
Estoy segura de que la mayoría de ustedes no sabrían decir quiénes son Tomás Crucero, Jaime Obligación o Isabel Sastre, pero no me cabe duda de que la mayoría lo sabrían si digo Tom Cruise, James Bond o Elizabeth Taylor. Y es que como dicen algunos parece que el nombre forma parte del carisma del personaje y se funde con él en feliz y conciliador abrazo. Algo parecido sucede con las letras de las canciones. No es lo mismo decir only you que ´Sólo tú´ (por favor, por favor). Tampoco es lo mismo decir Eau de parfum que ´agua de colonia´ pues lo primero parece un sofisticado capricho francés, mientras que lo segundo nos recuerda más a una antigua y desfasada expresión para referirse a una colonia barata. Algo parecido me sucedió a mí cuando escuché la banda sonora de la película ¨Doctor Zhivago´ en la prodigiosa voz de Andy Willians: ´Estoy sintiendo tu perfume embriagador/y tus palabras susurrar a media voz´ por más que yo adore el perfume (que lo adoro) me pareció decepcionante la traducción del sentimiento musical al contenido de la letra en castellano ¿por qué será? Pues lo ignoro, pero será que somos muy esnobs y nos gusta afectarnos sólo por las maneras de aquellos que consideramos distinguidos. No sé, que lo estudien los lingüistas, los antropólogos o los politólogos, yo ahora quiero contarles que lo del ´perfume embriagador´ a mí me llega al tuétano.
Será por eso que siempre me he sentido atraída por los lugares donde se respira colonia o tienen alguna relación con el perfume y así me prometí viajar sin demora a la ciudad que debía de oler como un nido de ángeles en honor a su nombre. No dudé ni un segundo cuando me propusieron ir a Alemania a visitar la ciudad de Colonia.
Está claro que antes que yo otros personajes históricos muy importantes sintieron una atracción similar a la mía por estos exuberantes territorios (no sé si por la colonia, creo que no). Así puedo contarles la historia de Agripina (La Menor, pobre, hay que distinguirla de su madre Agripina La Mayor), mujer decisiva y muy importante en la fundación de la ciudad de Colonia allá por el año 49 de nuestra era. Pero entonces esta ciudad no se llamaba Colonia, no, al principio se llamaba con un nombre mucho menos embriagador, era Oppidum Ubiorum (por Dios, menos mal que cambió de nombre), aunque no sé si ganó o perdió (lo digo por lo largo del nombre) porque pasó a ser llamada Colonia Claudia Ara Agripinensiun (simplificada en CCAA, eso ya está un poco mejor), luego se acortó a Colonia (eso ya está fabuloso y huele bien) y finalmente se quedó en Köln (bueno supongo que así se inventó pasar de ´cariño´ a ´cari´ no sé). El caso es que Agripina - que seguro era de armas tomar- hizo una magnífica jugada y se casó ni más ni menos que con el emperador Claudio, que a la sazón era su tío (que nadie se alarme, esto sucedía con frecuencia en las mejores familias, ya saben para unir las herencias).
Claudio concedió al Oppidum el carácter de Colonia en honor a su esposa la emperatriz Agripina que había nacido a orillas del Rin (claro, así Claudio la conquistó por el nombre y por el perfume) convirtiéndola de este modo en ´ciudad de derecho romano´ con lo que adquirió casi tantas prerrogativas como Roma (la ciudad de Agripina no podía ser menos, claro). Además, su nombre fue de lo más original porque cuentan que de las 200 ciudades que adquirieron el título de colonias ninguna salvo ésta (Agripiniensium) llevaba nombre de mujer (calculen cómo se pondría Agripina, vamos que daba saltos).
Bueno pero no todo fueron flores en la vida de Agripina porque dio a luz a un hijo que pasó a la historia pero no por sus buenas acciones (ni por su buen olor), sino por sus fechorías. Me refiero a Nerón, en fin, quizás una oveja negra.
Pero no quiero desviarme de esa gran ciudad de Colonia en la que se encuentran numerosos vestigios de la época romana y de su relación con esa gran emperatriz, porque Colonia fue uno de los primeros asentamientos con derechos de ciudad romana, y así lo demuestra el hecho de que usted puede ver bajo el suelo de su ayuntamiento esté el Praetorium o residencia del Pretor y antiguo cuartel general de los gobernadores de la ciudad, pero también puede pisar una antigua Calzada romana de 33 metros de larga, observar las obras hidráulicas de los romanos, sus canalizaciones y desagües a través de un vestigio de la Cloaca Máxima situada muy cerca de la Calzada, incluso conservar un resto de la muralla romana cerca del ayuntamiento.
Pero lo más sorprendente de Colonia no son sus restos romanos, ni su perfume, ni sus salchichas, ni su cerveza, ni sus automóviles, ni todos los tópicos en los que uno siempre piensa, porque eso ya se espera, lo que más sorprende sin esperarlo es el civismo, la solidaridad, el respeto por las leyes que se respira en sus calles y en sus plazas siempre concurridas por silenciosos ciudadanos que entre un mar de ´gusanos´ de tranvías, metros y comunicaciones (la estación central cuenta con 17 vías de tren) muestran la grandeza de sus ingenieros, la puntualidad de sus transportes, la majestuosidad de su catedral, la perfección de sonido en su Centro Filarmónico, la iluminación tecnológica del alumbrado público que a buen seguro la convertirá en la primera Smart City de Alemania, en definitiva, una ciudad moderna vuelta al mundo. Con razón Agripina quiso que llevara su nombre. No se la pierdan, no les defraudará.

