
Enfocamos la vida desde una posición existencial no siempre adecuada, y la foto sale borrosa. Podemos posar de manera romántica, fantástica, trágica, arrogante o pesimista pero pocas veces es realista. Y eso ocurre porque la pose vital puede ser la misma, con quejas, ilusiones, críticas o derrotismo. Y esa foto enmarcada en el salón de mi casa está expuesta a mis hijos, que muy probablemente proyecten su vida desde ese mismo ángulo para entender el mundo.
Y cuando pensamos, sentimos y hacemos las mismas cosas de la misma manera, con la misma pose estudiada, saldrá la misma imagen. Y es que tendemos a repetir los mismos escenarios que nos pueden dejar con una sensación de incomprensión, decepción o enfado con las personas o con las situaciones. Da igual que sea un trabajo, una relación o la educación con mis hijos, el paisaje puede ser el mismo; “no puedo más”, “ya es tarde”, “no me entienden” “estoy atrapado”, todo me sale mal” “la culpa es de los demás”, “yo no tengo ningún problema”.
Es verdad que a veces la calidad de la cámara o del fotógrafo nos lleva a cosas desagradables y lo coherente no es tirar cohetes sino sentirme defraudado conmigo o con los demás, pero pasada esa mala racha recupero mi curva de la felicidad porque reviso dónde está el fallo para mejorar el retrato. Pero si me conformo con esas imágenes y las mantengo o las repito con el mismo error ya estamos hablando de una posición existencial que viene de más lejos que de esa cámara o fotógrafo y me cuesta más recuperarme.
Vamos con el book de fotos presentándonos a los demás como soy y qué espero de la vida, sirviendo de modelos a nuestros hijos. Y si lo que ven es que la vida es difícil, que hay que aguantarse con lo que venga, que no pueden fracasar, que la gente es mala o que en la vida todo tiene que ir bien, pueden alejarse de la realidad de la misma vida.
Si nos vamos al séptimo arte, entendamos las posiciones existenciales como géneros cinematográficos y cómo el argumento que enseño a mis hijos les lleva a actuar en la vida.
Puedo convertirlos en optimistas ingenuos, actuando con películas de género de fantasía, como si todo fuera de color de rosa, todo positivo pero muy lejos de la realidad. O puedo enseñarles a relacionarse con una posición depresiva, más de tragicomedia, sin correr riesgos por miedos, con dificultad para tomar decisiones y una actitud complaciente, sin reclamar derechos. También puedo hacerles sentirse arrogantes, superiores, cínicos, más del género de aventura, encontrando faltas y criticando a los demás con la no mea culpa de lo que pasa. También puedo enseñarles recorrer su vida y manera pesimista, con tintes melodramáticos, y escenas de derrotismo, apatía e indiferencia.
Ser consciente de cuál es mi género cinematográfico que me autolimita para estar bien conmigo mismo y con los demás, puede hacerme vivir de otra manera y que la vida de mis hijos sea una versión mejorada para enfrentarse a los diferentes escenarios de la vida.
La posición existencial más sana es la realista, del género documental, con un relato que analiza la vida real sin ficcionarla, contemplándola con autocrítica, con claroscuros y surfeándola de manera más adaptativa.
Para ser más realista es más adecuado no defender a tu hijo por algo que ha ocurrido sólo por el hecho de que es tu hijo, sino hacerle pensar cómo ha colaborado él en el conflicto, si así fuere; si no sabe decirle a un amigo que no a algo, enséñale la importancia de poner límites cuando algo no pueda o no deba hacerlo; si ha fallado en una partido no le digas que ha tenido mala suerte o que el árbitro es injusto, dile que siga practicando para superarse; si no se centra en los estudios no le digas que no llegará a ningún sitio sino que debe esforzarse para conseguir las cosas. Y todo eso, mejor si antes lo ve en ti, porque los padres somos los antecedentes de las conductas de nuestros hijos, el objetivo por el que miran y el relato que viven.
Les queda muchas escenas por vivir y no hacerles esperar que van a fracasar, que no te puedes fiar de nadie o que los demás son inferiores es darles el juicio para que analicen sus propios actos con una mente más justa y ajustada a la realidad.

