
Ya lo decía el gran Julio Iglesias: “…la quería ya tanto que al partir de mi lado ya sabía que la iba a perder…” y es que hace unos días asistí a un cumpleaños familiar y observé con agrado como para mis sobrinas Ana y Eva de 6 y 4 años respectivamente, su padre es el héroe.
Inevitablemente mi mente se trasladó al tiempo en que mis hijos tenían esa edad y recordé con nostalgia aquella época en que yo también era el héroe para mis hijos.
Ha llovido ya, aunque no mucho, desde entonces y ahora que mis hijos son adolescentes compruebo con resignación como sus héroes son otros; youtuberos, deportistas, raperos…cualquiera menos su padre…o su madre. Pero no es algo que me preocupe porque forma parte del ciclo normal de la vida.
He pasado por todas las etapas, o al menos eso creo, y sé que después de estas dos vendrán dos más. La etapa de juventud donde te planteas: ¿Qué haría mi padre ante esta situación? pero no preguntas no sabes muy bien por qué y la etapa adulta o de madurez donde con demasiada frecuencia pagarías cualquier precio por preguntar, pero ya no está quien mejor te puede responder.
Esta reflexión me recuerda la fábula judía del pájaro migratorio que mi amigo Manolo S. me comentó sacada del libro “La Larga espera del Ángel” de Melania G Mazzuco y que sin rigor y de forma libre os voy a relatar: g
En un lugar muy lejano había un pájaro migratorio con tres polluelos. El lugar del nido corría peligro ante la crecida inminente del mar así que el padre protector agarró al primero de sus hijos y echó a volar. Cuando estaba sobre el mar le preguntó: Hijo mío, después de todo lo que hago por ti, cuando yo sea viejo y necesite tu ayuda ¿me protegerás y me alejarás del peligro? A lo que el hijo respondió: - Por supuesto papá, te ayudaré y te protegeré, porque yo te quiero mucho-. Acto seguido, el padre lo dejó caer sobre las aguas bravas.
A continuación, fue a por su segundo hijo y nuevamente a medio camino formuló la misma pregunta: Hijo mío, después de todo lo que hago por ti, cuando yo sea viejo y necesite tu ayuda ¿me protegerás y me alejarás del peligro? El segundo hijo, casi indignado respondió - ¿Cómo puedes preguntarme eso con lo que yo te quiero?, te cuidaré, te besaré y te protegeré- El padre, al igual que a su primer hijo, lo dejó caer en el mar.
Por último, fue a por su tercera y última cría y nuevamente cuando sobrevolaba el mar interrogó: Hijo mío, después de todo lo que hago por ti, cuando yo sea viejo y necesite tu ayuda ¿me protegerás y me alejarás del peligro? El hijo se quedó pensativo y tras varios segundos respondió: -No lo sé papá, pero lo que si te prometo es que, si alguna vez tengo hijos, haré lo mismo que tú: sobrevolaré el mar y salvaré a mis hijos- y el pájaro migratorio, satisfecho, depositó con suavidad su última cría en el nuevo nido.
Es duro pero nuestro papel como especie nos obliga a la protección de las nuevas generaciones por encima incluso de nuestros propios padres por mucho que los amemos y que también lo seamos. Por eso, aceptamos con serenidad los cambios que nos arrinconan cada vez más en la vida de nuestros hijos pero que les hacen volar por sí mismos sabiendo, porque ya nos ha pasado, que algún día girarán la cabeza y viéndose reflejados en nosotros mismos sentirán una inmensa gratitud.
“…. es que el alma le estaba cambiando, de niña a mujer…”

