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ENTRE TÚ Y YO

Arreglos y “mandaos”, SL

María Belén Albaladejo Lunes, 10 de Octubre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Contaba con ello. Intuía que iba a pasar y, efectivamente, está pasando.

 

         Tener todo el tiempo del mundo para ti pone los mimbres a temblar, sobre todo después de estar años encorsetada en un horario físico amplio y en un horario mental infinito.

 

         Hasta ahora, las parcelas de ocio, de compras necesarias, de descanso, de visitas médicas, en fin, de todo eso que es vivir además de trabajar, estaban organizadas en huecos generados con pico y pala. Si había que posponer la visita al dentista, pues se posponía e inventaba una ecuación de tercer grado para rescatar un hueco antes que la muela tuviera vida propia más allá de mi boca.

 

         Ahora, que tanto mi horario físico como mental gozan de libertad absoluta, ¡sigo con el pico y la pala sacando huecos para hacer las cosas! ¿Cómo es posible?

 

         Vivimos en una sociedad donde el movimiento es el rey. Todos nos desvivimos por estar en continuo trasiego, haciendo “cosas” e incluso, lo trasladamos a los demás.

 

         Recuerdo que lo primero que  me preguntaba todo el mundo cuándo contaba que me prejubilaba era: “¿Y qué vas a hacer todo el día?”  Y a renglón seguido empezaba una “tormenta de ideas”. Y yo sin querer contestar “Nada, y aun así no me aburriré”.

 

El agobio tiene algo de tremendo. Yo era la que se prejubilaba. La que no sabía en qué iba a ocupar las horas, cómo iban a reaccionar mis percepciones, sensaciones y emociones ante el cambio. pero el ansia de resolver pronto, de tomar decisiones, de gestionar agenda diaria los  envolvía a todos.

 

¡Y me veo sin saber qué son las horas de asueto! Me llegan encargos por todas direcciones y de toda índole. Encargos, recados, arreglos, composturas, reparaciones que me tienen más que entretenida de aquí para allá y sin patinete ni artilugio de origen incierto.

 

         Las peticiones están hechas desde el cariño, por las ganas de ayudarme y por ese agobio general de  “Ahora, ¿qué vas a hacer?”.

 

Cuando oigo “Belén, tú que tienes tiempo, me puedes…”, comienzo ya a reírme y me pongo en marcha.

 

Y se me ha ocurrido darle forma “jurídica”. Porque soy un desastre y  no quiero dejar a nadie en ridículo  por no cumplir los recados de forma eficaz y eficiente; para poder soltar el pico y la pala de una vez y para no ir como pollo sin cabeza de un lado a otro todo el día. Es complicado arreglar una cisterna con camisa fina de seda y poco decoroso presentarse en la Consejería de Hacienda, en nombre de alguien, con el modelo “domadora de perros” y sudada. ¡Menuda pinta!

 

Voy a organizar en tres grandes temas las actividades que se me van demandando. El primero, arreglos, el segundo “mandaos” y el tercero varios. Con sus consiguientes apartados, arreglos de fontanería, eléctricos, pintura, persianas, zapatería, costura, etc.; “mandaos” de gestiones administrativas en versión digital o presencial, paquetes para recoger, entregar, reclamar, etc. En varios va todo aquello que no encaje, a priori, en los otros y requiera unas labores específicas.

 

Lo siguiente es delimitar los días para cada tema. Es importantísimo este aspecto, de él depende la vestimenta que elija.

 

Si toca encargos de papeles digitales y los puedo solventar desde casa, atuendo hogareño sin más (salvo que me tenga que realizar alguna foto). Si son presenciales requiere un conjunto más elaborado.

 

 Si toca arreglos, ya tengo visto un mono de trabajo violeta precioso, aislante, impermeable e ignífugo con mil trescientos bolsillos y enganches para todas las herramientas que existen. ¡Con este modelazo y un casco  me enfrento a toda tarea manual con poderío!

 

Para varios tengo un “fondo de armario” que recoge desde un  traje de buceo hasta el refajo de huertana  y la túnica nazarena. Por lo que se pueda presentar.

 

Bien, ya tengo cosas claras de la nueva empresa. Objeto social: amplio, todo lo que sea ir, hacer, reparar, llevar, traer, recoger, podar, coser, llamar a distribuidoras eléctricas y sucedáneos, reclamar, buscar ofertas, acompañar, etc.

 

El capital social son mis manos, mis pies y mi descontrolada imaginación, y mi entera disposición si nos ceñimos a los días seleccionados por temas. Como bien material cuento con un calendario en papel, con números grandes y espacio donde apuntar las tareas, para no cometer errores de bulto y presentarme en correos con el mono violeta y un destornillador en vez de ir acicalada y monísima y con la pertinente autorización de recogida del paquetito.

 

El ámbito de actuación será preferiblemente la ciudad, pedanías y pueblos cercanos.

 

Y para terminar, inscribirla en un registro con sede en mí. El registro de mi  corazón.

 

Cierto es que esta “empresa” nace con pasivo. Sí, debo, y debo mucho. Debo agradecer a la “clientela” su empeño por que mis días sean divertidos y productivos. Debo agradecer que me tengan siempre en mente e, incluso, que se “fabriquen mandaos”.  Debo agradecer los desvelos por procurarme felicidad, debo agradecer la confianza que ponen en mí para delegar sus navegaciones por la web de temas variopintos, para dejarme sus zapatos sin ni siquiera pensar que, quizá, mi arreglo les ocasione un callo o la persiana se vuelva a caer o la cisterna vuelva a gotear o la poda del olivo sea excesiva y en vez de recortar tres chupones se convierta en un  bonsái.

 

Desde el más real de los cariños seguiré yendo y viniendo a lo que se me pida, pero… ¡organicémonos! Más que nada porque la muela me empieza a molestar y tendré que sacar un hueco para ir al dentista.

 

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