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ENTRE TÚ Y YO

Noviembre, una mejicana y un regalo de Navidad

Lady Marian Miércoles, 23 de Noviembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

A una gran mayoría no os gusta el mes de noviembre, es un mes de transición, como de una espera impaciente para la deseada Navidad o para los no creyentes, para unos deseados días de vacaciones.  A mí y no es por hacer la contra, me encanta este mes, el mes de las castañas asadas, de los guisantes, de final de la vendimia y de los atardeceres rosas.

 

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Uno de estos atardeceres me trajo la oportunidad de ver y escuchar a una mujer valiente. Todos o casi todos conocemos la historia de la periodista, escritora y activista por los derechos de la mujer: Lydia Cacho.

 

Lydia es curvilínea y tiene una voz poderosa, muy mejicana, una voz que entiende muy bien la naturaleza humana.


Hace ya 16 años que fue secuestrada y torturada durante 48 horas.


Sobrevivió y se convirtió en una superviviente, jamás en una víctima, eso hubiese sido lo más fácil y ella no es una mujer fácil.

 

Su libro 'Demonios del Edén', destapó una temible red de pornografía infantil que implicaba a personajes de la sociedad mejicana.


Tuvo que huir y está felizmente afincada en nuestro país.

 

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Después de escuchar parte de sus vivencias personales y laborales, me quedo con su sonrisa.


La sonrisa de la valentía, del inconformismo, del que hay que hacer para solucionar las cosas que están mal. Con prisa, pues no quería perderme ni una sola palabra, anoté esta frase: “el miedo es un fantasma que no tiene poder ni fuerza, excepto la que le otorgamos “Pienso igual que Lydia, el ser humano es bondadoso, aunque capaz de hacer el mal. Pero el mal, la violencia es una elección, por eso se puede erradicar.

 

Salí del Palacio Almudí con una sonrisa y la certeza de haber atisbado el alma una gran mujer, llena de luz.

 

Y esta Navidad, entre tantas luces de artificio, llevaré conmigo la luz de esta mejicana, madre, hija, hermana, que sigue luchando contra la violencia en todas sus formas y que con su ejemplo nos anima a abrir los ojos y a actuar, a no mirar para otro lado.

 

Gracias, querida Lydia, has sido mi primer regalo de Navidad.

 

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