
¿Has notado que algunas personas son más “tenidas en cuenta” en el entorno laboral? Quizás no sean las más brillantes por sus resultados, a veces tampoco son las mejor “preparadas”, sin embargo, suelen estar muy bien valoradas, disfrutan de una relación fluida y satisfactoria con compañeros y responsables directos y, a menudo, mantienen un recorrido profesional ascendente y estable.
Se perciben como personas que transmiten confiabilidad y empatía, son receptivas a diversos puntos de vista, saben escuchar, suelen tomar iniciativas y aportar una visión creativa en la resolución de problemas o en la toma de decisiones, adoptan una actitud mediadora frente a los conflictos, son asertivas, poseen facilidad para la comunicación e infunden un plus personal a los equipos de trabajo, que no figura en nómina…
En la otra cara de la moneda, quienes hemos atesorado experiencias provenientes de nuestro largo recorrido por el mercado laboral, en algún momento nos ha tocado lidiar con aquellas personas “a cuyo paso no crece la hierba”, dejando una estela de malestar, incomunicación o desmotivación que, tarde o temprano, ha sembrado la nefasta semilla de la discordia y enrarecido el clima laboral, cuya repercusión en la efectividad de un equipo o departamento y, por ende, en la cuenta de resultados, se encuentra suficientemente contrastada y documentada.
Las primeras, son acreedoras de un óptimo nivel de desarrollo de habilidades que, seguidamente vamos a identificar y las segundas suelen formar parte del problema, no de la solución, convirtiéndose en una asignatura pendiente de gestionar en las organizaciones del S. XXI, cuyo enfoque humanista en el desarrollo del capital humano, es imparable.
Las habilidades interpersonales, también conocidas como habilidades blandas o Soft Skills, son aquellas que están vinculadas a la Inteligencia Emocional y Social, también a los rasgos de personalidad que afloran durante el desempeño y la interacción con el entorno. El desarrollo de dichas habilidades permite interactuar con efectividad, dando consistencia a los equipos de trabajo en las organizaciones o en cualquier otro medio. Se podría decir que son el complemento imprescindible del alto rendimiento, amén de las habilidades técnicas (adquiridas mediante formación, capacitación o entrenamiento).
Según la OCDE, el nuevo escenario socioeconómico demanda profesionales capaces de adaptarse al cambio, de generar soluciones creativas y de asumir nuevos desafíos derivados de la globalización, el desarrollo tecnológico y la ecología, que vemos representados en situaciones de mayor incertidumbre, cambios demográficos y sociales, una giro del paradigma económico, nuevos enfoques para la sostenibilidad derivados de la escasez de recursos o avances tecnológicos fundamentalmente impulsados por la I.A., por citar sólo algunos de ellos.
Parece, entonces, más que razonable, que la formación en el desarrollo de estas habilidades sea necesaria en todas las etapas y ámbitos educativos. El desarrollo del talento y del futuro capital humano de calidad, tal y como, a posteriori, van a demandar los empleadores, debe iniciarse conjuntamente mediante dos matrices elementales: la gestión del conocimiento y el desarrollo del conjunto de habilidades interpersonales, que incidirán directamente en el futuro desempeño.
A título ilustrativo, la plataforma de evaluación de Soft Skills, Hirint, declara que el 89% de los reclutadores asegura que, cuando una contratación no funciona, generalmente se debe a una carencia de habilidades blandas. Este es sólo uno de los miles de datos que el mercado laboral maneja al respecto y que, una vez más, viene a reafirmar la necesidad de concienciación por parte de todos los agentes sociales, entidades académicas y del individuo como tal.
Sirvan estas líneas como alegato que justifica sobradamente la llamada a dedicar una parte de nuestros recursos como empresa, organización o sociedad, a la encomiable labor didáctica y posibilitadora, de facilitar el aprendizaje y desarrollo de estas habilidades que, además de garantizar un mayor éxito en la ardua tarea de conseguir una contratación laboral o mantener el puesto ya conseguido, facilitan el desenvolvimiento en distintos ámbitos, frente a la escala de grises que, a menudo, aflora en el mundo de las relaciones humanas, principalmente en tiempos de cambio y renovación.

