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ENTRE TÚ Y YO

Agenda infinita

María Belén Albaladejo Lunes, 22 de Mayo de 2023 Tiempo de lectura:

 

Nostalgia de aquellas agendas con su abecedario en escalera. Letras ennegrecidas por el roce, bordes destrozados, cien números en los laterales con flechas, mil tachones y varias dudas, ¿he apuntado por el apellido, por el apodo o por el nombre?

 

Otra vez nostalgia de mi madre, ¡nostalgia con carcajadas! Casi todo lo tenía en la letra “M” de… mis cuñadas, mis amigas, mis vecinas, mis hijas y mis hijos, mis sobrinos y sobrinas y en la “L”, las amigas de mi María Belén, las amigas de mi Aurelia, los amigos de mis hijos. Todo perfectamente estructurado con dos puntos, a continuación, una retahíla de nombres y algún dato de interés para localizarlo al vuelo. Río a pulmón abierto al recordar esas anotaciones: Begoñica, la que cuida tan bien a mi mariabelén (así, todo junto); Delfi, la bonica de Molina; Antoñico, el primo guapo y poli; Gloria, la de la risa bonica de Bigastro; María José Aragón, la cartagenera guapa; el simpático que trae las multas del ayuntamiento por mal aparcamiento (sin nombre). En su entierro, un señor canoso con bigote, se dirigió a mí diciendo que era un placer llevar multas a casa, mías y de mis hermanos, ¡siempre se bebía un quinto acompañado de almendras y hueva!; Pedro, el que nunca me engaña con las plantas. Doy fe de ello, aún conservo alguna maceta con denominación de origen del tal Pedro.

 

Llegaron los móviles y la cosa trajo cabreos, aquellas tarjetas tenían el espacio limitado y no podías almacenar el listín a tu antojo. Por aquella época yo era joven y sobrada, confiaba en mi memoria, con una simple María bastaba. Era maravilloso ir coleccionando números, en ese pedazo de aparato, y a golpe de tecla llamar a María y, de vez en cuando, sacar el estrés llamando a tu compañía para reñirles por la poca capacidad de tu tarjeta SIM o de tu teléfono para acumular números.

 

Todo este rollo para verme ahora con una agenda infinita, superado ya, tecnológicamente, el límite de números que puedes almacenar y en la que no reconozco ni la mitad de los contactos.

 

Todo este rollo para verme en un apuro de fontanería, tirar de agenda del móvil, ver “fontanero”, llamar y oír: “alma mía, hace 10 años que me jubilé”. Eso me llevó a repasar mis páginas amarillas, lo que he encontrado es un mar de confusión y una reflexión sobre el ansia de almacenar todo.

 

Todo este rollo, con recuerdo a mi madre incluido, para darme cuenta de que ir de sobrada no lleva a ningún sitio y esas anotaciones, que hacían que me riera de ella con 20 años, son fundamentales a los 55. He descubierto que, de forma inconsciente, lo llevo haciendo años pero con muy poca profesionalidad. Tener un contacto “vecina del 1-A”, cuando he habitado cinco viviendas, es de ser poco eficaz.

 

Un llamamiento desde aquí a las seis Marías que no identifico, a los tres electricistas que probablemente estén jubilados y a Romina, un ¿quién eres? Mi memoria solo me lleva a “Romina y Albano” y dudo que, en algún momento de mi vida pasada, me haya facilitado su teléfono.

 

Como ahora soy dueña de un precioso perro, me afano en tener los contactos del ambiente perruno y, gracias a los avances que permiten escribir un montón de caracteres, escribo versos alejandrinos. Nombre del can, nombre de las dueñas o dueños, pipi can frecuentado. Sí, versos de arte mayor con cesura y todo.

 

No hay nada como una tarde de viento que frena las ganas de pasear para agarrar el móvil, echarle valor y recorrer la agenda. Reír, recordar, completar anotaciones, reconocer que no tengo ni idea de quién es. En algún momento lo supe, ahora…borrar.

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