Impacto de la Inteligencia Artificial en la salud mental
¿Tienes preocupación por cómo la Inteligencia Artificial (IA) afectará a nuestras vidas?
¿Sabes de qué manera eso afectará en los próximos años a tu profesión?
¿Temes perder tu puesto de trabajo y ser sustituido/a por una IA?
¿Crees que su uso indiscriminado puede conducir a un empeoramiento de la salud mental de las personas?
¿Viste acaso la película “HER” dónde el personaje interpretado por Joaquin Phoenix se enamora de una IA y temes que ése será el futuro de nuestra condición humana?
¿Te gustaría tener una visión más positiva de todo esto?
Entonces estás en el lugar correcto. Lee con atención lo que va a venir a continuación.
Además, al final te daré 3 consejos fundamentales para sobrevivir a esta disrupción.
Entre el 1811 y 1816, durante la primera revolución industrial, una serie de cambios económico, sociales y tecnológicos provocaron el surgir del movimiento ludita.
Los luditas eran artesanos y trabajadores que se oponían a la mecanización y la automatización de la industria textil, especialmente en el norte de Inglaterra.
El movimiento tomó su nombre de Ned Ludd, un personaje legendario que se decía que había destruido maquinaria textil en el siglo XVIII. Los luditas creían que las máquinas estaban reemplazando a los trabajadores, reduciendo los salarios y creando condiciones de trabajo inhumanas.
El primer ataque registrado de los luditas ocurrió en noviembre de 1811 en la ciudad de Arnold, cerca de Nottingham. Los luditas destruyeron telares mecánicos y otros equipos en una fábrica. Los ataques se extendieron rápidamente a otras fábricas de la zona, y luego a otras regiones de Inglaterra.
A día de hoy, la historia parece repetirse: una universidad francesa prohíbe el uso de ChatGPT. ¿Es eso bueno? ¿Es malo? Te lo diré al final de este artículo.
Los luditas no lograron impedir la mecanización de la industria textil, y muchos trabajadores artesanales perdieron sus trabajos y sus ingresos.
Lo que la historia no te cuenta es que la pérdida de trabajo e ingresos de los luditas fue más bien debida a su ideológica y compulsiva resistencia, antes que a la tecnología en sí. Y eso tiene mucho que ver con el degrado que la resistencia al cambio tiene para la salud mental de una persona.
La historia nos demostró que al final la tecnología, no solamente no destruyó puestos de trabajo, sino que ayudó a que se crearan especializaciones y se ampliara la demanda de trabajadores cualificados sobre trabajadores con escasa cualificación.
Un estudio comparativo que analiza el impacto de la tecnología en la productividad humana en el reino unido demuestra que ésta en 200 años multiplicó por cuatro la población ocupada, por 17 el salario promedio y redujo a la mitad las horas semanales de trabajo.
Si en 1820 con población total de 19 millones de personas, un trabajador trabajaba de promedio 3 mil horas al año (62 horas a la semana) y era capaz de producir 1,69 dólares (PIB per cápita de 1.756 dólares), en el año 2000, con el triple de población (58 millones) un trabajador trabajaba la mitad de horas (1489) al año, produciendo casi 17 veces más (28,7 dólares por hora) y contribuyendo a un PIB per cápita de 19.817 dólares).
La tecnología ha sido en la historia de gran ayuda para incrementar los empleos y además contribuyó al ingreso de la mujer en el mercado laboral, su emancipación y empoderamiento a lo largo del todo el siglo XX.
Nada hace pensar que esta vez sea diferente, salvo el discurso de algunos exponentes del establishment que temen perder su coto de poder y ser desplazados por nuevos “players” mundiales que asuman el liderazgo.
Por esta razón escucharás a burócratas, políticos y oligarcas hablando pestes de la IA y tratando de ponerle límites a su desarrollo. Y tal vez no sea la Inteligencia artificial la causante de un daño real para tu salud mental: los relatos distópicos que algunos, desde Klaus Schwab (presidente del Foro Económico Mundial) hasta su pupilo ideológico, el historiador Yuval Noah Harari, hasta otros exponentes de la agenda globalista, sólo contribuyen a incrementar una paranoia obsesiva generalizada. Éstos, tal vez, sean los ideólogos luditas de la actualidad.
Un estudio realizado por la consultora Accenture en 2018 encontró que la IA y la automatización pueden crear hasta 10 millones de nuevos empleos en el Reino Unido para el año 2030.
Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2019 encontró que la automatización puede mejorar la productividad, reducir los costos y crear nuevos empleos.
Un estudio realizado por el mismo Foro Económico Mundial en 2020 encontró que la digitalización y la automatización pueden crear 97 millones de nuevos empleos en todo el mundo para el año 2025.
Un informe de la consultora McKinsey en 2021 encontró que la adopción de tecnologías digitales puede crear hasta 5,5 millones de nuevos empleos en España para el año 2030.
Estos estudios sugieren que la tecnología puede impulsar la creación de empleo al mejorar la productividad, reducir los costos y crear nuevas oportunidades de negocio.
El problema de base no será la destrucción de puestos de trabajo, sino la sustitución de tareas, de forma acelerada, lo cual impulsará un agresivo desplazamiento de habilidades humanas que dejarán de ser rentables para ser sustituidas por otras que todavía desconocemos.
