
La sombra persistente avanza inexorable sobre nuestros pensamientos (tic tac, tic toc). Complejos y misteriosos caminos temporales que perpetúan en cada segundo, en cada minuto, su inmortalidad. No es una ilusión del presente, es un eco del pasado que mercadea entre nuestro futuro.
Va marcando las huellas de los años con intemporalidad, sin medida, entrelazando los días, surcando los años y al final se olvida el pasado.
El mundo gira, el futuro está aquí, pero queremos repetir el ayer que es insustituible: nos condicionan los recuerdos, que se van borrando.
Sobre el horizonte se van interponiendo los ciclos de vida, uno tras otro, el Sol y la luna (tic tac, tic toc) marcan sus días y sus noches y, así, van formando meses y años.
El Sol regresa una y otra vez, cambiante, asombrosamente brillante y acalorado, definiendo nuestro tiempo, llenando de siglos y milenios nuestra historia.
Todo se trasforma a nuestro alrededor, se va modificando lentamente, midiendo estos espacios temporales con nuestras civilizaciones (tic tac, tic toc). Creemos que estamos descubriendo firmamentos nublados, viviendo unos cambios que no tienen retroceso. Nunca como ahora, estamos sumidos irremediablemente en constantes transformaciones.
Día a día, vemos las horas pasar en un instante, sin apreciar que es la vida la que nos marca profundamente nuestro tiempo (tic tac, tic toc). Es la energía que da sentido a nuestro limitado presente.
![[Img #97058]](https://murciaeconomia.com/upload/images/04_2023/4367_mm.jpg)
En este espacio anónimo fluyen todos los momentos que medimos en nuestra alma soñando que nos pertenecen. Algo que experimentamos con desesperación (tic tac, tic toc), incómodos por no poseerlo, por ser irrecuperable: si lo perdemos no tenemos futuro. Los minutos pasan acumulando recuerdos, uno tras otro, como una ilusión que sin miedo a fracasar, seguimos ensayando en nuestra vida.
Pacientemente también el olvido va cincelando nuestro futuro, añorando, repitiendo constantemente que no existe el pasado, que fue un espejismo en el que nos miramos indiferentes y reflexionamos sobre los años vividos.
Nuestra memoria lucha contra la naturaleza que le da resguardo, es algo efímero como nuestro tiempo, nos espera una muerte paciente, hábil y sabia (tic tac, tic toc).
Apodíctico: irrefutable, incondicionalmente cierto, necesariamente válido.

