
El ser humano del S. XXI ha identificado su pensamiento con su ser. Estamos convencidos de que somos lo que pensamos. A muchos nos causa extrañeza escuchar que no somos lo que pensamos sino el ser pensante.
Nuestro pensamiento se ha ido construyendo con las palabras que oíamos de niños. Es decir, nos pensamos con las palabras que nos hablaron cuando éramos niños. Esas palabras se repiten en nuestro interior y en muchas ocasiones se convierten en un juez severo que limita el desarrollo de nuestro ser más auténtico.
El juez interno es la voz interior que nos exige y nos penaliza cuando las cosas no son como “deberían". Los debería serán diferentes dependiendo de la cultura a la que pertenezcamos y son las ideas que tenemos grabadas sobre las cosas.
¿Cómo desidentificarnos de esa severa voz que nos limita y nos autoboicotea?
En arteterapia comenzamos en el cuerpo ya que todo sucede en el cuerpo. Caminamos, respiramos, exploramos, danzamos. Una vez ancladas en el cuerpo procedemos a observar la mente desde fuera. Qué pensamientos aparecen en mi mente. Pongo atención a lo que ahí sucede.
A continuación podemos colocar fuera la voz de nuestro juez interno de diferentes maneras:
Construimos con plastilina ese personaje que habita en nosotros.
Pintamos nuestro juez interno con ceras, con acuarelas, con pintura de manos.
Proyectamos un cuadro, por ejemplo “El grito” de E. Munch, y realizamos una improvisación sonora al verlo.
Escribimos un listado de juicios externos que hemos oído desde niños. Elegimos uno de ellos, el más potente, aquél con el que más te identificas. Los compañeros nos devuelven afirmaciones positivas que confrontan y desmontan dichos juicios.
Escribimos un listado de creencias negativas que tenemos sobre nosotros mismos y tras reflexionar sobre ellas las formulamos en positivo.
Realizamos un ejercicio de escritura terapéutica para despojar al juez interior de su falsa identidad. Tras verle el rostro mediante el dibujo e incluso el cuerpo mediante la plastilina le escribimos una carta.
Por parejas ponemos voz a nuestro juez frente a otra persona que de manera neutra nos representa. Yo pongo voz a mi juez interno y le hablo a otra persona que hace de mí. Éste es un ejercicio muy potente ya que poner fuera la voz interna destapa los juicios que rumian y dictan internamente. Una vez escuchados externamente ya no puedo camuflarlos sino que se evidencian en presencia de un testigo.
Neutralizar al juez interno que todos llevamos dentro nos hará gestionar nuestra vida con mayor creatividad y mayor libertad. Poner la voz fuera de nosotros liberará mucha energía que permanecía internamente bloqueada y que ahora estará disponible para tomar decisiones y desarrollar todo nuestro potencial.
¿Conoces a tu juez interno?
Soledad Hernando
Coordinadora del Grupo de Trabajo de Arteterapia del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia.

