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ENTRE TÚ Y YO

No todo lo que urge apremia

Javier Estrella Miércoles, 03 de Mayo de 2023 Tiempo de lectura:

 

Una vez finalizadas las fiestas de primavera, seguimos nuestro camino hacia el anhelado verano. Durante nuestra querida semana de la huerta y de explosión sardinera, hemos observado una disminución en las llamadas para solicitar cita en nuestras consultas. Sea, por el ambiente en las calles o por el ambiente en nuestros bolsillos, hemos tenido que unirnos sin mucho esfuerzo a esta algarabía.

 

Con el periodo de jarana terminado, volvemos a retomar la normalidad, el teléfono echando humo y colocando citas a troche y moche y en algunos casos sin saber cómo ni dónde.

 

Pero lo más curioso de todo, son las urgencias. Llamadas donde parece que hay que atender al paciente en situación de vida o muerte. Estoy con un dolor de espalda horrible, se me ha doblado el tobillo y no puedo ni andar, noté un chasquido en la rodilla y no puedo doblarla, son expresiones que nos ponen en guardia.

 

Nosotros, los fisios, en un ejercicio de responsabilidad, solemos apretarnos el cinturón y citar estas urgencias en horas intempestivas para intentar de aliviar tales situaciones.

 

Una vez la urgencia frente a nosotros, vemos, que la urgencia no es tal, el dolor de espalda criminal, resulta que el paciente puede andar, conducir y hasta salir en bicicleta, y que sorprendentemente ahora sólo molesta cuando realiza ciertos gestos en posiciones extremas. El que se había doblado el tobillo, no hay inflamación ni edema, anda perfectamente pero que si se toca la zona le duele… Y el de la rodilla a punto de entrar a quirófano para hacerle una artroscopia, resulta que sólo le duele si pasa mucho tiempo sentado, pero sube y baja escaleras sin problema y nunca se supo nada del proceso inflamatorio.

 

En ese mismo momento es donde nos encomendamos al santo Job, poniendo nuestra mejor cara e intentando que no se nos note nuestro enfado.

 

Aquí planteamos la cuestión de todo esto. Esto es lo que sucede en el ámbito privado, donde el paciente, al fin y al cabo, abona la sesión. Es decir, abarrotamos y saturamos nuestras consultas con casos que no corren ninguna prisa.

 

Pues ahora lo extrapolamos a los servicios de urgencias del sistema público de salud. Donde la atención es gratuita, sí, ya lo sé, lo pagamos todos con nuestros impuestos. Pero en el momento del servicio es gratis. Gente que acude a estos servicios con situaciones que no son de ninguna urgencia y que probablemente al día siguiente su médico de atención primaria se lo puede resolver de manera efectiva.

 

De este modo entendemos, una vez que hemos pasado por el servicio de urgencias, todos esos comentarios tales como, “estuve toda la tarde”, “me tiré 6 horas hasta que me dieron el alta”, “yo sólo veía pasar gente y a mí ni me llamaban” y así un sinfín de frases típicas que hemos escuchado alguna vez.

 

Con todo esto sería interesante que hiciéramos una reflexión de como nosotros mismos alteramos el buen funcionamiento de la sanidad española, privada o pública.

 

Recuerden sean felices y preparen el protector solar para lo que se nos avecina.

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