
Seguro que a más de uno de ustedes les ha pasado como a mí: que en plena juventud tenían que ´cargar´ con su hermana menor cada vez que salían de marcha. Y aunque ahora sea mi mejor compañera y confidente en aquel momento era un verdadero martirio: estoy cansada, vámonos a casa, vamos a llegar tarde y nos van a castigar, no te despistes con aquel rubillo que te mira con cara de bobo…sí, señores, me sentía esclavizada con mi hermana, con su reloj, con su cansancio y con sus exigencias, yo, que me consideraba espíritu libre, que no quería ningún sometimiento y que sólo aspiraba a vivir las aventuras de Los Cinco que relataba la famosa Enid Blyton en sus novelas de moda, me sentía esclavizada por una mocosa que, claro, ¡cómo iba a entender una enana de nueve años las aspiraciones de una mayor como yo de doce! Era incomprensible.
Mi esclavitud, lejos de atenuarse, se vio agrandada a medida que iban pasando los años hasta que se volvió verdaderamente insoportable en la adolescencia cuando yo me sentía como ´la niña bonita´ y sin apenas poderme ´despistar´ y perderme con el rubillo bobalicón que ya era todo un mayor con corbata. Así que yo seguía soñando con el día que alcanzara la mayoría de edad para librarme de aquella pesada losa que me seguía a todas partes, y me regocijaba ficcionando cómo sería mi vida en plena libertad lejos de la mirada inquisitoria de la voz de mi conciencia personificada en aquella enana.
Fue por aquella época cuando me aficioné a la Historia, pero a la Historia de verdad, no a aquélla que relataba la pesada profe mirándonos por encima de sus gafotas mientras bla, bla, bla…hablaba interminablemente. Pero he de reconocer que en su retahíla algo dijo verdaderamente interesante que detonó en mí como un resorte ¿hablaba de esclavitud? Pues eso era por mí ¡seguro!
Abrí inmediatamente los oídos (casi siempre los tenía cerrados en sus clases) y escuché con atención. En 711 musulmanes norteafricanos berberiscos con el general Tariq Ibn Ziyad al frente conquistaron la península ibérica, formaron y consolidaron Al-Ándalus y los principales reinos cristianos de la edad media peninsulares y fortalecieron su territorio como gran centro cultural y económico.
Pero más tarde, intensivamente y sobre todo desde el siglo XVI al XIX moros y cristianos se disputaban ya las costas del Magreb (los cristianos sabía yo quiénes eran, pero ¿quién demonios eran los moros?). Rápidamente miré el origen de la palabra y supe que provenía del griego maurós (negro), es decir que se refería a aquellos habitantes de tez morena provenientes del Magreb: Libia Túnez, Argelia, Marruecos, Sáhara Occidental y Mauritania, así que eran musulmanes de la “Costa Berberisca” los que disputaban la hegemonía del Mediterráneo a los cristianos.
Y en una guerra, claro está, cada uno a lo suyo. Corsarios y piratas musulmanes que actuaban desde el Norte de África – que es donde tenían sus bases- acosaban al tráfico marítimo en las costas de Europa, se apoderaban de los buques europeos más importantes de Italia, Francia, España y también Gran Bretaña con el objetivo no sólo de hacerse con el botín, sino sobre todo de capturar cristianos para el comercio de esclavos, que era super rentable.
Se contaba que al principio podían ser por cientos de miles (unos 800mil), pero que rápidamente pasaron a 1,25 millones de personas las que fueron apresadas en las costas y vendidas como esclavas. A ellos se les racionaba el agua y los alimentos y eran los encargados de remar en los galeotes. Los que sobrevivían a las largas travesías eran expuestos 24 horas en los muelles para que los observaran los posibles compradores al tiempo que eran obligados a hacer acrobacias que mostraran su fortaleza. Otros los vendían para labores del campo, y las mujeres para tareas domésticas o como esclavas para el harén (¡Dios! Eso sí era una esclavitud y no lo de mi hermana pequeña).
De este modo cundió el terror -principalmente en las costas levantinas y andaluzas- que provocaban las constantes correrías e incursiones de los piratas bereberes, por lo que los cristianos fueron levantando sucesivas torres de vigilancia y torres de guardia para otear el horizonte de las costas y salvarse de una esclavitud asegurada si caían presos al grito de ¡no hay moros en la costa!
Como siempre recomiendo algo, hoy les invito a las fiestas de moros y cristianos de Alicante, toda una fiesta para conmemorar la reconquista cristiana de las tierras ocupadas por los árabes. Y si quieren revivir una de piratas berberiscos, acérquense a Oropesa del Mar en Castellón porque en la Comunidad Valenciana se encuentran las torres mejor conservadas de todo el litoral.

