
Seguro que más de uno está ya completando el título de mi artículo y canturreando por lo bajini: “matarile, rile, rile, matarile, rile ron, chimpón”. Aunque a otros les traerá un dolor de cabeza esto de las llaves si piensan en su hipoteca (que si fija, que si variable, ...) y su largo peregrinaje por distintas entidades bancarias con el objetivo de comparar, dudar, buscar y decidir acerca de la inversión más grande de su vida. Pero la entrega de llaves de su nueva vivienda se divisa como el horizonte más feliz, como la meta final que pondrá fecha y hora a un nuevo entorno, a un futuro hecho realidad que se materializará en ese acto simbólico redentor de las mayores cavilaciones familiares durante gran parte de su proceso emancipador ¡Ah, la llave! Seguro que muchas de nuestras adolescentes conocen muy bien la importancia de la llave cuando escuchan decir a Pablo Alborán aquello de si yo tuviera la llave de tus ojos cerrados/ Si yo pudiera inventar cada recuerdo, cada abrazo, en fin, nada como tener la edad del pavo para entender el valor de algunas llaves.
Es verdad que los tesoros y los secretos suelen guardarse en cofres bajo siete llaves (me recuerda esto a aquellas agendas juveniles que teníamos siendo adolescentes a las que le echábamos tres vueltas de llave para mantener en secreto nuestro diario ¡no se la dábamos a nadie ni aunque nos mataran!), de ahí que el acto simbólico de la entrega de llaves también puede entenderse en clave honorífica de tal modo que cuando una relevante personalidad visita una ciudad, el ayuntamiento correspondiente puede entregarle La Llave de la Ciudad como entrega rendida simbólica a su alta dignidad (fíjense que es el propio San Pedro quien abre las puertas del cielo, mejor tenerlo presente, por si acaso).
Pero no crean ustedes que esto de que la llave es símbolo de autoridad surge con el cristianismo, no, es mucho más antiguo pues parece ser que ya algunos jeroglíficos del antiguo Egipto (volvemos al Libro de los Muertos, que todavía estamos en el siniestro noviembre) muestran a Anubis como su primer usuario sujetando las llaves del más allá, aunque definitivamente el invento se lo adjudicara otro, un griego llamado Teodoro de Samos (yo creo que Anubis tenía que haber registrado la patente) muchos años más tarde, allá por el siglo VII a. de C.
Seguro que más de uno ya está esperando que le cuente aquello del ´matarile´ pues sí, lo voy a hacer antes de que se me acabe el folio. Resulta que ciertos investigadores sitúan la canción infantil como resultado de la evolución del árabe andalusí ma tari li, rili, rili, rúd, fid, bún que viene a decir que lo que vas a adivinar, adivínamelo, adivínamelo y contesta: bien (no sé a ustedes, pero a mí esto me recuerda al juego de las adivinanzas ¿habrá que adivinar también lo del ´dar matarile´?). A vueltas con las palabras quién sabe, aunque es cierto que ellas en sí no tienen valor y pueden sufrir alteraciones (algunos señalan que hasta el propio Unamuno en “Recuerdos de mi niñez y mocedad” alude a que ambó, ambó, matarile podría referirse al francés ai un beau château. De igual modo muchos investigadores cifran el origen de la canción infantil en la diáspora de las poblaciones judías después de su rechazo por parte de los visigodos y sobre todo de los reinos cristianos de la Reconquista (el único que se salva aquí es el que fue rey de Castilla, Alfonso X, quien defendió el “Toledo de las 3 culturas”, que por algo le apodaron “El Sabio”, digo yo), así que después de la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492 éstos firmaron el Edicto de Granada redactado por el Inquisidor Tomás de Torquemada para expulsar a los judíos de los reinos de Castilla y Aragón buscando unidad política y religiosa (aunque quizás también tuvieran algo de envidia de los ricos y emprendedores que eran los judíos, no sé) y los judíos emprendieron una diáspora hacia Túnez, Argelia u otros lugares llevándose las llaves de sus casas como símbolo de su autoridad y lógicamente muchos murieron en esas largas travesías perdiéndose las llaves ´en el fondo del mar´.
Así quedó en su recuerdo la nostalgia de España, el regreso y el recuerdo de los que se fueron, pero su evocación aparece en los juegos de niños y se transmite (seguramente de forma acrítica e ingenua) a través de las canciones infantiles. La descendencia de aquellos judíos expulsados ha visto su vuelta a España después de la derogación del Edicto de Granada. Y ya en 1990 se concedió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia a las comunidades sefardíes. Así que por lo menos ya sabemos ´quién irá a buscarlas´.
Si tienen ocasión de visitar la Capilla Sixtina en el Vaticano presten atención a la quinta pared norte a partir del altar en la que el fresco magnífico de Pietro Perugino 'La entrega de las llaves a San Pedro' subraya la transmisión del poder espiritual de Cristo a San Pedro representada en la entrega simbólica de las del cielo. A ese no se le perdieron.

