
Ahora que tanto nos hablan las noticias de Inglaterra por acontecimientos tanto luctuosos con la muerte de la reina como jubilosos por la coronación del nuevo rey, me viene que ni al pelo señalar el hecho de que a los españoles nos cuesta mucho trabajo aprender hablar en inglés. Y es que después de mucho machacar con los verbos irregulares, los Phrasal Verbs y la consabida tablilla de los verbos irregulares a muchos de nosotros se nos pone cara de póquer si tenemos que recurrir a dar alguna explicación algo más compleja en este idioma. Y no les digo más si es en inglés científico, ahí apaga y vámonos.
Pero no nos extrañemos tanto, hay algunos nativos de habla inglesa que parece que tampoco dan mucho pie con bola en esto del idioma y sin embargo sus frases han pasado a la historia con letras de oro. Si no que le pregunten a John Lennon (sí el de los Beatles de Liverpool) qué quería decir Ringo Starr (sí, también el de los Beatles de Liverpool) cuando tituló A Hard Day´s Night que muchos traducimos como ´ ¡Qué noche la de aquel día! ´, pero que al parecer esa traducción no llegaría ni al aprobado en las aulas. Y es que cuentan que el batería de Liverpool hablaba cometiendo algunos errores lingüísticos que al resto de la banda le encantaban. Así que, españoles todos, no desesperen, como siempre digo, esto pasa hasta en las mejores familias, aunque sean del mismísimo Liverpool y no de cualquier pueblo perdido de la España cañí.
Pero bueno, yo es que no tengo remedio, me estoy enrollando con la música, la jefa, que me conoce, siempre me repite que cuente historias y no me vaya por las ramas, que vaya al grano, y a mí me parece que me estoy desviando un pelín (quizás más de cuarto y mitad, no sé), así que entremos en profundidad.
Pues ´serían las tres o las tres y media´ (esto ya lo saben mis seguidores, es que así empiezan siempre las historias para que parezcan más interesantes) cuando se reunieron los más o menos 500 ciudadanos que constituían la aldea de Liverpool en 1551 y después de que fuera declarada puerto por el rey de Mercia Juan Sin Tierra, dijeron casi al unísono: “bueno y ya que tenemos la consideración de puerto ¿por qué no nos convertimos en el mayor del mundo?” pues nada, se pusieron manos a la obra y consiguieron que la primera dársena de flotación del Reino Unido se construyera en Liverpool y la ciudad recibió también el privilegio de mercado, making merchandise, (perdón jefa, pero me río yo de que ustedes los economistas actuales digan que inventan palabras y jergas de macroeconomía, está todo inventado).
Los liverpulianos (qué, ¿a qué no les suena? Pues sí, ese es su gentilicio) se vinieron arriba y pronto, y casi sin darse cuenta y de la noche a la mañana (bueno sí, soy un poco exagerada, no fue de la noche a la mañana, pasaron años, pero pocos) contaban ya con 25 dársenas espaciosas y cómodas por las que pasaban más de 30.000 barcos con importaciones y exportaciones de materias primas y diversos objetos de la empresa manufacturera de Liverpool.
Y la población también creció y creció con la llegada masiva de los emigrantes irlandeses que huían de la Gran Hambruna y se acercaban al sol que más calienta, así que los liverpulianos (ya sí les suena ¿verdad?) se reunieron y dijeron “bueno, pues no nos vamos a dedicar al pequeño comercio, pues ya que estamos, vamos a conquistar grandes nichos de mercado marítimo, y si hay que ir a África se va, y si hay que ir a América se va (porque algunos vociferaban: “pero ´ir pá na´…” y ya saben, así se crean las coletillas en la historia)” y empezaron también a comerciar con personas. Entonces fue cuando zarpó de Liverpool a África el primer barco negrero, el Liverpool Merchant, en busca de esclavos. Y poco a poco la ciudad fijó como nuevo objetivo empresarial el comercio de la trata de negros consiguiendo rápidamente controlar el 40% de los esclavos de Europa y el 80% de los del Reino Unido (ahí es nada).
Pero claro, el chollo no podía durar toda la vida, así que, cuando se abolió la esclavitud, el espíritu empresarial de los liverpulianos (¿ven? ya nos son familiares, claro) no cesó ni dejó de ser creativo, se planteó nuevas metas y se dirigió a otros espacios culturales como el de la música con la aparición de grandes bandas (como los Beatles y otras muchas) que generaron grandes dividendos (¡cómo domino el argot financiero!) a la ciudad.
Total, que tantos éxitos comerciales dejaron la ciudad convertida en el primer baluarte del Imperio Británico jalonado con los restos arquitectónicos más importantes del siglo XVIII al contar en su haber con más de 2500 edificios públicos catalogados que permiten que la ciudad sea considerada como el mejor ejemplo de ciudad victoriana. Así que ya saben dónde tienen que ir, les bastará con pasear si desean contemplar la arquitectura de más raigambre de Inglaterra. Ahora, no dejen de visitar el museo de los Beatles (The Beatles Story) pues, aunque no les guste la banda, eso sí les ayudará a redimirse con el idioma.

