
Muchas veces tengo la impresión de que, aunque el mundo avanza muy deprisa, las grandes invenciones ya se idearon en estos últimos siglos. Las vemos cada día en el hogar, con la aspiradora, el horno microondas, la lavadora, la máquina de café, la grapadora o la bombilla. Y también, cuando salimos a la calle y pagamos con una tarjeta de crédito o vemos los patinetes eléctricos circulando, por poner algunos ejemplos recientes. La estrella de todas, al margen del submarino Peral, es sin duda la fregona, patentada por el español Manuel Jalón en 1964, seguido muy de cerca por el Chupa Chups (1963), también de patente española gracias al confitero Eric Bernat. Luego, hay otros inventos que no tuvieron su pretendido impacto, como los trajes de baño de corcho, la bañera mecedora o la sombrilla para cervezas.
El caso es que, aunque las oficinas de patentes de todo el mundo están repletas de registros desde hace muchos años, lo cierto es que la necesidad de proteger una invención es, en la mayoría de los casos, crucial, aunque cada vez resulta más complicado. De hecho, en España ya tuvimos la última reforma de la ley de patentes en 2015, precisamente, para darle mayor rigor a la protección de los inventos y que no valga cualquier cosa. Y menos en un mercado tan global como el actual, donde se inventa en un país, se desarrolla en otro y se comercializa en otros cuantos de muchos rincones del mundo.
Cuento todo esto, porque el asunto de patentar una innovación cuando se inicia un negocio o se crea una StartUps basada en una idea nueva y que, al desarrollarla, adquiere capacidad incentiva – así lo escoge la ley-, es un tema que tiene muchos puntos de vista. Es cierto que las StartUps que desarrollan productos basados en software tienen difícil su protección industrial pues ya no es patentable, pero hay muchas que tienen desarrollos que deben proteger. Y esto es algo que debe plantearse desde que se empieza a emprender.
Y aquí viene el dilema. ¿Patentar o no? Porque patentar es costoso, tarda mucho tiempo y hay que saber lo que se quiere proteger. Para que no llegue el listo de turno y cambiando dos palabras tenga otra patente distinta, pero que le permita hacer lo mismo. Pero es al única forma de proteger la invención. Hacerlo y hacerlo bien.
Y luego la otra opción. Desarrollar rápido y ponerse en el mercado para adelantarse todo lo posible antes que de la competencia haga lo mismo sin necesidad de entrar en conflicto. Porque una vez visto su funcionamiento, el resto es fácil. Luego ya vendrán a comprarnos la idea o, incluso, la empresa.
En fin, que hay un mundo en lo referente a la protección industrial y está muy vinculado a las StartUps y a nuestros amigos emprendedores. Porque no hay que olvidar que toda tecnología lleva asociada una parte jurídica y reglamentaria. Y hay que conocerla. Como se suele decir, que no nos pillen en la luna de Valencia y luego tengamos que lamentar recurriendo a aquello de que más se perdió en Cuba. Porque perder no es la opción correcta.
Ley de Patentes de 2015.

