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ENTRE TÚ Y YO

Pobre bandera de España...

Luis Velasco Jueves, 01 de Diciembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

El salvajismo radical proclama su consabido odio a los símbolos.


La bandera de España atenta contra la convivencia. Así lo afirma con total impunidad el nacionalismo más retrógrado y recalcitrante hasta la fecha, que no ceja en su empeño de imponer a la ciudadanía española la fórmula mágica que aplica este Gobierno y sus socios separatistas para que exista una convivencia pacífica. El principal símbolo democrático de nuestra nación, la bandera, adalid de libertades públicas e individuales, es un trapo. 


Y es que, la expulsión de más de treinta alumnos del instituto de La Salle de Palma de Mallorca por colgar en su clase una bandera de España en apoyo a la selección de fútbol, pone de manifiesto el acoso que sufren quienes discrepan del dogma independentista. El centro educativo no se quedó ahí, sino que apoyó incondicionalmente a la profesora que se negó a dar clase en un aula donde los alumnos habían colgado la bandera de España. 


La manera de reaccionar de la presidenta socialista de Baleares fue el apoyo a la docente, dejando desamparados a todos los alumnos expulsados y a tres de los padres, amenazados por un grupo de independentistas que han publicado fotografías de estas personas y de sus lugares de trabajo. Por si alguien quiere hacerles una visita...


Y es que, el catalanismo radical inundó las redes sociales y sus medios afines de insultos y amenazas contra los padres de las criaturas y la treintena de hijos con perlas del tipo "fascistas, subnormales, imbéciles, malcriados, malparidos, supremacistas o genocidas". Y otras maravillas referidas como desearles la expulsión "del planeta" o que su hijo le "salga delincuente" y le "toque verlo en la cárcel o en el hospital". "Te lo mereces".


Extraña forma de actuar ante la bandera española, ¿no creen? ¿Se imaginan que las cosas hubieran sido al revés? Que un joven cualquiera acudiera a clase en semejante instituto de este país con una bandera catalana y la profesora se negara a dar clase ante tamaño ultraje y provocación, y el centro educativo expulsara ipso facto al atrevido alumno o alumna por análogo insulto. ¿Qué ocurriría entonces? Se lo imaginan, ¿verdad?


Todo esto ocurre por la sencilla razón de que vivimos en un país que se está convirtiendo en un chiste, dirigido por un Gobierno reaccionario, que lleva aplicando los típicos clichés republicanos a raja tabla desde que para desgracia de propios y extraños llegaron al poder. Y uno de esos credos es el odio a los símbolos que sostiene y protege a toda forma de civilización digna. A la propia naturaleza humana, ya que las personas somos animales simbólicos. Por eso mismo el salvajismo radical siempre proclama el odio a los símbolos empleando la fuerza contra los mismos. Igual suerte que antaño corrieron las imágenes y resto de simbología religiosa, quemada y destruida para goce y deleite de ilustrados.


La noticia de esta profesora mallorquina que se negó a dar clase y ordenó a sus alumnos que retiraran del aula la bandera española en apoyo a la selección de fútbol dice muchas cosas, que tarde o temprano tendremos que afrontar. Se ha fortalecido aventureramente una pedagogía contra la idea de España, como país unido, que ya nos resulta hasta normal. Por otro lado, los jóvenes de hoy día reaccionan contra la presión independentista y el adoctrinamiento enarbolando una ignota vena patriótica, que muchas veces no coincide con las ideas familiares, pero que es, probablemente, expresión de la revelación de nuestros hijos e hijas contra una propaganda oficial que les aburre por innecesaria.


Si en vez de un "trapo" con los maravillosos colores rojo, amarillo y rojo de la bandera española hubiese sido un tanga de cuero, o un collar de perro forrado de felpa, la profesora lo hubiese retirado ella misma antes de empezar su clase para meterlo en su bolso; quien sabe el uso que se le puede dar a dichos objetos... pero no se dignó a hacerlo. El citado símbolo de nuestra nación provocó en ella una reacción de repulsa, de asco, de aversión. Si hubiera sabido que era tan fácil espantar a las moscas... ¡Llenemos las calles, las plazas y las aulas de banderas españolas!, quizá con suerte las cosas cambien pronto.

    
    
 

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