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ENTRE TÚ Y YO

El derecho a la verdad

Gabriel Vivancos Miércoles, 10 de Mayo de 2023 Tiempo de lectura:

 

Se acercan tiempos difíciles para la verdad. ¡Que vienen las elecciones!

 

Lo cierto es, que la verdad se encuentra acosada desde todos los ámbitos de nuestra sociedad, hoy día no sólo los políticos mienten. Las redes sociales, los medios de comunicación y hasta el vecino de la esquina utilizan la mentira con fines espurios. Esto no es nuevo. La mentira ha acompañado al ser humano desde su creación, pero creo que la verdad está pasando su peor momento.

 

El “derecho a mentir” es muy antiguo y se ha circunscrito históricamente a la clase política. Platón lo justificaba desde su concepto de “la Mentira noble”, no todos somos iguales, pero hay que creerlo por el bien común. Maquiavelo desde su concepción pesimista del ser humano aconsejaba al príncipe gobernar al pueblo de igual a igual, es decir, desde la mentira. Weber diferenció entre ética y política aceptando que los políticos pudieran tener una ética distinta a la del resto de la sociedad: responsabilidad en vez de convicción. Marx y Engels dieron un paso más al defender que las mentiras políticas hay que convertirlas en verdades universales y atemporales para que ni sea necesario explicarlas ni nadie las cuestione y para ello justificaron la creación de los “voceros”, que como las ovejas de la novela “Rebelión en la Granja” de George Orwell, confirmen su validez a través de su reiteración permanente a lo largo del tiempo.

 

Quizá porque la concepción de la política va siempre acompañada de la idea de la mentira, ésta no es tan peligrosa. De alguna manera la mentira esperada no es tanta mentira porque no consigue su objetivo.

 

Sin embargo, la mentira se ha colado en todos los ámbitos de la sociedad y ello ayudado por la cantidad de información/desinformación que hoy nos inunda. El bombardeo constante de “fake news” durante la pandemia, fue insoportable y la moda se ha perpetuado. La desinformación de la sociedad actual no tiene parangón y se produce justamente cuando el ser humano tiene la mayor capacidad en la historia de comunicarse y ese es el problema que en la comunicación se cuela el engaño.

 

La mentira ha dado un paso (o muchos más) adelante. Hoy ya no sólo se justifica el engaño en el ámbito político, sino también en muchos otros. Es por ello que creo es el momento de defender un “derecho a la verdad” (como defiende Garrigues Walker) que tenga su plasmación en las leyes, que persiga y castigue a los mentirosos sean quienes sean y nos proteja de la ignorancia a la que nos aboca la mentira. El engaño no puede salir gratis. No debe ser que para conocer la realidad de una noticia sea necesaria chequearla por distintos medios una y otra vez perdiendo un tiempo que no tenemos y en ocasiones sin quedarte tranquilo de haber llegado a la verdad.

 

Es el momento de negar el derecho a la mentira a los políticos, ya lo han disfrutado bastante a lo largo de la historia, necesitamos y queremos saber y deben ser ellos los que, como líderes de la sociedad, den el primer paso dando ejemplo.

 

Pero es que, además, las mentiras políticas de hoy son más peligrosas que las de antaño y su fin no justifica los medios. Los filósofos antiguos razonaban el derecho a la mentira en el bien común, es decir, la justificación de la mentira nacía de una concepción paternalista de la sociedad en la cual había que engañar al pueblo porque era lo mejor para él.

 

Sin embargo, hoy la justificación ha cambiado o al menos eso percibo yo.

 

Los políticos actuales de Occidente no mienten al pueblo por que sea lo mejor para él, sino que mienten al pueblo única y exclusivamente para mantenerse en el poder; lo que los hace más peligrosos. Y cuentan para ello con una estructura sólida que abarca desde “tontos útiles”, medios de difusión y comunicación hasta distinguidos profesionales hábilmente ubicados en puestos claves de la sociedad que olvidando la ética sirven puerilmente la mentira de sus amos.

 

Pero aún hay un peligro mayor, la mentira se hace más y más grande. Algunos políticos en su afán de perpetuidad aspiran a la construcción de una ciudadanía que les garantice el trono eterno y para ello construyen verdades falsas, adoctrinan a los más pequeños, desinforman a la sociedad y callan las voces más autorizadas, distrayendo la atención con noticias falsas o polémicas estériles y pasadas. Todo ello (como señala José Manón Garibay) con promesas inalcanzables y perennes “que como el horizonte en alta mar permanece huidizo por más que se avance a su encuentro. En esto consiste la seducción (de la mentira): ser anhelada e inaccesible.

 

“¡POR UN DERECHO A LA VERDAD YA!”

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