España: una anomalía política
“Al parecer, el cerebro está siendo sujeto de un engaño masivo. Tiene toda clase de creencias falsas sobre el mundo. Cree que tiene un cuerpo, pero no tiene ninguno. Cree que está caminando bajo la luz del sol, pero realmente está dentro de un laboratorio oscuro". (“The Matrix as Metaphysics”, David J. Chalmers, Matemático, Doctor en Filosofía y Ciencia Cognitiva)
Ahora que se habla tanto del metaverso, pareceríamos vivir en una realidad paralela que nos impide ver con claridad lo que deberían ser meridianos y claros argumentos y, entre tantas cosas cotidianas, los españoles prestamos atención durante estos días a un extraño espectáculo causado por los efectos perversos de la Ley del “SOLO SI”.
Obra magna del ministerio de Igualdad, de nuestro Gobierno, por consiguiente, lejos de conseguir el fin pretendido, esta ley, que ha reformado el Código Penal en relación con los delitos contra la libertad sexual, da lugar a todo lo contrario, a la rebaja de penas, a la excarcelación de condenados delincuentes, así como a la creación sobrevenida de un limbo jurídico para aquellos que cometan nuevos crímenes. Nadie responde.
Los autores materiales del error no solo no lo enmiendan sino que discuten entre ellos como si fueran otros los protagonistas, e incluso culpan a una casta nueva a la que llaman “jueces de la derecha”. Aquí el nominativo inclusivo femenino nunca se pronuncia, pese a que la judicatura, a la que acusan de la errónea aplicación de las penas, está mayoritariamente constituida por mujeres y no por varones. Así que debemos entender que se refieren a “jueces y juezas de la derecha”, y que ha habido un descuido en sus declaraciones.
La aplicación retroactiva de la Ley Penal más favorable es un principio básico para cualquier estudiante que se acerque por primera vez al conocimiento del Derecho. A ella se refiere el Código Penal en el Artículo 2.2, precepto que ordena que “tendrán efecto retroactivo aquellas leyes penales que favorezcan al reo, aunque al entrar en vigor hubiera recaído sentencia firme […]”. En sentido concordante la Constitución Española, en su Art. 9.3, garantiza “la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales”. Así se entiende que la revisión de las condenas es mera aplicación de la Ley, a la que los jueces, incluso a su pesar, están obligados. Lo contrario sería prevaricar.
Pero el ministerio de Igualdad, lejos de corregir rápidamente su error, no solo se defiende sino que ataca y convierte en virtud que modificar “su ley” es volver al “Código Penal de la Manada” olvidando que, precisamente ese Código que desprecian, fue el instrumento de condena de los delincuentes que ahora liberan. Dentro del mismo equipo de Gobierno, la ministra de Justicia, dice hacerse responsable. Nadie dimite ni es cesado. Pero esta nueva sociedad en la que vivimos es altiva, la culpa nunca nos atormenta, llegando a afirmar que subsanar la ley es dejar a la mujer indefensa. Y preocupa que, ante situación tan errática, en la que hasta las asociaciones de Víctimas de Violencia de Género callan, ese discurso exculpatorio, de tan baja altura, prospere ante una sociedad como la nuestra, que empieza a asumir la anomalía como algo natural e intrascendente.
Y, mientras, nadie ha preguntado a las víctimas, sorprendidas de ver a sus agresores más cerca de redimir sus penas, cuando no exculpados y rondando por sus calles. Es un perjuicio directo que nadie repara, aunque fueron ellas quienes sufrieron las agresiones. Qué decir de las nuevas víctimas que conocemos cada día. En este discurso parecería que los delitos discutidos no hubieran tenido protección nunca, o que el hombre fuera siempre un repugnante delincuente, siendo, paradójicamente, los propios promotores de esta ley los únicos responsables de rebajar las penas. Me pregunto si terminarán por convencernos.
Ciertamente parecería que, como diría Chalmers, vivamos los de aquí en un mundo paralelo al “deber ser”, distinto del que hemos aprendido desde nuestro nacimiento, un mundo que nos desconcierta de tal modo que ya no sabemos si es real, si es inventado o, incluso, si las convicciones personales quedan oxidadas y seamos nosotros los equivocados, pues de un tiempo a esta parte la sociedad terminará por resultar insensible ante tanto disparate.
No parece necesario ahora un listado de la locura jurídica en la que estamos inmersos, con la derogación de la sedición, la rebaja del delito de malversación, además de la reducción de los delitos contra la libertad sexual, o la nueva configuración del aborto y la Ley Trans, que subestiman la importancia de un válido consentimiento, aceptando la voluntad de menores sin plena capacidad de obrar, reprobando a aquellos que piensan de otro modo, incluso privándoles de un auténtico consentimiento informado, y, sin embargo, todavía hay quienes celebran sus decisiones, especialmente los grupos minoritarios para los que se gobierna, fruto de esta grave anomalía política. Esto es “The Matrix” ciertamente.
Sin embargo, de algún modo, podría no ser un error mantenerse en lo evidente, si detrás de todo esto se pretendiera, poco a poco, fabricar el descrédito del tercer poder que conforma el Estado de Derecho, intentando crear la falsa imagen de que el Poder Judicial es el que yerra. Quizá el objetivo sea solo ése, cuestionar, aún más, justo aquello que nos defiende. Sería una revolución sofisticada y recurrente.
Pero confiemos aún en mayo, esta vez el cambio no debería ser sólo una cuestión ideológica.
Quiero creer que Mayo existe, que este último pensamiento de mi cerebro no sea matrix ni un engaño, sino obra de mi conciencia en un mundo real.





