Esto sí que nos puede causar desasosiego a la vez que mucha presión por tener que adaptarnos en tiempo récord a cambios que no tenemos previsto ni queremos.
Es cómo si el cambio climático se acelerase, fundiendo la capa de hielo del polo norte de repente y obligara al oso polar a cambiar de color de pelo en tiempo récord para camuflarse en un entorno que ya no es de blanco hielo, lo cual le hace visible y previsible ante sus presas y le expone a otros peligros, dificultando su búsqueda de alimentos y adaptación al cambio de temperatura.
De ahí puede venir gran parte de nuestra preocupación. Y es por eso que cuánto antes nos preparemos, mejor nos adaptaremos.
Negar el cambio u oponerse a ello, no es una opción para nuestra salud mental: nunca lo ha sido en la historia de la humanidad.
Nadie vetó a los coches, a los aviones y a otros aparatos que vinieron a hacernos más cómoda la vida, acelerar nuestro desarrollo y dar velocidad a nuestro crecimiento: lo mismo ocurrirá con ChatGPT y otras inteligencias, ya que al igual que a día de hoy no hay una única marca de coches, tampoco habrá una única inteligencia artificial que lo gobierne todo. Así que tampoco dejemos lugar a las teorías “conspiranóicas”.
Si quieres algunos consejos para mejorar tu salud mental en este periodo de disrupción tecnológica, te voy a dar algunos.
1. Identifica los Luditas de la actualidad y préstales la atención relativa: no te dejes contagiar por su discurso tremendista que sólo favorece sus intereses mientras la especulación negativa incrementa tu paranoia acerca de algo que no ha ocurrido y que no hay evidencias de que vaya a ocurrir: más bien te he ofrecido en este artículo evidencias totalmente opuestas.
2. Abraza el cambio: en lugar de oponerte, busca oportunidades, infórmate, fórmate, aprende a cómo integrar la IA en tu actividad. Los que antes lo descubran, mejores oportunidades les brindará este cambio. Ya se está hablando de Ingenieros de Prompt o Entrenadores de IA para aplicaciones como ChatGPT, que han demostrado ofrecer mejores soluciones en la medida en la que se construyen él diálogos con pautas concretas.
3. Huye de discursos simplistas, conspiradores y paranoides acerca del final de la humanidad y que eso mermará las capacidades humanas. Simplemente se requieren de nuevas destrezas que puedes cultivar. Este mismo artículo se ha escrito con la ayuda de Chat GPT, entrenándole y haciéndole preguntas cada vez más concretas, según un patrón específico. ChatGPT ha demostrado ofrecer mejor calidad de resultados en la medida en la que la persona que dialogue con él, muestre mayor dominio de un asunto, lo cual indica que la componente humana sigue siendo fundamental.
En mi caso, por ejemplo, redactar este artículo no ha implicado menos tiempo que hacerlo sin ChatGPT, pero sí me ha permitido disponer de información más precisa, completa, mejor contrastada y, en definitiva, mejorar la calidad del producto a ofrecer a mis lectores.
La IA no quitará puestos de trabajo: más bien contribuirá a un mejor servicio en algunos casos y, en otros, a un servicio más rápido, preciso y/o eficaz.
¿Te gustaría ir a un médico o un psicólogo y que éste concluyera en la mitad de tiempo o con más precisión, cuál es tu diagnóstico para así acceder al tratamiento antes y con más seguridad?
Esto ya está sucediendo en medicina y salud mental a través de programas que encuentran patrones en la información que les proporcionan los facultativos y logran el diagnóstico con más precisión y rapidez.
Claro está, siempre quedará en las habilidades de los humanos hacer la preguntas pertinentes para facilitar el trabajo a la IA.
Tal vez, en algunos casos, los roles se cambien, y las IA trabajarán mientras los humanos les tendremos que facilitar el trabajo, pero eso no implicará la destrucción de empleo: más bien una adaptación a nuevas condiciones.
El caso reciente de Francia, de vetar a la IA en una Universidad por ejemplo, impedirá a los jóvenes de aquel país a aprender a relacionarse con una herramienta de trabajo que los chinos están integrando en sus programas de estudio. Si esto se extendiera por todo el país, no haría más que incrementar la brecha competencial con la que los jóvenes franceses accederán al mercado laboral, tal vez analfabetos en competencias que serán muy valoradas en las empresas.
La resistencia a ese cambio tal vez sea la máxima expresión de un establishment (profesores y programas ministeriales) que muestran una gran resistencia al cambio y tal vez no estén siendo capaces de encontrar su nuevo lugar en este nuevo escenario.
Hemos entrado en una época de la humanidad en la que ya no se valoran a los profesores por los conocimientos que tengan y sean capaces de transmitir, ni se debe valorar a los alumnos por las respuestas que sean capaces de dar a un problema planteado por un docente (modelo clásico de examen).
Más bien se trata de valorar a los profesores en la medida en la que sean capaces de entrenar a los alumnos en habilidades competenciales y soft skills, y a los alumnos en la medida en la que sean capaces de funcionar en entornos colaborativos para entregar trabajos cuya calidad dependerá principalmente de la medida en la que sean capaces de hacer preguntas (a una IA).
Artículo escrito junto a ChatGPT por Roberto Crobu.
Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/
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