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ENTRE TÚ Y YO

Palabras

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 13 de Octubre de 2022 Tiempo de lectura:

         

              Con la frase de Gustave Flaubert donde “todo el talento de escribir no consiste más que en la elección de las palabras”, sentirse parte de sus pensamientos, acercarse a la ironía, a hechos que se asemejan a lo que ocurre en la vida son argumentos para remover las conciencias, un modo de empatizar con esos genios que han prolongado su obra junto a la historia de la humanidad. Aunque se diga con admiración, lo cierto es que todo escritor que se precie sienta cátedra en su página en blanco. Y todo intelectual se atreve a recomponer lo que abarca por sí mismo, dejando un gran espacio a la creación literaria, a la grandeza, a la satisfacción y plenitud del hombre.

 

             Esas voces tan fuertes, tan atrevidas, perturban la paz de los que sentimos inseguridad al intentar razonar situaciones complejas, que están muy cerca de cada uno de nosotros, y que aventurarse a hablar de ellas contiene un alto grado de responsabilidad. Pero, ¿sabemos apreciar su intención? o ¿es un mero estado de ánimo particular? Porque Flaubert padecía crisis de epilepsia que afectó a su equilibrio interior y a su conducta social. Cuando le preguntaron por la personalidad de Emma Bovary, su personaje más aclamado, cómo había resuelto, logrado la compleja minuciosidad del comportamiento de esta mujer, contestó: “Madame Bovary soy yo”, aunque la inmoralidad de su heroína, en aquel momento, llegó a causarle disgustos con la justicia.

 

            También el conde Giacomo Leopardi (1798–1837) poeta, filósofo, erudito italiano, y otras muchas atribuciones intelectuales, apunta: “La idea de la felicidad es siempre un engaño”. Raquítico, jorobado, hijo de una familia noble, educado junto a sus hermanos en un ambiente severo, rígido, con muchos vaivenes económicos, sometidos al riguroso control de la madre. Y aunque pudo estudiar ciencias y letras, y tener acceso a la gran biblioteca de su padre, no dejó de padecer tormentos psicológicos y de todo tipo en su vida.

 

            Cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad para dar rienda suelta a situaciones creativas, sentirá que el mundo se transforma. En el caso de la literatura, como dice Flaubert, más que talento es utilizar las palabras, darles la vuelta para demostrar algo concreto. Los pensamientos tienen un proceso de creación cuando se unen a unas palabras correctas. El escritor confecciona una página, capítulo o relato, dando forma a esas enigmáticas palabras que se enredan rebeldes, difíciles de dominar. Palabras raras, no convenientes, escritas para sí mismo. Un juego solitario de lucha por situarse en el complejo mundo de las ideas, donde quien escribe está siendo observado por el espectro que atenaza su mente. Huir del propio pasado, de la pequeña historia personal es muy difícil. El arte se construye sobre el pasado del artista, con sus errores o sus anhelos, sobre la pirámide de su vida. Está afectado por su infancia, la salud, la convivencia familiar; nadie escapa de la influencia que ha tenido en la intimidad familiar. Esa parcela de felicidad que no siempre cumple su cometido, pero está muy presente en la vida de cada uno.

 

            Paulatinamente, se van dejando cosas que antes eran interesantes, pero cuando aparece el otoño con sus nostalgias y sus melancolías, donde algo nos empuja a cambiar, ya que el gusanillo de lo nuevo crea una situación que se produce todos los años. Avanzar en las solitarias penumbras donde el encuentro personal es inevitable. Hay que pensar en ello. No nos debe llamar la atención ni confundir este desapego de lo cotidiano, esta expectativa que llama a la puerta después de dejarnos la piel en un verano aplastante de sol y luz cegadora. Es tiempo de abrir los ojos a otras situaciones.

 

            La música suena, mientras llueve con deleite. Hay belleza y mucho que aprender de esta frase que he copiado de algún sitio; detenerse, llenarse de encanto, porque elegir siempre se puede a menos que no se quiera acaparar lo imposible. Encontrar otros caminos será un indicio de cambiar algo. No cabe detenerse sobre el porqué de cada situación, es más sensato dejarse arrastrar por la belleza de lo cotidiano. El recuerdo de lo pasado solo es válido para asentar la voluntad de lo que vamos construyendo en el ahora, puesto que lo demás es una franja que ya no está a nuestro alcance.

 

            Ayer al regresar de Gran Canaria, terminaba una etapa paradisíaca de la que disfrutaba con mis hijas. Un acontecimiento alegre, una boda con reencuentro familiar, con la belleza añadida de una isla maravillosa. La vuelta hacia la normalidad detiene la mente por unos días. Cuesta regresar de ese viaje que no es solo físico a la pertenencia individual, a lo que te hace sentir que cumples un cometido en la vida. Será porque viajar es una aventura donde el cambio provoca un impacto emocional que traspasa los límites. Los abatimientos del alma. Será porque habrá que apartar esos trasiegos al finalizar el día. Y dejar espacio al nuevo amanecer conocido. El de siempre.

 

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