La guerra en Ucrania, el mayor handicap para la economía regional
Las expectativas sobre la evolución de la economía siguen siendo pesimistas. El Consejo Económico y Social de la Región afirma en su último boletín de coyuntura de septiembre que con la guerra de Ucrania planeando por todos los ámbitos, los efectos de arrastre de una contención de la economía alemana y la subida de los tipos de interés se añaden a elementos preocupantes que persisten, como los cuellos de botella en ciertos suministros, el desmesurado coste de la energía y una inflación en magnitudes desconocidas en décadas.
En el aspecto positivo se valoran como elementos favorables la estabilidad en el mercado de trabajo, los niveles de ahorro, los fondos Next Generation, el turismo o el impulso del gasto público. No obstante, las proyecciones se revisan a la baja:
AIReF proyecta un crecimiento ajustado del 3,1% para la Región de Murcia, mientras que BBVA Research la deja en un 3,8%, CEPREDE en un 2,9% y FUNCAS señala que el crecimiento más dinámico lo protagonizan los territorios especializados en actividades turísticas, lo que no beneficia particularmente a la economía regional.
Las tasas interanuales del Índice de Confianza Empresarial Armonizado, del INE, pronostican un proceso de desgaste. En cuanto a la inscripción de empresas en la Seguridad Social, también se contrae de mayo a agosto.
Por sectores, la agricultura regional se resiente en el primer semestre debido a factores climatológicos, en los primeros meses con abundantes lluvias y heladas que generan un exceso de humedad dañino para determinadas hortalizas, patata, fruta de hueso o almendro, y, sobre todo, al encarecimiento de los costes de producción, especialmente en energía, fertilizantes y piensos, aunque también repuntan los precios percibidos por los agricultores.
En cuanto a la industria parece menos afectada por su especialización sectorial en actividades energéticas, como así trasluce el Índice de Producción Industrial (IPI). El Índice de cifras de negocios en la industria perfila un avance incluso más recio. En sentido contrario, las fuentes basadas en opiniones cualitativas tienden a enmendar esta imagen favorable. Al desglosar el IPI regional por ramas industriales se detectan divergencias manifiestas, pero sobresale que la industria de la alimentación, la de mayor relieve dentro de las ramas manufactureras regionales, se desenvuelve muy relajadamente según las tasas interanuales y todavía no recupera el nivel productivo anterior a la pandemia.
Respecto a la construcción, la edificación residencial muestra señales de debilitamiento a causa de las subidas de costes y, posteriormente, del tipo de interés de los préstamos hipotecarios, pero crece la obra pública, con un volumen licitado muy superior al de 2021 y de los más elevados en las últimas anualidades. El deterioro de las expectativas no hace mella hasta ahora en el precio de la vivienda, al alza con vigor y apenas sin diferencia entre las subidas de la vivienda nueva y de segunda mano, si bien contribuye a una desaceleración de las transacciones comerciales.
La actividad en el sector servicios regional va retomando el pulso, según concluye el estudio del CES. En general, concluyen, los indicadores de actividad productiva también son propicios a la recuperación, como, por ejemplo, enseñan los índices de la cifra de negocios. Indicadores más específicos de determinadas ramas de actividad denotan dispersión. En el ámbito de los hoteles, la temporada veraniega se revela próspera, pero sin alcanzar los niveles anteriores a la pandemia.
Con estos antecedentes, además de un análisis sobre la caída del comercio minorista, la bajada de la demanda interna o la alta inflación, el CES afirma con rotundidad que siguen latentes los temores sobre la evolución de la actividad productiva. “Al no entreverse la paz en el horizonte, la guerra de Ucrania continúa generando consecuencias perniciosas”.
En el ámbito internacional, las economías occidentales, más concretamente las de Europa, están fuertemente expuestas a los efectos de arrastre de la economía alemana, amenazada de estrangulamiento a causa de dependencia del gas ruso, y a las persistentes previsiones de subida de los tipos de interés del Banco Central Europeo, siempre en el punto de mira a la hora de combatir la inflación, pero con el peligro de contribuir a una caída del PIB. Los cuellos de botella, el coste de la energía y, sobre todo, la escalada en los índices de precios no tienen visos de desaparecer en un futuro inmediato, concluyen.

