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Opinión | ¡Qué cosas tiene el marketing!
Miércoles, 22 de Febrero de 2023
José María Donate

Que bote y vote

 

La primavera está a la vuelta de la esquina y se acercan las temibles elecciones. Ese ejercicio tan democrático como ocasional, consistente en depositar un sobre vacío (voto en blanco), sobre con papeleta (voto válido) o sobre con una estampa 'Pokemon' o 'jugador de fútbol colección Panini' en su interior (voto nulo), en una urna precintada de una sola dirección, previa presentación del correspondiente documento acreditativo tipo DNI.


El 28 de mayo, millones de sufridores estamos convocados a depositar el 'sufragio universal' para elegir a nuestro más ilustre vecin@ (elecciones municipales) y al guía autonómico o regional (elecciones autonómicas). Es la antesala o aperitivo del 'gran derby', que se celebrará a finales de año, por el poder nacional. Buena suerte con la tarea porque hay 'naufragio' a la vista.


Pronto veremos esas entrañables estampas de aspirantes visitando mercados, inaugurando infraestructuras, posando en todo tipo de eventos, sacando tiempo para jugar un dominó o una partidita de mus con los parroquianos, besando a ciudadanos desconocidos, preocupándose por la vida de personas cuyo nombre poco les importa, pisando barrios que normalmente suelen evitar y riendo a desgana a todas horas con una sonrisa impostada que le causará muchas agujetas a la altura del mentón.


Todo vale para meternos en el bote, “sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate”. Debe ser agotador ese ejercicio físico tan intenso cada cuatro años, aunque bien mirado, creo que podría considerarse una actividad rutinaria, ya que muchos practican 'la campaña' a diario.


Son víctimas de las redes sociales, que les exigen diariamente su dosis de contenido para evitar caer en el olvido y demostrar todo lo bueno que hacen por nosotros, en contraposición con lo mal que lo harían los otros, en el hipotético e irreal caso de que no estuvieran. Ya les digo yo que esto es agotador y no está pagado.


A cambio, solo nos piden un voto. Solo eso. Nos lo ponen tan fácil que hasta nos envían a nuestro domicilio el sobre con la papeleta 'correcta'. Quizás alguno contrate una flota de 'Uber o Cabify' para acercar a sus votantes al matadero, quiero decir, al centro de votación para ejercer nuestro único derecho al pataleo.


Su mayor preocupación es que no pensemos mucho, venzamos la siempre dura pereza dominical y acudamos de bote en bote a votar, para regocijo de nuestros representantes que se congratulan de lo asentada que está la democracia en nuestro país y de la lección que los ciudadanos, una vez más, damos de sociedad avanzada y preocupada.


Por eso nos lo facilitan todo, hasta tal punto que los partidos ya no son siglas, ideologías y ni siquiera personas. Son colores -los rojos, azules, morados, verdes, naranjas, los nuevos morados…- o territorios -los catalanes, los vascos, los canarios, los gallegos, los aragoneses, los del Teruel y ¿los de Murcia….?, ¡por favor, no diga usted disparates!-.


Todos ellos creen tener la solución a los problemas. Sus propuestas son las mejores y la verdad les asiste en todo momento. Fuera de su ámbito, solo hay caos o infierno y nos obligan a elegir entre 'susto o muerte'.


En 'petit comité' admiten que el problema es que no tienen mayoría absoluta para poder hacer todo lo que quisieran y que, si no llegan es por falta de poder o de competencias. ¿Se imaginan a incompetentes con súper poderes ilimitados? Menos mal que la ciudadanía, que somos “tontos del bote”, nos equivocamos de vez en cuando al votar y repartimos el poder para no concentrarlo en manos de unos pocos. Aún así, nuestros queridos “guionistas” se guardan un as debajo de la manga y utilizan el 'súper comodín' de repetir elecciones, 'simulacro universal', para que salga el resultado que ellos quieren, porque eso de pactar o llegar a acuerdos no es nada político y lo suyo es cobrar el cheque en blanco para gastarlo durante cuatro años.


Empaticemos con ell@s y ayudémosles a hacer realidad sus sueños. No se lo estamos poniendo nada fácil y no será porque son 'transparentes' en cuanto a sus intenciones.


De forma modesta y altruista (valores muy propios de esta clase), voy a ayudarles y contribuiré con mis conocimientos de marketing, proponiendo esta batería de acciones:


    1. Ahórrense las primarias. Eso ya no tiene credibilidad y es muy 'analógico'. Sustitúyanlo por un modelo más 'táctil', transparente y plenamente aceptado. Elijan a dedo a sus candidat@s y demás miembros de sus listas. Todo bien claro para no llevarnos a equívocos. La sinceridad se valora mucho.

 

    2. Los partidos son un club. Si no eres socio no puedes entrar ni formar parte del equipo. Por supuesto, se aceptan fichajes, pero lo primero será posar delante del escudo y expedirle el nuevo carné de socio. Simpatizantes o público general, abstenerse de formar parte de la contienda. Las reglas siempre claras.

 

    3. El votante no sabe de política, pero paradójicamente es el que decide. Dejémosle claro lo que vamos a hacer con su voto. Pongamos varias opciones en la papeleta. Vamos a pedirle que nos marque a qué partido presta su voto. Más abajo le preguntaremos si autoriza a su candidat@ a pactar con otros partidos en caso de no tener mayoría. Si contesta que 'sí', podemos hacer una tercera consulta y plantearla en positivo: “Marque el/los partido/s con los que autoriza pactar a su candidat@”, o formularla en tono restrictivo: “Marque el/los partido/s a los que prohíbe pactar, de forma expresa, a su candidat@”. Así evitamos sorpresas y satisfacemos todas las necesidades de nuestros votantes. Demuestren a la ciudadanía que les importa el sentido inequívoco de su voto aunque luego no lo pongan en la práctica. Es un avance.

 

    4. Premie la participación porque al ritmo que vamos no vota ni el Tato. Regalen rascas y sorteen sueldos vitalicios o puestos en las numerosísimas comisiones de expertos existentes, entre todos aquellos que acudamos a depositar el sobrecito en la urna. A esto se le llama incentivar y aquí no necesitan lecciones por parte de nadie.

 

    5. Supriman la pegada de carteles, el envío postal de publicidad electoral, los coches con megafonía a todo volumen por las calles, los mítines diarios durante toda la precampaña, campaña y postcampaña. ¿Les suena algo la reducción de la huella de carbono y la gestión eficiente de los recursos? O ¿eso solo se le aplica a la población? Estamos en la era digital. En definitiva, vivan y dejen vivir.

 

    6. Por último. Si las elecciones son una competición, sepan perder y ganar. Es imposible que todos ganen y nadie pierda. Asuman la evidencia y no monten numeritos infantiles. Preséntense si tienen un empleo reconocido fuera de la política, porque lamentablemente no hay cabida para 'todes'.

 

El marketing no gobierna, pero bien aplicado puede aportar mucho a la política. Si siguen estas sencillas directrices y hacen evidente aquello que ya es un hecho, les aseguro que todo el electorado dará 'botes' y acudirá en masa a 'votar' o a 'botarles', ¿apostamos?

 

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