
La Guardia Civil ha desarticulado un grupo criminal a cuyos cinco miembros se les atribuye delitos de robo, receptación, relativos a la protección de la fauna y contra el mercado y los consumidores con la sustración de ejemplares de atún rojo de una piscifactoría de engorde de la Región. Los ocho ejemplares robados, con un peso de 1.750 kilos tienen un valor superior a los 80.000 euros.
La Benemérita, en colaboración con la Policía Local de San Javier y del Servicio de Pesca y Acuicultura de la Región, ha recuperado más de media tonelada del total de lo robado.
La investigación se inició el pasado mes de agosto, cuando una empresa dedicada a la explotación de granjas acuícolas de engorde de atún rojo denunció ante la Guardia Civil el robo de ocho ejemplares, valorados en 80.000 euros.
Iniciada la operación ‘Red Tuna’, la Policía Local de San Javier puso en conocimiento de los investigadores la interceptación de una furgoneta en la que eran transportados dos atunes, sin las mínimas medidas de salubridad, cuyo conductor no pudo acreditar su legal tenencia.
Los especímenes, con un peso superior a los 220 kilos cada uno, fueron incautados y posteriormente identificados como propios, por la empresa denunciante.
Guardias civiles del Seprona centraron entonces las pesquisas en la localización de posibles puntos de receptación de los atunes robados, disponiendo una serie de inspecciones en comercios del sector.
El resultado fue el hallazgo de 63 kilos de atún rojo, a la venta en una pescadería de la comarca del Mar Menor, lo que permitió identificar a tres personas presuntamente relacionadas con la sustracción y la venta del producto. La persona que lo había vendido contaba, además, con un abultado historial de denuncias por infracciones en materia de pesca.
Hasta el momento, la operación ‘Red Tuna’ ha resultado con la detención de dos hombres, y con la investigación de otros tres, supuestos miembros de una organización criminal a la que se le atribuye la presunta autoría de los delitos de robo, receptación, relativos a la protección de la fauna y contra el mercado y los consumidores.
Modus operandi
Según se desprende de la investigación, el grupo criminal ahora desmantelado dividía sus tareas delictivas que se iniciaban con la captura de los especímenes, su traslado en embarcaciones de recreo hasta línea de costa, donde eran cargados en furgonetas y, finalmente, puestos en el mercado.
A las piezas se le extraían las vísceras en la propia embarcación, que no contaba con sistemas de refrigeración, lo que provoca en la carne una alta exposición a la creación de histamina, con el consiguiente riesgo para la salud pública.
Después de su despiece y sin el debido control sanitario, eran vendidos por un precio por debajo al de mercado a terceros que, presuntamente, conocían de su ilícita procedencia.

