El unicornio azul, o lila
El Congreso por fin sacó adelante la reforma de la Ley del sí es sí. Ésa de tantos nombres como aristas quebradizas, la norma astillada que ha hecho tanto daño a las víctimas que pretendía proteger y las ha dejado humilladas y desamparadas. Hechos son hechos y no hay posible posverdad que lo pueda enmascarar. Porque, además, ha dejado a muchos con las vergüenzas -si las hubiere, que para mí las hay- al aire. Durante la tramitación final en la Cámara Baja todo era de un patetismo ridículo, todos o casi todos, con una mueca entre el asco, el esperpento cariacontecido, forzado o sincero, y la soledad lila, sin segundas, de las dos
ministras de Podemos que aún estaban en el barco achicando agua con la torpe expresión de la impotencia, aisladas en la bancada azul, como apestadas, condenadas al ostracismo de sus ¿compañeros-as? De gobierno, amortizadas y repudiadas. No sabían dónde mirar, mientras eran objeto de todas las miradas y ninguna de admiración. No hay nada más incómodo que sentirse amortizado-a, invalidado, fuera de sitio y de juego, en política. Tanto han estirado su actitud ante su ineptitud manifiesta, que el rictus de desolación de ambas era más que palpable, un cuadro del más oscuro tenebrismo. Qué pena que no hayan hecho, cual las Vírgenes Suicidas de la película de Sofía Coppola, lo propio y dimitir para, en su inmolación, tener un último, y único, gesto de dignidad. Solas, dejadas de toda la izquierda, la nueva, la vieja y la que está por venir.
Y mientras, un poco más allá, pero con la muralla inexpugnable entre las desahuciadas y la ungida de la novísima izquierda, de varios escaños vacíos, hallábase el Unicornio Azul, más bien lila, que, magnánima les regalaba un voto a sus antiguas compañeras. Votaba con éllas el no al sí es sí, consciente de que no serviría para nada, y en el fondo, las hundía un poco más en su desgracia. Tanto le han mendigado que les dé el favor de unas primarias, que les dé un poco de juego en el futuro, que no podía negarles un postrer gesto. Pero ¿cómo va a someterse a unas priarias la ungida por la suerte, el Unicornio que le ha salido a la izquierda nova, novísima, que le viene pintiparada por obra y gracia del Cielo Protector, del Universo mismo. ¿Acaso no se dan cuenta que la utopía va de eso, de aceptar el guiño con que nos manda el Cosmos con su Elegida? ¿no saben reconocer tristes, tristísimas, los designios de los astros alineados? Nunca he conocido a nadie con una flor tan grande en su…destino. Nunca ha dado tan buenos resultados ponerse de canto. Hasta la Sexta ha vuelto a sonreír, con Lo de Évole. Tan oportunamente.
Pero no todo está perdido, porque todavía les queda la baza de que el precoz éxito del Unicornio no llegue a diciembre, que crezca tanto que se le revuelva el mentor oportuno que es Sánchez ante la amenaza de que le mueva su propia silla. Y por ahí, el Universo, si que no puede. Al tiempo.























