Los que no venden camisetas
Me encantan los finales felices protagonizados por gente normal y corriente. Nada de galácticos sino currantes de su oficio. Personas que con esfuerzo y convicción alcanzan metas que se les niegan a otros dioses del Olimpo, simplemente porque no entienden que eso a lo que juegan, es un deporte de EQUIPO.
No hace falta que les diga, que esta modesta columna quincenal irá dedicada a todos los integrantes de la selección española de Baloncesto, que este pasado domingo, culminó una de las mayores gestas que se recuerdan y eso, que esta selección ya nos ha acostumbrado malamente desde hace ya más de dos décadas a saborear grandes títulos europeos y mundiales.
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Pero ¿por qué es tan especial esta victoria? Porque ha llegado sin esperarla. Nadie o muy pocos -yo no me incluyo entre ellos- creía que fuera posible. Les pongo en antecedentes. Hace tres años, la selección española se proclamó campeona del Mundo en China tras arrollar a Argentina en la final. Usted pensará, que si fueron campeones mundiales no sería extraño que ganaran un torneo europeo con tan poca distancia de tiempo. Pero no es así, porque en 2019 nuestro “álbum de cromos” contenía a jugadores como Ricky Rubio, Marc Gasol, Sergio Llull o Victor Claver. Jugadores todos ellos con una gran experiencia y sobrado talento para ejercer este maravilloso deporte.
Para este torneo que acabamos de ganar, nos presentamos con 8 “estampas” nuevas. Jugadores que debutaban en un campeonato internacional, escoltados por tres figuras NBA (los hermanos Hernangómez y Usman Garuba) y el incombustible CAPITÁN, don Rodolfo Fernández, más conocido como Rudy. Este nuevo mix ha sido dirigido magistralmente por un experto seleccionador que, en una década como coach nacional en dos etapas distintas, ha ganado 4 europeos y 1 mundial.
Y así fue cómo los Pradilla, López Aróstegui, Fernández, Brizuela, Saiz, Parra, Brown y Díaz no solo cogieron el testigo de antiguos campeones, sino que engrandecieron la leyenda de esta gran FAMILIA -honor et gloria patriae-.
El éxito reside en la 'familia'. Aquella que se forjó en 1999 cuando la generación de Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y compañía ganó un mundial junior a la todo poderosa EE.UU., vengando esa final olímpica del 84 en Los Ángeles en donde fuimos plata y los yankis, oro.
Desde entonces y hasta ahora, nuestra selección de basket ha generado su propia MARCA, aunque yo la definiría como RAZA. Todos los integrantes de esa unidad familiar vienen marcados por un gen ganador, que les hace ser competitivos hasta alcanzar el logro que tienen entre ceja y ceja. En los torneos solo pueda ganar uno, pero durante todo este largo camino, nuestra selección ha perdido pocas veces y cuando lo ha hecho, siempre ha dado todo lo que tenía dentro. Eso es lo que le da valor y sentido a un colectivo.
Este campeonato ha sido una maravillosa lección de sinergia. La fuerza del grupo sobre el talento individual. Selecciones con grandes estrellas como Grecia con Giannis Antetokounmpo, Serbia con Nikola Jokic o Eslovenia con el estratosférico Luka Doncic no han podido alcanzar las mieles del triunfo. Las camisetas con el nombre de estos 3 jugadores están en top 10 mundial de ventas, donde paradójicamente no figura ningún jugador español. En estos mercados priman otros criterios -¡qué cosas tiene el marketing!-.
Quizás los nuestros no vendan tantas camisetas, pero la marca 'España Basket' es insuperable. La ÑBA no tiene rival y el futuro es sencillamente espectacular. Este verano las categorías inferiores masculinas y femeninas han ganado todos estos títulos (Oro en Eurobasket sub 18 masculino, Oro en Eurobasket sub 20 masculino y femenino y plata en el Mundobasket sub 17 masculino y femenino). ¿Quién da más?
Disfrutemos de este éxito fraguado con esfuerzo, talento y confianza en un staff y un modelo de gestionar un deporte. Quizás sea casualidad, pero el presidente de la Federación es un antiguo jugador, que en su día fue Campeón del Mundo en 2006. Siempre he pensado que un buen gestor debe haber sido “cocinero antes que fraile” -tomen nota algunos ministros/as/es-.
Ojalá veamos pronto a muchos chavales con la camiseta sin mangas de España (la de Baloncesto) con el dorsal 4 de Pradilla o el 9 de Alberto Díaz -que en otros tiempos llevaron leyendas como Pau Gasol o Ricky Rubio- jugar en los parques a ese maravilloso deporte de equipo llamado
BA-LON-CES-TO.





















