
El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), vinculado al programa europeo Next Generation EU, detalla una agenda de inversiones que representan una oportunidad para facilitar la transformación estructural de la economía española, tanto por su tamaño (unos 69.500 millones de euros o el 5,6% del PIB de 2019) como por su énfasis en los retos de la digitalización y de la transición ecológica. Con este principio, los economistas del Banco de España Alejandro Fernández Cerezo, Enrique Moral-Benito y Javier Quintana han publicado un estudio sobre el impacto real de estos fondos en la economía española.
Según los investigadores, la plena ejecución de los fondos del PRTR tendría un impacto directo sobre el nivel del PIB de un 1,15% en promedio anual y en un horizonte de cinco años, si bien podría elevarse hasta el 1,75 % al tener en cuenta los efectos de arrastre entre sectores. Sin embargo, sus efectos estimados son heterogéneos entre ramas de actividad, cuyos sectores más beneficiados son los vinculados al proceso de digitalización (información y comunicación o servicios profesionales y técnicos), así como el sector de la construcción, debido a las inversiones en infraestructuras relacionadas con el proceso de transición ecológica. No obstante, subrayan, la presencia de rigideces en el proceso de reasignación de recursos entre sectores de actividad podría limitar el efecto macroeconómico de las inversiones contempladas en el PRTR. Estos factores podrían reducir el impacto estimado desde el 1,75% hasta el 1,3% del PIB.
Pocos trabajadores especializados
En todo caso, los efectos estimados descansan sobre el supuesto de plena disponibilidad y movilidad de recursos y a la rigidez en la reasignación de estos fondos se suma otro problema como es la poca flexibilidad en los mercados de productos y de trabajo. Por ejemplo, señalan, la escasez de trabajadores cualificados en determinados sectores podría reducir en aproximadamente un 25% el impacto estimado de estos fondos.
Los efectos beneficiosos de los fondos Next Generation pueden transcurrir por el lado de la oferta o por el lado de la demanda. Los efectos derivados del gasto corriente y de las ayudas a inversiones no orientadas a la producción operan por el lado de la demanda, ya que solo impactan sobre la actividad económica aumentando la demanda de un determinado sector en el momento en el que se realiza el gasto, pero no aumentan la capacidad productiva de ningún sector; y ponen como ejemplo los programas de rehabilitación de edificios, que supondrán un incremento de la demanda del sector de la construcción. Siguiendo el ejemplo, si por el contrario se destinaran a la construcción de una vía ferroviaria o de una fábrica de baterías incrementarán la demanda del sector de la construcción, pero también aumentarán la capacidad productiva de los sectores de transporte y automoción, respectivamente.
Los economistas concluyen que sectores como los de servicios de información y comunicación, o las actividades profesionales y técnicas, así como la construcción, serían los más beneficiados. No obstante, la existencia de las mencionadas fricciones en la reasignación de recursos entre sectores podría reducir hasta en un tercio dicho impacto. E insisten en que uno de los problemas para hacer un buen uso de esos fondos es la escasez de trabajadores altamente cualificados, lo que podría limitar los efectos positivos del Plan, al dificultar la expansión de los sectores más ligados a las tecnologías de la información, especialmente beneficiados.



