
Si nos preguntasen a cada uno de nosotros, qué entendemos por una empresa de éxito, seguramente habría muchas respuestas y todas bien encaminadas. Que si la que factura mucho, la que más sale en los medios de comunicación, la que más empleados tiene o la que consigue ser “unicornio”, porque se creó hace poco y ya tiene una valoración muy alta. Mil millonaria. Dicho sea de paso, el año 2022 lo hemos cerrado con 14 empresas unicornio españolas, de un total de 325 que hay en toda Europa. Hay que darle un empujón a este dato. Al parecer, los analistas destacan a otras 13 startups españolas, a la espera de dar ese salto durante este año. Por talento y ganas que no quede.
Pero centrando mi reflexión sobre la pregunta inicial resulta que, cuando analizamos las empresas y sus indicadores de resultados, tendemos a pensar que están en un ecosistema sólo de empresas. Entonces, ocurre que nos limitamos mucho a la hora de valorarlas. No consideramos que las empresas conviven con las personas, que el resultado de su actividad afecta a muchos sectores o que sus emplazamientos pueden ser muy variados. Si lo hiciésemos, entonces nos daríamos cuenta de que hay un indicador que no se contempla en la ecuación. Me refiero al impacto social. Porque, a lo mejor, una empresa es más exitosa si consigue repercutir su actividad en una aldea a punto de incorporarse a ese conjunto que llamamos la España vaciada; o que generan puestos de trabajo al que acceden los desempleados por cierres de sus compañías o aquéllos que son más desfavorecidos o de mayor edad; o que desarrolla productos y servicios, pero sin alterar el medioambiente.
Esta corriente, que viene empujando fuerte, se conoce en el mundo de las StartUps como emprendimiento social o de impacto. Y ya hay muchas empresas en España que están en ello. Como es obvio, crear una StartUps de impacto social supone sacrificar un poco, o un mucho, su cuenta de resultados –justo lo contario de lo que nos enseñan en economía- en favor de la actual situación social y ambiental. Por desgracia, en la sostenibilidad suspendemos todos, porque venimos de una sociedad de bienestar, donde lo personal impera sobre lo colectivo.
Dicho todo esto, creo que la respuesta es clara. Una empresa de éxito debería de ser la que compatibilice los resultados económicos con el impacto social. Y créanme, que tarde o temprano, eso no será una opción, sino una obligación. Y entonces, podremos decir que en España tenemos muchas empresas de éxito y no todas serán unicornios.
Aún recuerdo, en mi etapa universitaria, cuando oía hablar de algo que se llamaba "ingenieros sin fronteras”. Siempre pensé que sería una maravilla formarse como ingeniero para aplicar el conocimiento y el método que nos enseñaron en la Escuela, a sociedades o sectores que van retrasados respecto a nosotros. Algo altruista de lo que luego nunca nos acordamos. Pues ahora tenemos la oportunidad, pero creando una StartUp. Ganando dinero y ayudando. Y entonces sí. Ya tendremos a nuestros emprendedores de impacto social. Y suena genial. Y lo conseguiremos más pronto que tarde. Es cuestión de tiempo.

