
Debemos de ser cautos a la hora de emitir comentarios supuestamente graciosos. Conozco a uno que, en un bar de Calatayud, le preguntó a una camarera muy mona si se llamaba Dolores y, un rato después lo tiraron al río Jalón.
La otra mañana, se armó un gran alboroto en mi mercería. Una clienta contó que había pasado el fin de semana en un pueblo de Ciudad Real. Se trata de una mujer muy sociable que enseguida emprende conversación con todo el mundo. Estaba comprando en la verdulería, charlando con las parroquianas y la dueña del establecimiento, cuando de pasada comentó que era de Murcia. Entonces, al escucharla, una de las clientas, en plan jocoso le comentó:
-¿Sabes lo que se dice aquí? Pues que de una puta y un gitano nació el primer murciano.
Y tras soltarlo, rió a carcajadas.
Mi clienta, al oírlo, no se pudo contener y le respondió muy seria y en tono tajante:
- Lo que no dice el refrán es que la puta era de aquí.
“Al escucharme, han enmudecieron todos –aseguró-, acabándose de un plumazo la broma. Y eso que me contuve y no dije lo que de verdad pensé decir: ¡Que la puta del refrán era su madre!”.
Tras escuchar el episodio, pensé: ¡Madre de Dios! Llevaba razón Miguel Hernández con lo de murcianos de dinamita…

