
Reconozco que me está encantando. Muchas reflexiones y preguntas de las que yo me suelo hacer y que las escribe de maravilla mi estimado Javier García en su último libro, titulado 'Desde la trinchera'. El caso es que, cada página me hacía resonar en mi cabeza cosas que siempre me han hecho cuestionarme muchas de las acciones que hacemos casi cada día como algo habitual.
Pero la que más me gustó, porque me identificaba con ello y porque me lo he preguntado muchas veces, es una cuestión muy simple que plantea en un determinado momento. ¿En qué época nos gustaría vivir, si en la del 1800 o en la actual?. Lógicamente, la de hace más de dos siglos la conocemos por los libros o por las series de televisión o por los museos y oficinas turísticas cuando viajamos. Y todo esto desde la perspectiva del emprendedor, del creativo, del que produce algo que mejora la vida de los demás. Aquí cada uno tendrá su respuesta. Yo, personalmente, siempre he pensado que me hubiera gustado nacer en época de inventores. De esos que ideaban los cacharros y leyes que se descubrían y que aún siguen vigentes. De una manera o de otra, pero ahí están. Creaciones de hace muchos años. Me refiero a los inventos más artesanales y mecánicos. Nada de computación cuántica, ni fractales, ni NFTs. Me refiero a la máquina de coser, el telégrafo, la cafetera, las baterías o la máquina de escribir.
Sería maravilloso vivir en los tiempos en que cuando uno inventaba algo, le ponía su nombre o su apellido y así se conocía en todo el mundo. El teorema de Gauss, la Ley de Newton, la máquina de Turing, la máquina Morse o el vehículo Ford. Buena época para el emprendedor. Mucho más atractivo que hoy, por supuesto. Pero claro, en esa época, inventores eran unos pocos talentos privilegiados, formados en Universidades que no existían. Hoy en día hay muchos más. Se les llama emprendedores y hacen innovación. Y se forman en Universidades o en plataformas de contenidos educativos. Desde el punto de vista de los emprendedores, lo de hoy en día es demasiado rápido como para poner sus nombres a los inventos. Los fondos de inversión no te van a permitir ese triunfo, aunque la idea sea excepcional y se utilice en medio mundo. Hemos pasado de inventores a innovadores, de mecenas a fondos de inversión y de laboratorios iluminados con velas a startups. En cualquier caso, la base de todas esta época es la misma. El talento. Antes había poco y les llamaban genios. Hoy en día son emprendedores y los hay a miles.
Precisamente, el otro día tuve la ocasión de compartir con los estudiantes del aula de emprendimiento que, con tanto acierto, dirigen y marcan el camino, Joaquín y Eva. Es curioso ver cómo no todos se convencen de emprender en la mayor época de emprendimiento de la historia de nuestro país. Igual a muchos les hubiera gustado más la otra época. Más difícil pero también más estimulante. Pues, como me pasa a mí. Y aquí seguimos. Tan felices.

