
Estamos viviendo una transformación global del mercado de trabajo y de las organizaciones. Lo que era válido hace 10 años hoy ya no nos sirve.
Hemos incrementado la velocidad hasta tal punto que, en ocasiones, vamos descontrolados. El ya y el ahora se han instalado en el argumentario de los comités de dirección quizás provocado por la presión de los clientes, entre los que estamos cada uno de nosotros, que necesitan/necesitamos su producto y servicio cada vez antes.
Tomamos decisiones sin apenas poder evaluar la situación y las consecuencias de las mismas. Queremos ser los primeros en todo a costa de lo que sea. Lo importante es llegar por delante del resto, el cómo da igual.
Con esta situación me viene a la mente una fantástica frase que he escuchado varias veces a mi gran amigo Juanjo Almagro: “Cuando el capital se vuelve impaciente, el directivo se vuelve indecente”.
Y eso es lo que está ocurriendo. Estamos rodeados de personas “indecentes” que anteponen el beneficio al resto de cosas. Ganar, ganar y ganar es lo único que importa. Parece que la ética está perdiendo la batalla frente a la inmediatez dañina y viral. Todos somos muy éticos hasta que llega la hora de hablar de resultados. Ahí es cuando empezamos a temblar.
Sin embargo, encontramos una fuerza laboral, un talento, que busca empresas con valores donde el corto plazo no tiene cabida y donde ser un ejemplo como persona es la clave para atraerlos a nuestras organizaciones.
El talento busca conciliación entre la vida personal y laboral, un trabajo que permita desarrollar su potencial, flexibilidad laboral, buenas condiciones de trabajo (no solo salariales), comunicación interna fluida, organizaciones poco jerarquizadas y lideradas por personas que trabajan con confianza.
El 44% de los empleados de las pymes de toda España tiene previsto buscar un nuevo empleo en los próximos 12 meses según un estudio realizado por Personio. En mi opinión, algo bajo me parece este porcentaje. El trabajador busca cosas que las organizaciones no están ofreciendo.
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La fórmula mágica está en conseguir trabajar en el corto y largo plazo a la vez. Está en combinar resultados y desarrollo, en dejar de lado la indecencia para dar paso a la coherencia. Ya lo he dicho en multitud de ocasiones: un empleado motivado es más productivo y la productividad genera beneficio.
En este universo de corto y largo plazo la figura del director de personas, de recursos humanos o como te dé la gana llamarlo juega un papel fundamental.
El reto del área de recursos humanos es generar valor para la organización. Ya no son suficientes las tareas burocráticas, sino que debe destinar sus esfuerzos a contribuir para mejorar el funcionamiento de las organizaciones.
Tres son los aspectos claves para trabajar un nuevo paradigma de recursos humanos que ayude a conseguir el objetivo marcado:
- Pasar del modo supervivencia al modo crecimiento. Debemos crear equipos que ayuden al crecimiento de las organizaciones, equipos que se sienten parte del proyecto y que saben cuál es su contribución al mismo. Durante la pandemia y ahora con la crisis algunas organizaciones han parado las máquinas y se están dejando llevar por la corriente. Lo que no saben es que o se ponen en marcha y comienzan a navegar a toda máquina o desaparecerán.
Los candidatos se inclinan por aquellas empresas que priorizan el bienestar de los empleados, responden a sus preocupaciones y les ofrecen desarrollo profesional.
- La flexibilidad es el nuevo imprescindible. Durante la pandemia y con el teletrabajo se han registrado niveles muy altos de productividad y de compromiso. Ya no hay duda de que un trabajo flexible logra mejores resultados. El teletrabajo ya no es cosa de grandes compañías o de entornos digitales, es una opción que todas las empresas deben ofrecer.
En la era de la digitalización la confianza entre empresas y empleados se construye desde el primer día y requiere de transparencia para evitar decepciones por ambas partes.
- Más diversidad e igualdad para atraer al mejor talento. La paridad es un factor determinante para tomar una decisión profesional. Fomentar la diversidad y la inclusión tiene como resultado culturas corporativas más sólidas e innovadoras, capaces de sobrevivir en un entorno cambiante.
Desde recursos humanos tenemos la misión de ayudar a construir organizaciones más competitivas, más éticas, más atractivas, más flexibles, en definitiva, más humanas.

