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ENTRE TÚ Y YO

Los grupos de WhatsApp

María Belén Albaladejo Lunes, 30 de Enero de 2023 Tiempo de lectura:

 

Que levante la mano quien no está, mínimo, en cuatro grupos y no se quita por aquello de: “Mejor que me echen, no voy a ser yo la primera que rompa”. El grupo se creó para el 50 cumpleaños de alguien… ¡va para 57 añazos y ahí seguimos! 


Se mantiene, entre otras razones, porque queda muy a mano para cuando tienes que mandar, ¡a 12!, el enlace de alguna marca de cerveza o de cosméticos para que te regalen 2 botellines o  una laca extra súper fuerte.  Sabemos que es una “trola” pero… ¿Y si es verdad?


Lo de los grupos habrá que ir mirándoselo. Entre las patas que se meten y el pudor a salirse, la tela de araña te va envolviendo. La división, subdivisión y multiplicación  es un “no me da la vida” (frase muy socorrida).


Destacan los familiares: La familia (todos, sangre y acoplados); familia guay (“la tata” y “el tete” no están); familia-familia (los de sangre). 


Le siguen los de amigos de toda la vida: las súper; las amigas de verdad (aquí no están algunas…); nos querremos siempre (nos unen adolescentes veraneos).


A corta distancia los de eventos y ocio: Las bestias del pádel (¡hay que verme!); cena 10 de octubre; comida 15 de septiembre; caminata dominguera; Pilates love; cumpleaños regalo (en este no está menganito que dice que ya le ha comprado una cosa que le apetece y pasa de ir en grupo); cumpleaños fiesta (en este sí está el “llanero solitario” del regalo).


Pisándole los talones los laborales para organizar desayunos, aperitivos, cotilleos, “pasar el peine” y cosas varias. 


Acompañando al “parlancheo” grupal,  están las listas de difusión para “matizar” en petit comité lo aportado en el grupo por alguno de los integrantes. Si no respondes, llega el mensaje individual que se lee ¡hasta con nervios!
Como te hayas despistado, aparece ese circulito rojo en el icono de la App con 1948 y no sabes si es que el móvil te está examinando de historia para que contestes rauda: “Año de la declaración universal de los Derechos Humanos” o son los mensajes importantísimos que tienes que leer. 


Es tremendo que el sonido de una campanita, de una rana, de un  gong tibetano, de un pato o un grito sea la nueva música de ambiente de restaurantes e incluso de salas de espera de un centro de salud. ¿Dónde ha ido a parar el hilo musical con el piano de Richard Clayderman? Me hace gracia cómo nos miramos todos cuando suena algo de eso y, de forma sincronizada, llevamos nuestra mano al móvil. ¿Es el mío o el de esa señora? 


La colección de vídeos e imágenes me recuerda a cuando juntaba cromos para el álbum de animales y llevaba “los repes” cogidos con una gomita para intercambiarlos. Si no recibes en Nochevieja 30 Lola Flores brindando no eres nadie.  Te las quedas, cogidas en la gomita, junto a 23 Julio Iglesias “va a ser un buen año y... ¡lo sabes!”. Me veo rebuscando grupos para ser  la primera que mande a Lola y deshacerme, por lo menos, de una.

 

Estoy por un domingo, de esos de sofá y manta, tomarme un par de vinos y dejar que fluya. Salirme del cumple de hace siete años y  esperar, con alegría, alguna llamada preguntando el porqué de esa reacción “tan repentina y drástica”.


Y así, recuperar la maravillosa experiencia de conversar, escuchar, llorar y reír en directo a través de un teléfono. 
Que mis oídos sientan algo más que el croar de una rana para avisarme de que alguien quiere algo conmigo o de mí. Sentir la articulación, el tono, el timbre y la intensidad de una voz. La felicidad de escuchar una buena nueva o la tristeza de una ruptura, de una pérdida. Lo que sea.

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