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ENTRE TÚ Y YO

Totó y la pirámide de Maslow

María Belén Albaladejo Lunes, 24 de Octubre de 2022 Tiempo de lectura:

 

No es mala estrategia basarse en la Pirámide de Maslow para establecer “mi lista de cosas para hacer”. Vale, ¡perfecto! Empecemos por las necesidades básicas: dormir (sobre todo no madrugar), alimentarse correctamente, etc. Parece sencillo, pero…


Éramos una familia de dos. Así lo  dice la RAE, la Ley, un libro de tapas azules y, sobre todo, el corazón.


La incorporación, hace dos años, de un cachorro de pelo rizadito que, cuando le viene bien responde por Totó, no debería haber supuesto ningún cambio en el término. Y aquí es cuando  ves que la semántica presenta  vericuetos que se complican con estas “pequeñas” integraciones.


[Img #93755]¿Qué se es cuando una bola peluda que no para de crecer, te mira con una insistencia apabullante a las 6 de la mañana? ¿Qué se es cuando esa misma bola peluda finge seguirte a todos sitios? ¿Qué se es cuando, si te ausentas, te asaltan las prisas por volver a casa? ¿Qué se es cuando se acurruca  melancólico en un rincón y buscas, sin tino, el teléfono de Ceuvet clínica  veterinaria? ¿Qué se es cuando pasas por un chino y no puedes evitar entrar para encontrar el tesoro de una pelota nueva? ¿Qué se es cuando suena en bucle Mari Trini en casa, porque ayer “observaste” que movió las orejas, la cabeza y sus patitas al son de “Yo no soy esa”?


La familia ha crecido y no veo dónde se registra en el libo de tapas azules. Aunque Totó tiene otro libro, también de tapas azules, solo para él y con más anotaciones que el libro de bitácora de Magallanes y Elcano, no es el libro familiar.


 Viendo el sistema gregario que se va imponiendo en la estructura relacional del hogar, busco un término que nos defina. Manada en sentido literal, sin el componente peyorativo actual, es la primera que me surge. El problema es que somos especies distintas, por lo tanto, no formamos manada. Busco otra…tribu. Contrariedad: nuestros antecesores son distintos, así que tampoco somos una tribu. Y aquí ando, sin palabra para nombrarnos, pero con la realidad de FAMILIA, en mayúsculas, presente.


Tengo claro que nosotras sabemos que es un perro, pero también tengo claro que Totó no sabe que nosotras no somos de su especie. Diría más, ¡está convencido de que algo nos pasó en una pelea, con alguna fiera, cuando éramos pequeñas y por eso no andamos a cuatro patas como él! Si miramos desde su prisma, somos manada. 


Así que, por el  bien de la convivencia familiar, en este hogar se madruga y la única alternativa para el cumplimiento de la  lista básica y el descanso es acostarse tempranito. ¡A las nueve, en la cama estés!
Alimentarse de forma equilibrada y comer con serenidad ya es un hábito. Se han eliminado los fritos y complicaciones varias que no podemos compartir con él. ¡El ojo vigilante del perrito a la espera de algo en su plato es peor que la amenazante báscula del cuarto de baño!


De un plumazo, por Totó, completado con éxito el primer escalón de la pirámide de Maslow.


El segundo peldaño, necesidades de seguridad y orden en la vida, también está consolidado gracias a él. Ejercicio a diario recorriendo calles a buen ritmo,  dando vueltas a jardines y visitando portales conocidos. ¡Los 10.000 pasos que recomienda la OMS los sobrepasamos!


Con lo trasto  que es, se impone mantener  en casa un orden y una atención constante para generar un ambiente cálido. Un espacio seguro, cuidando nuestras finanzas para  garantizar que esta casa no va a ser embargada ni pasto de las llamas (acabamos de adquirir un extintor con muy buena pinta). Si nosotras nos sentimos seguras, él también.


El tercero, necesidades sociales, superado con nota. ¡Hemos ampliado el ámbito de relaciones hasta el infinito y más allá! Saludos, sonrisas, conversaciones, alguna “clienta” para mi empresa de “Arreglos y Mandaos”, nuevas querencias y  certeza de pertenencia a un grupo de complicada definición, “los pipicaneros”.


El logro de las  necesidad de estima o reconocimiento vienen de la mano de Totó a borbotones. Completar el cuarto escalón está siendo una experiencia mágica. Su agradecimiento  diario con lametones, bailes a dos patas y giros acrobáticos. La seguridad con la que anda a nuestro lado (siempre que no se cruce un pato o un gato). La confianza que muestra, buscando refugio, pegadito a nosotras. La cobertura  emocional que da y pide, variando su tono de ladrido y la caída de ojos, entre la opereta ligera y los palos flamencos merecen un estudio en condiciones. Ya le reconocemos  sin esfuerzo, soleares, seguiriyas y bulerías. Con los fandangos, aún nos cuesta distinguir si es de Huelva o de Málaga. 


Teniendo en cuenta que somos nosotras las que lo alimentamos, lo tenemos paseado, acariciado y “hablando”  todo el día ¡como para no confiar y mostrar su cariño y alegría a raudales!


Somos sus heroínas, y eso afianza mucho nuestra autoestima y reputación de buenas compañeras de vida.


El último peldaño, la sensación de haber logrado el éxito personal, es algo que percibí hace poco.
Oí a uno de mis hermanos decirme: “¡arrea pufff! (no sé cómo se escribe pero sonaba así). Te pareces a  tu hermana Aurelia. Hablándole a Totó con voz cursi: “¡Muy biennn!, “te quedas un poquiiiito”,” ven aquiiii que te achuche”, haciéndole palmas. Clavaíca”.


Y qué hay más maravilloso, como éxito personal, que parecerse en algo  a quien se quiso en presencia y se sigue queriendo en ausencia.


Sé que algunos pensarán que es una tremenda osadía vincular  la teoría de Maslow a la existencia y convivencia con un perro. Quien tenga un ser de otra especie enredado en sus piernas las 24 horas del día, quizá sonría y la comparta, o no.


En cualquier caso, es mi osadía y mi realidad. Gracias Totó.

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