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ENTRE TÚ Y YO

Haberlas, haylas

Consuelo Aguayo Miércoles, 07 de Junio de 2023 Tiempo de lectura:

 

Las academias para aprender a hablar inglés han vivido un agosto casi permanente. Y es que si hoy día no sabes nada de nada en ese idioma estás más perdido que un beduino surcando mares. No voy a pasar a detallarles lo necesario de dominarlo, ustedes mismos seguro que lo saben sin necesidad de que yo se los diga. De hecho, yo aprendí – creo que como muchos de mi generación- harta ya de que mi ordenador pusiera algo así como ´…are current Page or File Not Found 404 Please feel…´ y otros tantos mensajes crípticos mientras que yo no sabía qué teclear, así que terminaba apagando y encendiendo el ordenador, que esto, ya sabemos, es remedio santo.

 

Además, cuando leía una novela o veía una peli ya al final no sabía quién era quién. Se hablaba de Butler, Clark, Brown, Williams, Wright, o Stewart y ¡Dios, ¡qué difícil era localizar al asesino! con lo fácil que sería si se llamara Pepe, Luis o García. Eso pensaba yo hasta que no tuve más remedio que sucumbir a las academias de inglés.

 

Pero no se crean que sólo pasa esto con el inglés, no, yo también sufrí un punto de inflexión en esto de los nombres y apellidos después de ver la película Ocho apellidos vascos con los Igartiguru, Erentxun o Zubizarreta. Y es que uno puede sorprenderse hasta con los López o García. Déjenme que les dé un botón de muestra.

 

No sé si les he contado ya – perdónenme, a veces me repito como mi abuela- que sobre todo en verano la música de mis vecinos suena como si saliera de mi cuarto de estar. Y el caso es que en esta avanzadilla veraniega que hemos tenido recientemente parece que algún vecino ha descubierto que le encanta la música celta, así que a todas horas Mago de Oz y grupos similares armonizan nuestras terrazas estivales. Yo aprovechando la influencia musical hice un ´Hawái, Bombay´ y me puse en mi piso a fantasear con la influencia de los celtas.

 

Su instrumento predominante me quedó muy claro que era la gaita, pero, además, profundizando, sabía que eran pueblos en su conjunto de la Edad de Hierro que hablaban una de las ramas de las lenguas indoeuropeas y que compartieron una cultura en torno a los Alpes, la Galia, la Bretaña y que en España influyeron esos galaicos hasta tal punto que describían con predominio las formas de vida en Galicia, Asturias, Cantabria o León.

 

Anteriores a los romanos, la céltica era una de las tres culturas más importantes que dominaban la península ibérica junto a la tartésica y la íbera, y conservó mejor sus costumbres porque fue la menos permeable a los elementos externos durante gran parte de su historia. Establecidos en el s. VI a. de C., los celtas introdujeron el uso del hierro y de los metales (no sé si la gaita la trajeron de la Gran Bretaña, prometo indagarlo), y ya se sabe lo importante que son los metales para fabricar armas cortantes y punzantes.

 

Yo no sé si por miedo a estos temidos guerreros celtas bien armados o por mantener la seguridad de las rutas comerciales del preciado aceite en forma de oro verde que se cosechaba por todo el imperio romano (y no sólo los ´aceituneros altivos´ de Jaén), pero lo cierto es que los romanos (creo yo que fueron los primeros que implantaron el doble Grado de Derecho y Economía en sus facultades, no sé, no me hagan mucho caso) vieron rápidamente la necesidad de la conquista de la Céltica hispana y se pusieron manos a la obra. Pero no les fue fácil porque los fieros luchadores celtas armados hasta los dientes opusieron resistencia y no sucumbieron hasta la época de Augusto con el asedio de Numancia, principal ciudad celtíbera en la tercera guerra celtíbera.

 

Pero no fue hasta el 214 de nuestra era cuando el emperador romano Diocleciano nombró a Galicia como Gallaecia, es decir, ´tierra de los celtas´ y abarcaba no sólo la actual Galicia sino incluía el norte de Portugal, las actuales provincias de León, Zamora y la comunidad autónoma de Asturias.

 

Después de Roma ya parece que hay cierta confusión en la evolución del reino de Galicia por la ausencia de documentos que lo atestigüen (dejemos este asunto para investigadores que hoy estoy espesa) yo aquí únicamente les indico que se sucedieron suevos (¡hasta 13 reyes cuentan algunos!), visigodos (el famoso Don Pelayo de la batalla de Covadonga), árabes y cristianos.

 

Bueno ¿y esto que tiene que ver con los apellidos? Creo que pierdo el hilo, ¡ah, no, esperen! Resulta que se acepta por determinados investigadores que Alfonso III el Grande fue el último rey del reino de Galicia y lo fue porque tuvo tres hijos: García, Fruela y Orduño, por lo que dividió su reino en 3 (dijo: “¡Hala! para que no os peleéis, los tres sois reyes”): León, Asturias y Galicia, y a cada hijo lo nombró soberano de su respectivo territorio, hasta que en 1230 Fernando III lo incorpora a la Corona de Castilla. Me pierdo, me pierdo ¿y lo de los apellidos? Ah sí, ¿no han pensado ustedes nunca que García fuera un nombre? Pues lo que es yo, no lo he pensado nunca. Ya está.

 

Pero fue a raíz de que se descubrieran los restos del apóstol Santiago en Iria Flavia en una parroquia de Padrón cuando comienzan las peregrinaciones a Santiago de Compostela por su condición de tierra apostólica, muy cercana a Finisterre cuyo camino era indicado desde cualquier lugar de Europa por las estrellas de ¨La Vía Láctea” y lugar del Atlántico donde se creía desde antiguo que allí se acababa el mundo. Estos hechos provocaron el magnetismo que desde entonces provocan en las almas de los peregrinos de la ruta jacobea que yo recomiendo a todos ustedes a hacerla porque de verdad es mágica. Y esto no sé si tendrá que ver con la creencia en Galicia de las ´meigas´ aquellas magas bienhechoras capaces de curar enfermedades porque según se cuenta por ahí ´haberlas, haylas´.

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