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ENTRE TU Y YO

Una luz de esperanza... ya llega la Navidad

Luis Velasco Jueves, 15 de Diciembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Un año entero ha pasado. Una dramática e intensa lucha contra el tiempo. Una sucesión ininterrumpida de momentos, buenos y malos, matizados de contrastes. De pensamientos, vivencias y trascendencias exasperadas, de contrasentidos, de instantes que nos proyectan hacia la eternidad. Una amalgama de cuentas en el collar del tiempo.

 

Cuando amanece, la cotidianidad se convierte en el eje organizador de nuestras vidas, un ritual vacío e infinito. Para escapar de la sensación de tedio nuestros anhelos se convierten en un santuario a través del cual podemos entrar en una dimensión más placentera, pero a veces, no basta con soñarlo. A todos nos atormenta algo. Intentamos fingir que no ha ocurrido nada, que no ha cambiado nada, pero entretanto en nuestro corazón crece el malestar, lo que significa que el inexorable peso de la verdad siempre se impone.

 

Un día, la opacidad de tu existencia reclamará todo su protagonismo. Dejarás de engañarte y dirás: «Basta, basta ya de hacer por hacer, de caminar por caminar, de tantas migajas, es hora de que nazca la claridad, de albergar esperanza, las ansias de desarrollo, de éxito, de alegría, de descanso, de luz, de paz, es hora de encontrarle sentido a esta vida». Hasta entonces, el complejo mundo tal y como lo conoces es lo que consideras tu hogar.

 

Para algunos nunca habrá finales felices. Solo una existencia horrorizada y fútil. Otros huyen del pasado o corren hacia él, como Orfeo bajando hasta el mismísimo inframundo para así poder salvar a su amada Eurídice, pero incluso el mito más tortuoso nos enseña que si te aferras a una idea, a una ilusión, puedes terminar cumpliendo tus sueños. Olvida el pasado y céntrate en el futuro. Si te obsesionas con las cosas malas que te han ocurrido jamás las superarás y si te obsesionas con las buenas, jamás las mejorarás.

 

Se lo ciego que se puede llegar a estar. Estás dolido porque crees estar en un sitio que no te corresponde, pero no haces nada para remediarlo. Esa vida que deseabas era una idea vacía envuelta en papel de regalo, una excusa en la que depositar todos tus pedazos rotos. No hay portador de buenas nuevas, pero al menos sigues aquí todavía. Tienes una última oportunidad.

 

Seguro que hay personas a las que te gustaría decirle tantas cosas, pero tienes miedo. Te... imaginabas mirándolas como nadie las había mirado antes, querías ser esa persona en la que creías que te convertirías, que se sintieran orgullosos de tus actos, qué iluso pensar que podrías hacerlo. La gente como tú nunca triunfa, te dicen, te derrumbas y caes por un precipicio oscuro y profundo. No les hagas caso, pues cuando llega la Navidad, cuando se acerca tan maravilloso regalo, tienes la oportunidad de cambiar, de esforzarte paso a paso, escalón en escalón en busca de algo sublime.

 

Es ahora o nunca. Ahora te ves tal y como eres, con tu oscuridad y tu luz. Reúnete con tus seres queridos en Nochebuena. Reconcíliate con ellos. Esa noche no solamente estarás rodeado de personas e imágenes familiares; los ángeles cuidarán de ti. Al ponerse el sol vendrán a buscarte para besar tus mejillas y tocar tu rostro con sus finas manos blancas tan suaves como los labios de un infante. Llama a ese amigo que llevas tantos años sin saber de él. Pon fin a esas demandas que tanto torturan tu alma y la de otros.

 

Si lo haces, verás una expresión de felicidad en los rostros de una manera que te parecerá imposible. Empezarás a darte cuenta de la enorme suerte que has tenido. Solo tú tienes la llave mágica. El billete de vuelta a la felicidad. Tus días de pena se habrán acabado.

 

Y con ella, la búsqueda, ahora que precisas ese respiro. Ese soplo de aire fresco y nuevo que, francamente, necesitabas de verdad. Es hora de sentirte despreocupado en muchos sentidos, lo que dices, lo que haces, lo que piensas, lo que crees, lo que has logrado. Déjate llevar. Reúnete con ellos. Tu familia siempre estará ahí y te aceptará sin condiciones, sin depender de que lo que esté en juego sea lo adecuado.

 

A veces te acuerdas de tu madre y de cuánto te extraña y cuánto desearía que estuvieras allí en estas fechas tan señaladas en lugar de estar perdido y sin rumbo. Ella siempre llora cuando habla de ti, pero no te lo dice. Ese reencuentro con tus seres queridos no es algo que debas tomarte a la ligera. Que yo sepa, el amor, la amistad verdadera, la solidaridad, el perdón incondicional, el valor, la virtud o la cálida redención, se extienden hasta una distancia infinita en todas direcciones si así lo deseamos, incluso más allá de las fronteras que nos hemos impuesto. Por muy perdido que estés, si estás decidido a hacerlo, nunca resulta imposible encontrar el camino de vuelta a casa.

 

Al oír los típicos villancicos se te pone la piel de gallina en los brazos, miras a la gente cantando y pones los ojos en blanco, y te sientes tan emocionado como lo estabas cuando eras un niño. Entiendes a qué se refieren. La música de Navidad puede abrir una ventana para que tus sentimientos salgan volando. Para que dejen de estar atorados. Hablan de lo que queremos y deseamos en esta maravillosa época del año. Del nacimiento del niño Jesús. Escuchar la buena nueva nos hace sentir mejor, y eso está bien. Esa alegre música genial nos hace sentir como si nuestra mente flotara entre las nubes y nos ayuda a olvidar durante un buen rato que antes te habías sentido triste.

 

Entonces la Navidad cobra sentido, todo el sentido del mundo para ti. Su espíritu nos invade, nos tranquiliza y nos ayuda a pensar con claridad. Es una época de paz y sosiego. Una época de esperanza. De poner fin a tantas malas decisiones. Si lo haces, te darás cuenta de que lo mejor aún no ha pasado. Lo mejor está por llegar. Por eso, de corazón te deseo, Feliz Navidad.

 

 

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