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Opinión |
Jueves, 20 de Septiembre de 2012

En ascuas

Este vivir en ascuas al que nos están obligando no puede ser bueno. El tiempo dirá si el emocionante pulso que mantiene Mariano Rajoy con la Unión Europea a cuenta del rescate nos pasará factura en forma de alteración coronaria o de cualquier otra patología inherente a los estados de ansiedad, estrés, tensión, etcétera. De momento, mientras el presidente deshoja la margarita y su oponente Alfredo Pérez Rubalcaba le pide que no acuda a ese mecanismo de financiación que, por otro lado, le reclama su conmilitón, el comisario de la Competencia Joaquín Almunia, porque supondría nuevos sacrificios y más dolor, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría afirma que el Ejecutivo esperará a tenerlo todo "atado y bien atado" antes de optar por una u otra fórmula. O sea, como pensaba Franco que había dejado el patio unos años antes de emprender su propia transición: la que le llevó del palacio del Pardo al Valle de los Caídos.

Lo que no sería de recibo a esta alturas de la desazón es que el 'dontancredismo' al que es tan aficionado el líder del PP tuviera su razón de ser más en el cálculo electoral que en la humana duda. Es decir, que Rajoy volviera a incurrir en el mismo error que le animó a posponer la presentación de los Presupuestos Generales del Estado hasta que se celebraran las elecciones andaluzas temiendo que la divulgación previa de su contenido iba a ser la baza fundamental para ganarlas o perderlas. Ocultó las cuentas públicas pese a los requerimientos de su socios europeos, perdió un tiempo precioso y, encima, no logró el objetivo de desalojar a los socialistas. Si ahora pretende repetir la fallida jugada con la vista puesta en los comicios gallegos y vascos será la prueba definitiva de que esto le viene grande. Y si lo que espera es que los hados le sean propicios sin mover un dedo, que la coyuntura comercial mejore, que los marcadores económicos se comporten como seres civilizados, que la prima de riesgo retroceda, que la bolsa se despendole hacia arriba y que la presión social apunte hacia abajo, va dado. Los Reyes Magos son en enero. Y para entonces, todos calvos.

Con esta constante generación de incertidumbre, el Gobierno que nos asola no va tener más remedio que corregir la ley del medicamento para que se puedan prescribir los ansiolíticos de manera universal y gratuita. El placebo que utiliza como un mantra para convencernos de que está haciendo lo que hay que hacer y que quien mucho te quiere te hará llorar dejó de funcionar desde el minuto siguiente al comienzo de su administración a mansalva. Lo que empezó siendo una sensación ha acabado convirtiéndose en certeza. A lo mejor sí se creen que están en posesión de la verdad en cuanto a su forma de actuar para sacarnos del atolladero, pero, ay, es en la aplicación directa de los preceptos dictados por los presuntos sabios donde se vislumbra la incompetencia. Pongamos por caso la supresión del transporte escolar, la retirada de la cartilla sanitaria a los inmigrantes sin papeles o el estrafalario asunto de la fiambrera escolar. Un batiburrillo de temas precipitados, improvisados e inexplicados que añaden unas cuantas gotas de cabreo al cóctel del desasosiego.

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