing sobre ellos? ¿Por qué no les ayudamos para que la población se sensibilice de su importancia? Los beneficiarios (aquí no sería apropiado llamarnos consumidores), ¿somos conscientes de lo necesarios que son? ¿o simplemente no los valoramos porque son gratis y ya habrá otros que donen?


Analicemos el problema: Hace falta sangre. La sangre no se fabrica. No se puede comprar. No hay un mercado al que acudir para adquirirla


¿De dónde obtenemos la sangre? De las donaciones, que son acciones voluntarias y altruistas. En 2021 se registró en España algo más de 1,7 millones de donaciones, prácticamente la misma cifra que hace una década.


¿Qué recibe un donante a cambio de entregar un bien tan preciado? Al tratarse de una donación no recibe ninguna remuneración, pero sí una gran satisfacción personal por haber ayudado a salvar vidas. Se dice que con cada donación salvamos hasta tres vidas. Al finalizar la extracción te dan un pequeño obsequio (bolígrafo, calendario, pelota anti estrés…) y un bocadillo con un refresco para recuperarte.


Desde los 18 años, el que firma este artículo regala vida un par de veces al año. No podría ser de otra forma apellidándome Donate (en inglés significa donar). Yo siempre lo he visto como algo normal y me reconforta como ser humano, pero quizás los tiempos estén cambiando y haga falta explicar a las futuras generaciones, que la sangre necesaria para atender urgencias y realizar operaciones no se vende ni se compra.


Reflexionemos acerca de si el sistema de recompensas que recibe el donante por su sangre está a la altura del bien que entrega. Profundicemos sobre el conocimiento que tienen las nuevas generaciones de la importancia de donar sangre. En definitiva, articulemos ese mercado o puente que mejore la transacción altruista: sangre a cambio de vida.


Agitemos la coctelera y empecemos a producir 'Bloody Mary' para calmar tanta sed y ahora sí, ¡brindemos por la vida!

 

José María Donate

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