Síndrome del impostor, burnout y estereotipos de género
El síndrome del impostor es un particular fenómeno psicológico por el cual las personas tienden a rechazar cualquier muestra de admiración o recompensa, tanto social como económica, por sentir que no son merecedores de ellas.
Tienden incluso a rechazar promociones, ascensos y méritos de los cuales no se sienten responsables.
No es que sientan que no tienen las habilidades para afrontar determinados retos. No se trata de un problema de autoestima.
Simplemente no ponen en valor su esfuerzo y aportación, y sienten culpa por su éxito (de aquí puede surgir el famoso miedo a ganar).
Y por ello sienten que no merecen las recompensas y muestras de aprobación.
Esto se debe tal vez a una mezcla de estos elementos principalmente:
1. Perfeccionismo exacerbado por el cual nunca están satisfechas por lo que logran.
2. Extrema humildad cómo rasgo personal.
3. Asunción o aspiración a encarnar el rol de superhombre, supermujer, o el mandato bíblico de quien ha de sacrificarse por los demás.
4. Mecanismo cognitivo de atribución de causa externa, lo cual les lleva a pensar que los acontecimientos suceden por motivos ajenos a su responsabilidad.
5. Introversión o incluso fobia social: concretamente, prefieren pasar por desapercibidas por miedo a afrontar situaciones que les hacen sentir vergüenza o les exponen ante el juicio de terceras personas.
Podríamos decir que en un equipo de trabajo se encuentran al polo opuesto de las personas narcisistas.
Es más, pueden llegar a desarrollar relaciones simbióticas y tóxicas, cuando trabajan en conjunto con personas narcisistas.
De hecho, puede ser tan dañino en una empresa contar con personas narcisistas cómo con personas con el síndrome del impostor.
Las personas con síndrome del impostor, llegan muy fácilmente a autoimponerse altos estándares de trabajo, sentir que no son dueños de su destino, y experimentar a la postre indefensión y agotamiento laboral.
Si una persona se ve afectada por este fenómeno y no logra gestionarlo adecuadamente, es importante que pida asistencia psicológica de forma preventiva, ya que el síndrome del impostor puede representar un billete de viaje directo hacia el síndrome de Burnout.
El síndrome del impostor fue conceptualizado en los años setentas las psicólogas Pauline Rose Clance y Suzanne Imes.
Al principio se creía que afectaba sólo a las mujeres, principalmente cómo rasgo que contribuye a ese famoso techo de cristal que les llevaba a rechazar o no sentirse merecedoras de asumir los roles de autoridad en los consejos de dirección de grandes compañías.
Con el tiempo se demostró que el síndrome del impostor afecta a las personas, independientemente de su género, siempre y cuando reúnen uno o varios de los rasgos psicológicos indicados anteriormente.
¿Y tú, conoces a algún compañero o compañera de trabajo que identificarías en este perfil?
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Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/
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