
¿Podemos ser humanos en un mundo que niega las necesidades humanas?
El pasado 8 de septiembre, día mundial de la prevención del suicidio, se celebraron en Murcia las II Jornadas de Psicología y Suicidio. Las Jornadas fueron organizadas por el COP-RM y el periódico La Opinión.
Al ser el suicidio un fenómeno multidimensional, se establecieron mesas con ponentes desde distintos campos para abarcar la complejidad del hecho.
Entre los datos que se aportaron destacamos que en España, en lo que va de año, se han contabilizado dos suicidios cada dos horas y cuarto. El 50% de los casos se producen entre la población infanto-juvenil. Actualmente en España, un 7´5% de niños menores de 12 años tienen ideaciones suicidas, un 2´2% planifican un suicidio y un 1´4 % llevan a cabo el suicidio.
Existen unas necesidades fisiológicas y además de ellas existen unas necesidades emocionales y sociales que de no ser atendidas pueden provocar aislamiento, desesperanza y llevar a tomar la decisión de acabar con la vida.
Cuando nos desconectamos de los demás nos desconectamos de nosotros mismos. Perdemos el verdadero sentido de la vida. Somos seres en relación. Las miradas, las caricias, la escucha, la emoción compartida. El abrazo, el beso, la comunicación y la risa.
Para sobrevivir en un mundo sin compasión como el actual, el ser humano utiliza mecanismos de defensa como la negación. Generamos un mensaje que se respira en el aire que consiste en “de lo que no se habla, no existe”. Negar hablar de suicidio no resuelve un problema que ha aumentado considerablemente en los últimos años. Especialmente, entre la población infanto juvenil ha aumentado un 20%. De ellos, solo el 10% habían recibido atención psicológica.
Todo ser humano tiene un yo genuino. El trauma es la desconexión con él. La sanación es la reconexión con él. En nuestra sociedad no existe una educación informada sobre el trauma. No se habla del sufrimiento, se evita o se niega. Si tuviéramos una sociedad informada sobre el trauma tendríamos una civilización más compasiva. Las enfermedades mentales o físicas son respuestas normales a una sociedad enferma. Lo que llamamos volver a la normalidad después de la pandemia es erróneo. No vivíamos en una sociedad sana e igualitaria. Si no tóxica y completamente desigual. Llamamos normal a lo que conocemos, pero que lo conozcamos no quiere decir que sea sano.
El trauma es la herida psicológica que se genera en el niño al tratar de adaptarse a una sociedad enferma. El trauma no es lo que nos sucede sino la herida psíquica que sufrimos ante lo que nos sucede. Solo al hablar de ello podemos empezar a solucionarlo. Cuando lo hablas, cuando lo escribes, cuando lo pintas lo haces presente y lo puedes abordar.
La música, el arte en general, construye un puente entre nuestro mundo interno y el mundo exterior. Es la mejor vía de comunicación que posee el ser humano. El arte nos humaniza. Decía Nietzsche que “la música es el alimento del alma, el resto es solo silencio”. En el arte nos encontramos todos y alguien que se siente acompañado es más difícil que se quite la vida. El arte nos reconecta con nuestro yo más auténtico. El arte reestablece el circuito entre el corazón de la niña y el corazón de la adulta. La adulta, con sus herramientas actuales, le ayuda a reparar el trauma a la niña, y la niña le devuelve la alegría y la generosidad a la adulta.
El suicidio es un fenómeno multidimensional en el que intervienen factores biológicos, bioéticos, psicológicos, antropológicos y sociales. Necesitamos un enfoque global para resolver este problema de salud pública. Y en este enfoque global la psicología que emplea el arte tiene mucho que aportar.
Soledad Hernando, es coordinadora del Grupo de Trabajo de Arteterapia del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia

