
….
“Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros…
Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas “Esto es mío”
sólo por que quede claro
quién es el dueño de quién”
…
Víctor Hugo” Te deseo” escrito hace 157 años
De niño, no hay nada que te haga más feliz que cumplir tus deseos, que se conviertan, con placer, en medida de éxito legítimo; que, si no nos dejamos atrapar por voluptuosas ansias, se va realizando la magia, sin oscilantes, ni desmesuradas ambiciones.
Algo así como algo aromático, que hace que nuestros receptores de las papilas gustativas se inflamen y se dispersen las impresiones en el interior luminoso de nuestros ojos.
Irresistible, esa envoltura sensorial, crujiente y ruidosa al desenvolverla, misterio por resolver intacto, cuando abrimos lo desconocido; cuántos años de ilusiones, de deriva en la mente, sorprendidos siempre, y lentamente nos sentimos observados, alrededor de la familia, juntos, es un complemento de amor; son sus regalos.
A nuestra edad, este recuerdo que se graba en la memoria, superpuesto a las emociones que despierta este nuevo año por descubrir, por ahora libre inexplicablemente, como aire desterrado de nuestra respiración acuática, ascendiendo a la superficie para convertirse otra vez en aire, es un duelo reivindicativo, que todo se regenera, aunque lo desconocemos, y es de una consistencia, absolutamente tan cierta, que se escapa de nuestras mentes.
La mejor evidencia es la risa sutil, absolutamente cálida, apasionada y, casi siempre, correspondida, que se desliza entre los dientes, fluida sin ataduras, sin represiones; evidencia que no se puede ocultar.
Del dinero todos renegamos y nadie renuncia; dorado culpable que a su paso condena, sin ninguna súplica y arrasa con todo. Va anulando bondades, comprando malentendidos cuando en su esclavo te conviertes. Privado de miras, desdichado si falta, perseguido si abunda; va borrando del espíritu la sinceridad y trasparencia, sin pretexto, con sufrimientos deslumbrados de fracasos y pleno de accesorios triunfales.
Debemos sentirnos dueños de esta ilusión dorada, reflexionando su cinismo, sin tiránicas ambiciones, adueñándonos de nuestro deseo.

