
Hace unos días estuve en la fiesta de cumpleaños de un niño. Aquello estaba a rebosar de padres jóvenes, de apenas treinta y pocos años. En un momento dado me di cuenta de al menos cinco de los enanos que correteaban por allí tenían el pelo de color rubio platino, lo que contrataba con los de sus presuntos progenitores, que eran todos más morenos que los testículos de Gómez. Con el descaro que da la confianza, me dirigí al corro donde estaba los papás y dije: “No es por ofender, pero da la impresión de que esta caterva de rubiales son hijos de un mismo padre.” Todos rieron la observación y una de las mamás añadió: “Eso son casualidades; al igual de que todas nosotras asistamos al mismo gimnasio”. Como soy fisgón por naturaleza, esta semana me he propuesto escaparme un rato de la mercería, visitar el famoso gimnasio y echar un vistazo al cachas del monitor, a ver qué color de pelo tiene. Ya les contaré mis descubrimientos y conjeturas.
Pero lo cierto es que llevaba tiempo preguntándome por qué hay tantos rubios naturales en Murcia. Incluso, según leí en un estudio, me sorprendió que Alhama sea el pueblo de España con mayor número de personas de pelo rubio natural; sin tintes ni trucos.
No hace mucho, leyendo un reportaje histórico, empecé a entender este enigma, en el que suelo pensar a veces: al parecer, la culpa es de los vikingos. Resulta que estos salvajes asolaron la costa murciana en el siglo IX, y surcaron aguas arriba el Segura, llegando hasta Cieza. Lejos de esa imagen tan simpática que nos ofrecían en Vicki el Vikingo, estos brutos de cabellos y ojos claros, que ni siquiera sabían latín, asolaban todo lo que encontraban a su paso, robando lo que había de valor, matando a los hombres y yaciendo con las mujeres…, sembrando sus genes nórdicos por todo el sureste español. Llevan razón los que dicen que todas las respuestas están en la historia…, hasta la de por qué hay tantos rubios en nuestra Región.

