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ENTRE TÚ Y YO

El paseante

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 22 de Diciembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

No pasa nada, estoy tranquila: una frase para descargar toda la tensión emocional que se ha ido acumulando a lo largo de los días que ocupan un trimestre. Es difícil entrar en razonamientos sobre quién diría estas cosas para serenar el estrés de tantos preparativos como nos exige este tiempo grandioso. Te enderezas, respiras largamente y piensas por qué este despilfarro de energía física y anímica. Cuando después de superar tantos momentos de intimidad, romper el hielo es vital; se busca estar rodeado, reunido con otras personas, la certeza que nos aboca a recuperar tiempos perdidos en la escala social, familiar. Y en muchos casos habrá un poco de miedo al encuentro, a dar pasos falsos que nos devuelven situaciones de pereza, de necesidad de ser invisibles. Porque en este mundo pletórico de manifestaciones grandiosas, lo sustancial queda arrinconado sin consistencia que lo apoye.  


Baudelaire plasmó un personaje, le flâneur (el paseante), “un caballero anónimo que pasea por las calles de la ciudad”, que supo ver la importancia de comprender, construir e interpretar la urbe. El poeta se calza, se abriga, se mueve por París como si se hubiera convertido en una ciudad nueva, y mira todo lo que ve, con ojos raros, como peleado con el mundo: reniega de su futuro si no ha de ser como poeta, como un hombre que escribe y se siente libre. Y observa en la calle todo lo que necesita para dejarlo reflejado en sus páginas. Necesita ese devenir, esa vitalidad que le impulsa a recrear su obra literaria.


¿Cómo conseguir ser optimistas? ¿Cómo no pestañear ante lo que el gran público da prioridad? Así es como yo miro mi ciudad, desde otra perspectiva, cuando en las mañanas ausentes de contenido me convierto en paseante anónimo, que se abre paso entre una multitud que se ignora, agobiada por el peso del propio destino. Observo la ciudad que se mueve indiferente, a su aire, ajena a las necesidades, Y no sé por qué, necesito recuperar otros tiempos más llenos de novedad. Y no me enfado, voy aprendiendo a ser generosa con lo que veo, a pesar de todo, cuando la gente corre, pasea, se desenvuelve dentro de un objetivo, o simplemente agita su corazón sombrío en cualquier dirección.

 

Ese interés por la curiosidad nos implica a todos, como a ese paseante ávido de noticias que le llegan en silencio, con solo mirar, atendiendo formas de comportamientos que se remueven sin parar. 


Estos días que sugieren la calle sí o sí, pertenecen a una cultura de pertenencia, de estrategias familiares, protectoras, universales; acontecimientos pacificadores salvaguardados por un crecido amor a la humanidad. Una reconciliación en la que entran los sentimientos y emociones más auténticas. Eso sí, con una línea divisoria muy fina que puede resquebrajarse.


Pero no olvidemos que la Navidad ya está con nosotros.   


        ¡FELICIDADES PARA ESTAS NAVIDADES!
 

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